El pedo con 'La casa de las flores' y por qué creo que es una mala serie [Columna]

El pedo con 'La casa de las flores' y por qué creo que es una mala serie [Columna]

Por: Jimmy Tulipán -

Esta "dramedia" de ricos, para ricos, utiliza los mismos clichés de las películas de ficheras de los 80, posando como una obra revolucionaria.


*Este texto es responsabilidad del autor y no refleja la opinión de Cultura Colectiva.

«Esta es la historia de una familia adinerada que lo perdió todo, y de un hijo que no tiene otra opción más que intentar mantenerla unida». Así iniciaba cada capítulo de Arrested Development, una de las mejores comedias de la historia. La serie trataba sobre justamente eso: un grupo de personas que formaban parte de la alta sociedad norteamericana, eran ignorantes, egoístas, idiotas, y cuando se quedan sin su dinero, comienzan a traicionarse sin importar las consecuencias. Eran la representación de la idea que tiene toda la clase media y la baja sobre esos individuos. Todos los clichés se llevaron al límite, dando como resultado un hilarante collage de situaciones absurdas, y algunos momentos humanos. En el centro de ellos estaba Michael (Jason Bateman), un individuo común y corriente que servía como el acompañante de la audiencia; él era la voz de la razón que nos mostraba de manera más clara el absurdo que sucedía a su alrededor. La obra era absurda pero tenía un fuerte comentario sobre la sociedad norteamericana en ese punto de su historia, mostraba cómo –a pesar de que un país estaba en guerra– su sociedad más adinerada estaba inmersa en un caos que está lejos de la realidad de cualquier persona normal.

Manolo Caro vio esa serie y la usó como una base para su propia obra de televisión: La casa de las flores

Claro, esa no fue su única influencia, pero podemos tomarla como ejemplo para mostrar cómo la producción de Netflix no posee ni un poco de contenido y cómo su humor no es revolucionario, sino que en realidad se puede asemejar más al cine de ficheras de los 80, y cómo –a pesar de que quiere venderse como una serie proLGBT– en realidad muestra la ignorancia que tiene sobre la amplitud del tema, y de hecho usa sólo estereotipos de la comunidad para hablar de ella.

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Cuando escuché por primera vez de la serie, pensé en que sería una buena idea y de que –a pesar de estar dirigida a la clase media alta– podría ser un buen trabajo. En ese punto yo había visto No sé si cortarme las venas o dejármelas largade Manolo Caro y pensaba en que era una de las mejores comedias mexicanas de los últimos años, y me pareció una obra que rompía con muchas de las tradiciones del cine nacional, le dio agilidad, excelente diálogo y un desarrollo sencillo. Por supuesto, creí que eso se trasladaría a la pantalla chica, y que quizá veríamos una serie de Netflix que cambiaría el panorama nacional. No fue así.

A diferencia de muchas personas, yo no considero que la serie sea una telenovela disfrazada de comedia. Yo creo que La casa de las flores es una pésima comedia que no tiene ni un poco de humanidad, y ese es el problema. Mientras que los personajes de No sé si cortarme las venas... estaban llenos de belleza en el interior, todo es un absurdo enorme que cada vez se hace más surreal, y por lo tanto, más ajeno a la audiencia.

Veamos: Arrested Development y La casa de las flores tienen a dos familias llenas de personajes excéntricos, pero la primera tiene a un personaje clave que hace la diferencia: Michael Bluth, el individuo que nos muestra lo ridículo de la clase alta, queriéndose distanciar de ella.

En Arrested, Michael es el llamado "straight man": un personaje cuyo papel es el de una persona normal que puede ver a través de la locura de quienes están a su alrededor (no es necesariamente una persona heterosexual cisgénero). Gracias a él, la audiencia puede conectar y puede juzgar a quienes se encuentran a su alrededor: personas privilegiadas que apenas se dan cuenta de cómo funciona el mundo real. De igual forma, Michael es el centro emocional de la serie. Su relación con su hijo George Michael es el motor que hace que avance la serie. Él se preocupa y espera que su hijo no caiga bajo la influencia de sus hermanos y padres, y –de hecho– no es perfecto. Su exceso de normalidad hace que sea un personaje divertido también y la relación con su hijo es lo que hace que conectemos con él.

Por otra parte, La casa de las flores parece un sketch de Ensalada de Locos. En primer lugar, utiliza narración (Arrested Development también) pero acá es una terrible voz de un personaje que fallece en el primer episodio y que sólo añade comentarios que intentan hacer a la serie una especie de drama de misterio. Los mismos fans compararon el recurso narrativo con el de Las Aparicio, una serie de drama que fue de las primeras producciones hispanas en encontrar éxito en Latinoamérica. El propósito y trasfondo de ese personaje se ve perdido de inmediato en una persona histérica que desatará todo desde el inicio. El problema es que la revelación no afectará la humanidad de los involucrados (quienes reaccionan de manera telenovelesca al desarrollo de los hechos), sino su simple estatus social, lo cual muestra la poca visión de Manolo Caro.

La serie, a pesar de tener todos los elementos a mano, se rehusa a ridiculizar a la clase alta que está representando, y en lugar de eso, parece ser una extensión de la frase de Amarte Duele: "Si te gusta el frijol, pus vas", que es básicamente decir: "Los ricos también se pueden divertir si juegan con todo aquello que es ajeno a ellos", "todos se pueden divertir en el cabaret, no sólo la gente de clase baja que ves en esos lugares", sin embargo, nunca los quita realmente de sus privilegios, ni los señala. Convenientemente, todos los personajes son en cierta forma de mente abierta, o un chiste de una persona de mente cerrada, y lo ridículo del diálogo llega al punto que parece que en cualquier momento aparecerá la risa pregrabada de una sit-com.

De igual forma, Manolo Caro parece olvidar que el humor tipo Los locos Addams dejó de funcionar hace 50 años. En ese tiempo, aparecían risas cada vez que cualquier familiar de Homero Addams hacía algo excéntrico, como decir que la noche era bella (porque, claro, es obvio que el día es popularmente más adorado). De esa manera, vemos a todos los personajes con los que se encuentra esta familia adinerada, mostrando que ellos no son los que están mal, ni que son raros, sino que el resto del mundo lo es más, y que es momento de que se transformen y sean quien realmente son. Pero... ¿quienes son de verdad?

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Aquí es donde viene mi problema principal con la serie: Manolo Caro intenta hacer representación de personas LGBT+, pero –a pesar de ser parte de esa comunidad– hace una caricatura de todo y muestra los mismos clichés de los 80. Claro, no estamos diciendo que sea ofensivo, sino que su intención va mal apuntada, y es consecuencia de su estado de privilegio. Podemos tomar como ejemplo al personaje de Darío Yazbek: un chico de entre 20 y 30 años que está confundido con su sexualidad y no puede abrirse a su familia. No sólo es una temática que ya se ha abordado decenas de veces, sino que Caro lo exagera y en vez de mostrarnos momentos de introspección en los que haya un genuino descubrimiento dentro de todos sus fracasos, lo deja como si nada, como si no existiera un crecimiento. Además de eso, parece haber un problema de magnitud de The Room (una de las peores películas de la historia). Yázbek ignora que existe la bisexualidad o parece ser un idiota que no entiende ni un poco el mundo. Si fuera un chico de 16 años se entendería, pero ya el actor se ve bastante mayor como para ser así de incrédulo, especialmente creciendo en una familia como esa.

De igual forma, como Caro no se decide si es una historia seria con tintes de comedia, o una serie de comedia con tintes de drama, no se da cuenta qué elementos pueden ser revolucionarios y cuáles pueden resultar regresivos. En este caso podemos tomar a las mujeres trans que trabajan en el cabaret: todas son un cliché del mismo personaje; todas hablan de manera exagerada y todas tienen un soft spot que les permite ayudarle a los protagonistas a entender la vida. Ellas no tienen problemas propios y en ningún punto vemos un momento más humano donde genuinamente veamos una representación en la pantalla. Manolo Caro las ve como herramientas para la comedia. De nuevo: no es ofensivo, pero es una terrible manera de intentar revolucionar la televisión.

Lo interesante es que el director está dispuesto a llevar a sus personajes a todo tipo de aventuras, pero no los despoja de su estátus social, lo más que hace es alejarlos un poco de su círculo social, pero en ningún momento hace crítica. Es decir, el problema del personaje de Darío Yázbek podría solucionarse si profundizáramos en las causas por las cuáles le parece tan confusa su sexualidad. La serie hace que la madre sea la culpable porque ella busca que la familia sea vista de cierta forma, pero –no seas mamón–, eso se ve en todas las telenovelas de televisa desde los 80. Incluso sería más interesante ver cómo creció el personaje de Verónica Castro (ya que, de hecho, parece que siempre ha sido una señora), para saber cómo creó esa mentalidad.

Sin embargo, Manolo Caro no busca deconstruirse. Al contrario, quiere crear más cosas alrededor suyo robándoselas a otros creadores. No me refiero a lo que todos mencionan: que es un wannabe de Pedro Almodóvar (eso es un tema aparte), sino que le roba elementos a otras series, creyendo que la audiencia mexicana no los conocerá. ¿El padre en la cárcel convertido en religioso? Eso es de Arrested Development. ¿Hija ninfómana que quiere ligar con un sacerdote? Eso es Fleabag. ¿Narración en voice-over? Cualquier otra serie en la historia. El director carece de la capacidad de realizadores y escritores contemporáneos para analizar su trasfondo, lo que lo forma y cómo eso puede convertirse en comedia y drama. Si le gustó tanto Fleabag ¿por qué no vió que una historia humana puede ser más graciosa sin meterle demasiados elementos bizarros? 

Arrested Development es una perfecta deconstrucción de la clase alta: los muestra como figuras indefensas e idiotas frente a un mundo que los sobrepasa en cada momento. Fleabag muestra a seres humanos excéntricos con problemas, pero no hace una caricatura de ellos sino que, sutilmente, los deconstruye y nos enseña que son reales y que pueden ser cualquiera de nosotros.

Incluso el personaje de Cecilia Suárez parece un desperdicio. Podríamos profundizar más en ella, en su soledad, en la necesidad de su Tafil, pero no podemos porque sólo tiene dos dimensiones. 

Lo decepcionante de La casa de las flores es que Manolo Caro parecía poder con más. Ahora tiene un contrato de exclusividad con Netflix y veremos más de sus producciones, las cuales espero posean más de la humanidad que pude ver en No sé si cortarme las venas y menos del show de circo que ya alejó a toda su audiencia, quienes despreciaron la segunda temporada, señalando que sólo fue una exageración de la primera, y que la pérdida del personaje de Verónica Castro dejó un vacío innegable (y justo ella era quien tenía más potencial para mostrarnos más). 

Existe más gente de la que Manolo está tratando de representar, esperemos que en el futuro haya realizadores que noten eso y que encuentren formas creativas de hacer evolucionar la drama y comedia en las series nacionales. Soy tu fan es un perfecto ejemplo de que no es imposible. ¿Por qué ya no vemos cosas similares? 

Referencias: