Escribir de Annie Leibovitz resulta ser extenso, por su trayectoria como fotógrafa o por su historia de vida, ambas en combinación resultan ser interesantemente atractivas porque dan como resultado una mujer creadora de un código visual que altera y amplía las nociones de lo que merece la pena mirar y de lo que tenemos derecho a observar. Podemos empezar por decir que nace un 2 de Octubre de 1949 en Waterbury, Connecticut. Su interés por la fotografía surgió en un cuarto oscuro de la base aérea Clark, ubicada en Filipinas, donde su padre fue destinado durante la Guerra de Vietnam. Por varios años continuó desarrollando sus habilidades fotográficas mientras trabajaba en diferentes lugares, incluyendo una temporada en un kibutz israelí en 1969.
En ese periodo se postuló para trabajar como fotógrafa freelance en la entonces emergente revista Rolling Stone en la que realizó ciento cuarenta y dos cubiertas, una de ellas realizada el 8 de diciembre de 1980, imagen que se convertiría en leyenda. Annie acudió al departamento de John Lennon para fotografiarlo, aunque los editores no querían que su esposa, Yoko Ono, fuera retratada junto a él, Annie quería recrear la imagen de la carátula del álbum Double Fantasy del propio Lennon. Horas después de la sesión fotográfica, John fue asesinado y la fotografía que Rolling Stones publicó el 22 de enero de 1981 en su tapa —sin titulares— fue aquella en que Lennon aparece desnudo y acurrucado junto a su esposa completamente vestida. Leibovitz ha trabajado para la revista estadounidense Vanity Fair. En 1991 se convirtió en el segundo fotógrafo—y la primera mujer— en exhibir su obra en la Galería Nacional de Retratos de Washington D. C. La muestra, que contó con más de doscientos retratos en blanco y negro y en color, fue seguida por la publicación del libro Photographs: Annie Leibovitz 1970-1990.
Es justo en sus retratos en donde Leibovitz se apropia de lo fotografiado, estableciendo un con el mundo una relación determinada que parece conocimiento, y que por ello se convierte en poder. Sus imágenes fotográficas parecen miniaturas de realidad que cualquiera puede hacer o adquirir. Annie con sus imágenes se permite manosear la escala del mundo, con ellas procura pruebas, en una versión de su utilidad, el registro de su cámara incrimina. Para apreciar el trabajo de esta fotógrafa es necesario comprender que su propuesta de imagen quizá distorsiona, pero siempre queda la suposición de que existe, o existió algo semejante a lo que está en la imagen. Sus fotografías de retratos, de personajes famosos, de campañas de grandes compañías muestran a la fotografía de Leibovitz como un rito social, una protección contra la ansiedad y un instrumento de conocimiento y poder. Mediante sus fotografías cada circunstancia, suceso o acontecimiento captado construyen una crónica-retrato de sí misma, son un estuche de imágenes portátiles que rinden testimonio de la firmeza de sus lazos Annie Leibovitz nos muestra en el acto fotográfico que certifica la experiencia de vivir determinadas épocas, contribuyendo con el voyerismo crónico que padece el mundo desde hace ya varias décadas. No hay que olvidar que hacer una fotografía es tener interés en las cosas tal como están, en un statu quo inmutable, en la búsqueda de conseguir la “buena” imagen, Annie es nuestra cómplice de todo lo que vuelva interesante algo, digno de fotografiarse, incluido el amor, la guerra, la paz, la superficialidad, el dolor o el infortunio de otra persona.
Con su cámara se atreve, entromete, invade, distorsiona y explota los sucesos de época, los estereotipos creados. Quizá Annie Leibovitz es una depredadora en la acción de hacer una fotografía, pues cuando retrata a las personas se las ve como jamás se ven a sí mismas, se las conoce como nunca pueden conocerse, transformando a los individuos en objetos que pueden ser poseídos simbólicamente a través de su mortalidad, vulnerabilidad o mutabilidad de otra persona o cosa. Las imágenes de Annie pueden pasmarnos o anestesiarnos en lo que pareciera una porción de tiempo encuadrada en un espacio determinado, ella al fotografiar y nosotros al contemplar nos permite saber algo del mundo. Tenemos una necesidad adictiva de confirmar la realidad y dilatar la experiencia mediante fotografías en un consumismo estético al que hoy todos somos adictos, ante tal saturación visual podemos elegir entre la contaminación mental o la apreciación de lo bello a través de la mirada de Leibovitz que nos expone lo importante, lo raro, perseguido, encuadrado, procesado o titulado. Los retratos fotográficos de ella, hacen imaginar a Annie enfrentando la cámara solemnemente, de forma sincera y todo ello para la revelación de la esencia del sujeto, del mismo hecho.
Una retrospectiva de su obra fue llevada a cabo en el Museo Brooklyn, de 2006 hasta enero de 2007. La exhibición estaba basada en su libro Annie Leibovitz: a photographer’s life, 1990–2005 e incluía retratos de celebridades y también de su propia familia. Entre las fotografías se encontraba la del cadáver de Susan Sontag, quien había fallecido de cáncer en el 2004. El elenco completo de la serie de televisión Los Soprano se reunió por última vez en la sesión fotográfica que Leibovitz realizó para Vanity Fair. En Julio de 2007, Annie debió fotografiar a veintiuna celebridades (actores, cantantes, modelos, empresarios, deportistas, políticos y religiosos) para adornar las veinte cubiertas diferentes que Vanity Fair publicó en su especial The Africa issue, cuya edición estuvo a cargo del cantante Bono. También en el 2007, la compañía Walt Disney contrató a Leibovitz para realizar una serie de fotografías con celebridades interpretando a diferentes personajes de sus clásicas películas. La campaña publicitaria se denominó Walt Disney world’s year of a million dreams (El año del millón de sueños del mundo de Walt Disney). También las imágenes de Annie documentan secuencias de consumos realizados, a fines de julio de 2007, la marca de accesorios de moda Louis Vuitton realizó una campaña publicitaria con Leibovitz como fotógrafa. Las celebridades que participaron aquella ocasión fueron los tenistas Andrea Agassi y Steffi Graff, la actriz Catherine Deneauve y el político Mijail Gorbachov, quien posó en el asiento trasero de un auto con los restos del Muro de Berlín al fondo.
El 14 de Febrero de 2008, Vanity Fair recopiló sus más destacados retratos de celebridades para la exhibición Vanity Fair portraits-photographs 1913-2008 que fue montada en la Galería Nacional de Retratosde Londres. Annie figuró en la lista de «Las 10 personas más fascinantes del año», elaborada anualmente por la destacada periodista Barbara Walters. En el 2009, la Royal Photographic Society la galardonó con la Medalla Centenario, que reconoce su significativa contribución al arte de la fotografía.

