El ritual místico de embarazo y parto en el México prehispánico

Miércoles, 17 de mayo de 2017 11:29

|Carolina Romero



Nueve meses de náuseas insoportables, dolores musculares constantes, cambios de humor impredecibles y el terror a un parto doloroso no parecen ser algo deseable para nadie. Ahora imagina pasar todo ese proceso sin los avances actuales para mitigar el dolor, sin anestesia ni analgésicos. Dar la vida a otro ser humano debió de ser un hecho traumático. 

En el México prehispánico, el proceso de embarazo y parto estaba cargado de conceptos trascendentales y rituales místicos. Para los nahuas, estas ceremonias de alumbramiento eran incomprehensibles sin el concepto de dualidad que tenían como fundamento vital. Se trata de un doble principio creador que abraza lo contradictorio. Toda esta visión es personificada por Ometéotl, divinidad que implica la unión de Ometecuhtli y Omecíhuatl: la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, lo femenino y masculino confluyen en un sólo sentido cosmogónico.

embarazo mexica

 Así, la concepción de un nuevo ser era considerado como un producto radicalmente dual; el papel de la paternidad en la concepción de un nuevo ser era tan preponderante como el de la mujer: madre y padre, tierra y semilla, ambos elementos indisociables de la nueva vida.  

La última causa, sin embargo, proviene de algo divino. Los padres de la nueva criatura se ven a sí mismos como vehículos de una divinidad que los eligió como cuna de un nuevo ser. Todo este proceso era un acontecimiento que alcanzaba niveles sociales y espirituales. A continuación, te presentamos el ritual místico del embarazo y parto en México prehispánico:

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Embarazo

ritual del parto en el mexico prehispanico color-h600

El embarazo no era un asunto privado, involucraba a toda la red familiar. Por ello, cuando la mujer se enteraba que estaba esperando un hijo, se hacía un gran festín donde los integrantes de la familia regalaban palabras para el advenimiento del nuevo miembro. La reafirmación de los lazos sanguíneos era fundamental:

«Después que ya la recién casada se siente preñada hácelo saber a sus padres, y luego aparejan comida y bebida, y flores olorosas y cañas de humo, y luego convidan y juntan a los padres y madres del casado y de la casada, con los principales del pueblo, y todos juntos comen y beben», se lee en un texto de Fray Bernardino de Sahagún citado en un texto de Ernesto de la Torre.

Se tenía claro que el embarazo era un regalo de los dioses. La mujer era sólo el receptáculo donde dicho regalo podría o no germinar.

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Preparación para el nacimiento

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Para los pueblos nahuas, las mujeres embarazadas nunca estaban solas. Contaban con una red familiar de apoyo y procuración. Además, la partera era un elemento fundamental para entender este proceso. Cuando la mujer estaba a meses de parir, la familia volvía a reunirse y la mujer encinta era encomendada a una de ellas, pues no sólo traerían a la luz a su hijo, también le daba recomendaciones de carácter nutricional y educativo para criar al nuevo ser. 

Las "recomendaciones" que rodeaban a las mujeres embarazadas eran numerosas. Hoy en día pueden parecer un tanto graciosas:

«Tampoco era recomendable que mascara chicle, pues su hijo moriría con el paladar endurecido. Si se espantaba o se enojaba corría el riesgo de abortar o traer al mundo una criatura en mal estado. Debía alimentarse bien y cumplir todos sus antojos, menos el de comer tierra o tizatl. No debía llorar, ni mirar lo colorado, ni esforzarse más de la cuenta, pues pondría en peligro su vida».

embarazo mexica

Además, «que no usase el baño demasiado caliente, ni se calentase mucho al fuego ni la barriga ni las espaldas, ni tampoco al sol porque no se tostase la criatura; 25 ni durmiese entre día porque no 26 fuese disforme en la cara el niño que había de nacer».

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El momento del parto 

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El momento de parto era visto como un estado de transición radical. La mujer se convertía en una  “guerrera”. A partir de este momento, adoptaría un nuevo estatus social. Sin embargo, las posibilidades de morir durante el alumbramiento, eran altas. Si el parto iba mal, la partera podía optar por salvar la vida de de la mujer sacrificando al producto, sin embargo, para ello era necesario el permiso de los padres, si esto no le era permitido, preparaba a la mujer para morir. «La partera cerraba muy bien la cámara donde estaba y la dejaba sola, y si ésta moría de parto, llamábanla mocihuaquetz que quiere decir mujer valiente».

Finalmente, basándose en el calendario mexica, los sacerdotes decidían cómo se llamaría el bebe basándose en su hora y día de nacimiento. Según Berenice Alcántara del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, existía una fuerte creencia en que la existencia de todos los seres del mundo era posible «gracias a la continua confrontación, cópula, entrelazamiento y alternancia de dos principios opuestos; lo femenino y lo masculino, lo terrestre y lo celeste, lo bajo y lo alto, lo frío y lo seco, lo húmedo y o cálido, lo nocturno y lo luminoso». 

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Lo masculino y lo femenino complementan lo real. Este tipo de conceptos armonizan el mundo de manera completa, abrazan todas sus aparentes contradicciones. Resulta gratificante cómo el nacimiento de un nuevo ser era motivo de júbilo y conexión familiar, además del reconocimiento de lo femenino como fuente de vida. 

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Si te interesa conocer más sobre el mundo prehispánico, conoce a este sangriento demonio que horrorizó a las culturas mesoamericanas o bien, descubre más sobre el Mictlán, el lugar de la muerte.


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Referencias

Alcántara Rojas, Berenice, "Miquizpan. El momento del parto, un momento de muerte. Prácticas alrededor del embarazo y parto entre nahuas y mayas del Posclásicas", Revista de Estudios Mesoamericanos, UNAM, Vol. II, Julio-Diciembre 2000.

De la Torre, Ernesto, "El Nacimiento en el Mundo Prehispánico", Revista Estudios de Cultura Náhuatl 34, UNAM, 2003.

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