“Pinto autorretratos porque estoy mucho tiempo sola. Me pinto a mí misma, porque soy a quien mejor conozco”
Frida Kahlo

Si voláramos con Frida, si tan sólo nos atreviéramos a soñar y desprender nuestros adoloridos pies de este piso para trasladarnos a un mundo imaginario más colorido. Para muchos amada y para otros odiada, más allá de su arte, innegablemente fue una mujer que construyó con dolores y colores, pero sobre todo con agallas su propia historia. Fridita, como le decía Diego, es símbolo de nuestra identidad, pero aunque su colorido estilo se ha convertido en toda una moda, su figura entraña el rescate de la cultura mexicana.
Frida llevó en su cuerpo las cicatrices de su propia desafortunada historia, además de contraer poliomelitis desde joven, sufrió los estragos de un accidente que la obligó a quedar postrada en cama con múltiples huesos rotos. Obligada a someterse a continuas cirugías, Frida llevó por meses enyesado el torso. El yeso se volvió parte de su cuerpo, fue parte de su suplicio y a la par el necesario sostén que la ayudó a mantenerse en pie. Frida decidió darle color a su martirio y eligió canalizar su dolor mediante la pintura no sólo en lienzos sino en su propio yeso. Con flores de colores tiñó y adornó el yeso que llevaría meses adherido a su delicado y frágil torso.
Adornada con flores y animales, collares y bordados, Frida pintó su propia vida y mediante la pintura sanó el dolor de su adolorida alma. Sus trazos fueron terapia para sanar su cuerpo y para seguir soñando. Quizá nosotros decidamos también dibujar en nuestro cuerpo los trazos de una historia propia. Tal vez Frida sea un símbolo que decidamos llevar grabado en la piel y, como ella, sanemos nuestros dolores y cicatrices tiñéndolos de color.
“Árbol de la esperanza, mantente firme”
“El dolor no es parte de la vida, se puede convertir en la vida misma”
“Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas pa’ volar?

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”
“Hay algunos que nacen con estrella y otros estrellados, y aunque tú no lo quieras creer, yo soy de las estrelladísimas…”
“¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno: Yo te cielo, así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida”
“Quise ahogar mis penas en licor, pero las condenadas aprendieron a nadar”
“¡Quién diría que las manchas viven y ayudan a vivir? Tinta, sangre, olor… ¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz?”
“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”
“Donde no puedas amar, no te demores”
“Cada (tic-tac) es un segundo de la vida que pasa, huye, y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es sólo saberla vivir"
“Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento"
Con estos diseños, quienes han decidido llevar a Frida en su piel, cargan una historia propia que se funde con una mujer que es hoy icono de la cultura popular. Llevan entonces en la piel una historia que contar, la propia y la que habla de las raíces de México.
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