La cultura maya representada en un vestido de cacao

martes, 3 de noviembre de 2015 5:18

|Daniela Fernandez



El cacao, producto venerado por nuestros ancestros, llega al Salon du Chocolat, en París, en forma de vestido. La diseñadora costarricense Michelle de Matheu se inspiró en la princesa maya; Lamat, para confeccionar este extraordinario vestido, y se ganó la primera representación de la región centroamericana en esta maravillosa exposición dedicada exclusivamente al chocolate.

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Esta feria reúne a los exponentes chocolateros más creativos del mundo para que demuestren su profundo talento para tratar al versátil producto; y Centroamérica, tierra madre del cacao, no podría quedarse atrás con su participación. El vestido fue confeccionado utilizando diversas partes y presentaciones de la materia prima, a la que se sometió a diferentes tratamientos para lograr el resultado final. Cada elemento tiene un simbolismo y una historia detrás: desde las hojas naturales y la resina de cacao, hasta las mazorcas enteras.

Para las culturas prehispánicas, esta legendaria semilla simbolizaba  el amor en expansión y representa un vínculo entre el sol y la luna, elementos plasmados mediante las semillas de cacao tostado. A demás de que la creación simétrica del vestido está basada en la creencia de las cuatro esquinas cardinales que, según los mayas, tenía la Tierra.

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La exhaustiva investigación sobre la numerología maya que realizó la diseñadora queda como evidencia en la armoniosa línea de la geometría sagrada de los mayas, misma que se proyecta en las piezas principales del vestido: El Quechquemitl es una pieza que cubría el cuello y torso de las mujeres, hecho de mazorcas de cacao talladas con patrones simétricos, hojas de cacao en oro y cacao tostado para lograr distintos tonos. El vestido también consta de un sujetador negro con detalles en hilo, un fajón diseñado con incrustaciones de cacao tostado con oro, piezas de chocolate en resina, así como con los mismos elementos del Quechquemitl. Por último, el vestido tiene una falda en tulle que representa el viento, debido a que para los mayas, éste representaba el alma necesaria para dar vida a cualquier creación artística.

Como parte de los accesorios, se hicieron totalmente a mano unos brazaletes de hojas, semillas y mazorca de cacao; junto a ellos una corona dorada revestida de estas mismas hojas y semillas, que representan la iluminación.


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Para llevar a cabo la elaboración completa de esta obra de arte se emplearon aproximadamente siete kilos de semillas, trescientas horas de mano de obra y el apoyo de la arqueóloga y directora del Museo Kakaw en México: Mayari Castellanos, quien enriqueció la obra con el conocimiento histórico sobre la cultura Maya.

REFERENCIAS:
Daniela Fernandez

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