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Ilustraciones sobre lo que las mujeres piensan del amor pero les da pena expresarlos

26 de abril de 2018

Cultura Colectiva

La modulación de una voz y los impactos que ésta genera, en ocasiones, no deben medirse en volúmenes de sonoridad o en la cantidad de movimientos que realiza una boca. Cuando leo a la Señorita Lechuga entiendo esto a la perfección; ver sus movimientos, sus gestos y sus diálogos hechos letra, me hace comprender demasiadas cosas no sólo en torno al pensamiento humano, sino a la ilustración, al comportamiento de la mujer y del hombre, a la transitoriedad del habla y demás cosas extrañas que se me ocurren en el camino.





He llegado a pensar que esta chica con apellido herbáceo, después de tanto observarla y tratar de medir sus pasos, es completamente real. Y en efecto, ella lo es —eso nadie lo niega—, sería imposible que no lo fuera y estarla mirando, pero me refiero a que esté hecha de carne y hueso. Cuestión que se torna un poco complicada a menos que sus músculos y sostenes alguna vez se detallen en tinta y poco a poco ocupen un lugar más completo en el mundo. De lo contrario, es una mujer que oscila entre dos o más mundos. Pero eso sí: siempre real.




Estar frente a la Señorita Lechuga, esa que cada día se hace más presente y humana, me remite inmediatamente a pensamientos constantes sobre su ser y el mío, a cosas que nos suceden todos los días en esa simbiosis de espectador e ilustración; situaciones que transparentan nuestro mutuo entendimiento y una ruptura con la pantalla que nos separa. Por ejemplo:

 

1. Decir que ella es tan fresca como la planta con quien comparte nombre es reducirla a algo que le haría torcer los ojos. Sólo ella tiene permitido pensarse de tal forma.



2. Que de pequeña seguramente tuvo que lidiar con las bromas más torpes del mundo en relación con su apellido.



3. Ha de amar ser ella (unas veces más que otras).



4. Su trabajo consiste en demostrar el lado femenino y la mirada humana en casi cualquier cosa. Y nadie tiene un trabajo tan loable, entonces.



5. Ella, en vez de hablar o pensar silenciosamente, ve sus palabras correr. Su lenguaje no se escucha ni se sobreentiende, se siente.



6. Y es que puede darle pena decir lo que piensa, por eso todo en ella es dibujo.



7. Su ser mujer y su ser ilustración es la suma de muchas féminas e historias. En ella convergen siglos de evolución creativa, narrativa y reflexiva.




La Señorita Lechuga resulta ser una creación, aunque no por ello una mujer carente de libertad y autonomía, de la ilustradora Andrea Chavarín y la periodista Yolanda Morales. Un par de mentes que le han sabido dar sentido, rostro, y sobre todo actitud, a una mujer contemporánea un tanto perdida (como cualquiera de nosotras), pero siempre juiciosa y muy decidida.


Yolanda, comunicóloga, siempre viaja por el país y el resto de Latinoamérica en busca de ferias del libro para entrevistar a quienes hacen ficción, también es reportera cultural de una canal de televisión; Andrea, estudiante de Historia del Arte y Arqueología Antropológica, ama buscarse (y encontrarse) en su producción artística, sueña con un futuro creativo. Ambas: íntimas amigas y cómplices de la Señorita Lechuga, una chica tijuanense con mucho camino por delante y deseos por estudiar una maestría en lengua y literatura en la NYU.


Señorita Lechuga en manos de Andrea y Yolanda se declara enamoradiza, confundida, pero a veces muy segura, amante de los libros, ancha de caderas, libre aunque ocasionalmente atrapada, muda y un tanto improvisadora.




Yolanda y Andrea tienen pensado construir un libro sobre la Señorita Lechuga; esta última estará de lo más contenta (y nerviosa) cuando se entere; sin embargo, estos planes tendrán que esperar un poco más. No es tan fácil como parece lanzar un proyecto editorial así.


Lechuga entonces espera. Seguramente aguarda junto a su teléfono por cualquier cosa que salga de imprevisto. Los días en que se aburre sale a las calles para dar batalla, explorar y motivar, porque la chica hierba es ese trazo, esa idea que en repetidas veces se necesita para seguir adelante. Ella existe porque nunca está de sobra ver que otro piensa lo mismo que tú e igualmente da tumbos mientras descubre cómo se soluciona esto llamado vida.




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Señorita Lechuga es un dúo conformado por Yolanda Morales y Andrea Chavarín, juntas cuentan sus historias a través de frases e ilustraciones llenas de fuerza, amor, desamor, valentía y coraje. Aprendieron que para el amor, propio y compartido, se debe ser valiente, así que se repiten una y otra vez el mantra: "Se cae, se levanta, se sacude el polvo y se vuelve a enamorar. Sin resentimientos".


Si quieres conocer más de su trabajo, te invitamos a visitar su página y a seguirlas en sus redes sociales: Facebook e Instagram. Síguelas y comparte todas sus experiencias.



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¿Sabes por qué nos cuesta tanto terminar una relación que no nos hace felices? Señorita Lechuga te lo comparte en este texto.



TAGS: Ilustraciones Mujeres Relaciones de pareja
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