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Cómo la arquitectura está al servicio del poder y puede influenciar nuestra vida

14 de diciembre de 2017

Cultura Colectiva


Texto escrito por Rodrigo Zertuche Rodríguez


"La arquitectura es política" y "la arquitectura es poder" son frases que quizá habíamos escuchado antes pero no entendíamos del todo. Como algunos saben, la arquitectura tiene la capacidad de influenciar nuestro modo de vivir y nuestro estado de ánimo, ya sea para bien o para mal. Tiene el potencial de emocionarnos, impresionarnos, seducirnos, provocarnos, así como entristecernos, estresarnos o intimidarnos. Tiene el poder de influir en el modo en que vivimos, nos relacionamos, y la forma en que vemos el mundo.


Este poder que tiene la arquitectura sobre las personas ha sido utilizado por la población con mayor poder y capital económico desde principios de la humanidad, para saciar tanto sus deseos y caprichos como su hambre de imponer su persona y sus logros por sobre todas las demás, y así demostrar su poderío y grandeza. Esto sin saber qué parte fue primero: si los ricos inventaron la disciplina de la arquitectura para satisfacer sus demandas o si la disciplina independiente cayó poco a poco en las garras de los más acaudalados. Pero la arquitectura es política y esto da un mensaje: tal cual se hizo con las torres gemelas y los significados de poder que estas imponían; por el lado contrario, en su destrucción se halló la victoria del terrorismo.



Una de las mayores cualidades que tiene la arquitectura es su habilidad de trascender el tiempo y verse reflejada en la historia. Hoy, aún vemos manifestaciones arquitectónicas construidas miles de años atrás que son claro ejemplo de esto. Esta obsesión por la trascendencia, aunada al poder y al dinero, da como resultado el reclutamiento de arquitectos por parte de las personas con poder para plasmar su legado de manera tangible y así pasar a la historia. Ejemplos de estos casos sobran; desde las antiguas pirámides de Egipto, hasta los continuos proyectos sexenales que cada uno de nuestros presidentes ha hecho para contrarrestar los efectos negativos de su mandato.


La ética es otro factor a tomar en cuenta; además de las implicaciones que podría tener proyectar para gente rica y caprichosa. Muchas veces los arquitectos se ven contra la espada y la pared al recibir encargos que van en contra de su ética profesional y con los que, de alguna u otra manera, no están del todo cómodos. Esto ha pasado en múltiples ocasiones tanto en el ámbito internacional como nacional, desde los esfuerzos de Hitler por querer usar la arquitectura para imponer un estado totalitario y los arquitectos subordinados a este magno proyecto, las paupérrimas condiciones laborales en las que se ven envueltas millones de trabajadores del Medio Oriente para proyectos multimillonarios liderados por arquitectos internacionales reconocidos, o hasta colaborar para el régimen chino como es el caso de Rem Koolhaas y su CCTV. Deyan Sudjic menciona en su libro The Edifice Complex: las implicaciones éticas que se hubieran presentado en el hipotético caso en que Sadam Hussein hubiera invitado a Zaha Hadid a colaborar en uno de los edificios monumentales con la pretensión de reflejar su poder sobre la población, esto al ella ser originaria del país donde el mandatario oprimió a su pueblo durante muchos años.


También tenemos ejemplos nacionales que podrían resaltar la trascendencia de este tema. En este país no sólo son los ricos, sino los criminales —narcotraficantes— los que quieren ver satisfechos sus deseos y plasmada su trascendencia en la Historia. Ejemplos como el encargo de un lujoso rancho por parte del exgobernador de Veracruz y ahora prisionero de la justicia, Javier Duarte, hacia el arquitecto Manuel Cervantes; o el encargo de la tan controversial Casa Blanca por parte de la primera dama de México, Angélica Rivera, hacia el arquitecto Miguel Ángel Aragonés.



La arquitectura siempre ha sido vista con relación al arte y a la historia, ha juzgado sus formas, alturas, colores, volúmenes y expresión, cuando uno de los aspectos más importantes de los edificios permanece incógnito e inmune de cuestionamientos, el porqué del edificio, en vez del cómo. Deberíamos pensar antes en las implicaciones políticas y éticas que significan observar a un edificio dónde lo vemos y cómo en vez de juzgar sus aspectos técnicos.


La arquitectura ha estado al régimen del poder, ha alimentado su ego y ha dejado marcas históricas en el tiempo. Sería pensar en una analogía como la de: qué fue primero, ¿el huevo o la gallina?; pensar si la arquitectura estuvo desde sus inicios atada a complacer al poder o fue éste el que al ver sus capacidades la atrajo y la usó.


Que el acero y la piedra duren más que la carne humana y la sangre, fue lo que motivó a los más acaudalados a usar este recurso para manifestar su legado hacia la humanidad, aunque esto no significa que los arquitectos sean "prostitutas a su servicio". Es posible que los arquitectos hayan sido los más inteligentes a lo largo del tiempo, y utilizaran a los ricos como un simple recurso para materializar sus proyectos, darse a conocer y ganar más comisiones. Al final, es posible que se recuerde más a los arquitectos que realizan grandes edificios que a los inversionistas. Porque, después de todo, de quién es el edificio, ¿de quien lo proyecta y se apasiona al hacerlo o de quien lo paga? La respuesta a esa pregunta debería ser que el edificio es para quien lo habita, y como en innumerables ejemplos, ni el millonario inversor, ni el creador habitan el proyecto, sino las personas. Por eso, la arquitectura responde a sus necesidades. De esta manera, el arquitecto puede ser un gestor que tome los recursos de los ricos y diseñe para el bien común, a la espera de que algún día el edificio lo haga trascender.



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Conoce las formas en las que la arquitectura puede influir en las sensaciones y emociones de las personas.


TAGS: Historia mundial Arquitectura
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