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El español que hace del acto poético una canción

El español que hace del acto poético una canción

El español que hace del acto poético una canción

Un acto poético, según dice Alejandro Jodorowsky, “[…] es una llamada a la realidad.” Es un acto que hacemos con convicción, pero carente de toda justificación. Un acto gratuito, positivo y bello. Visto así, puede ser que hagamos y presenciemos más de los que pensamos. Incluso, puede que reconozcamos como poéticos actos que no nacieron siéndolo pero que, a nuestros ojos, lo son. Estos actos parecen precisar de una mirada poética; eso piensa el músico y cantante —originario de Barcelona— Carlos Ann: “es cuestión de que elijas lo que quieres y desde dónde quieres ver el mundo. Si quieres ver un mundo crudo, lo vas a ver. Si quieres embellecer con actos poéticos o con impulsos positivos, vas a estar ahí. Yo prefiero estar ahí; es un acto poético que no cuesta nada”.

Por supuesto, si hay un mundo y actos poéticos, hay personas poéticas. O, mejor dicho: personajes, ya que la diferencia entre una persona y un personaje está en ciertos actos que, al mismo tiempo, la alejan y acercan del resto; la acercan porque podemos reconocernos en ella, pero la alejan porque la vemos como un símbolo o metáfora. En el terreno de la música, esto ocurre a menudo: los músicos se vuelven generadores y receptores de actos que los convierten en “algo más”. Hay quienes hacen esto sin darse mucha cuenta y otros más que lo asumen a conciencia. Por eso, parece que cada uno de sus gestos y actos son poéticos: al mismo tiempo espontáneos y absolutamente bajo control.

Un acto poético musical es, por ejemplo, presentar nuevamente, por entero, las canciones de un disco que salió hace casi 6 años. Eso fue lo que hizo Carlos Ann con “El Tigre del Congrés” (2010), en tres conciertos en México —Azcapotzalco, Puebla y colonia Roma— los días 3, 11 y 12 de junio. Por cierto que el cantante había estado viviendo en nuestro país hasta hace un par de días, cuando regresó a su Barcelona natal. Antes de ello, pudimos conversar con él sobre la gira de “El Tigre del Congrés”, entre otras pláticas físicas y metafísicas.

Igual que hace seis años, en estos conciertos tuvo la compañía de dos legendarios guitarristas: Juan Carlos Allende y Enrique Rodríguez Castañeda, músicos que acompañaron durante años a Chavela Vargas y a quienes, de hecho, Carlos Ann conoció en un concierto de la cantante mexicana, nacida en Costa Rica; “Nos había quedado pendiente volver a estar juntos. Siempre lo hablábamos (…) Buscamos, de cierta manera, como un leitmotiv, algo para volver a juntarnos. Pero yo no lo he hecho para revivir el pasado, sino para intentar proyectar hacia el futuro, porque tengo ganas de volver a grabar con ellos, de volver a intentar algo con lo que ya nos conocemos, a ver qué puede surgir a partir del conocimiento. En el primer disco nos acabábamos de conocer. Ahora ya con seis años de distancia y de trabajo, cambia mucho”.

En el escenario los tres músicos se ven muy integrados y la atmósfera que crean es de devoción y pasión total. Por supuesto, esto se debe también a la naturaleza misma de las canciones de “El Tigre del Congrés”; el drama del desamor a flor de piel, recuerdos nostálgicos de viejos amigos, historias del barrio en el que Ann creció, versos demoledores sobre amores y almas perdidas. Canciones entrañables, aun más teniendo en cuenta su proceso de composición: “cada disco es diferente y cada canción es diferente. En el disco de “El Tigre del Congrés”, las canciones me venían dictadas y recuerdo que lo pasé muy mal; el proceso fue duro, fue doloroso. Recuerdo que estaba en mi casa, tomándome una botellita de vino, tranquilamente tocando la guitarra, y de repente me venía dictada la canción. La grababa, porque no podía escribirla. Lo que duraba la canción es lo que duraba la composición. O sea que es a tiempo real. Cuando acababa, me entraba un dolor terrible y me iba de rodillas, caminando por el suelo hasta la otra punta. Cuando se me iba el dolor, me volvía a sentar y me venía otra canción. Aunque el dolor era físico, no nace de lo físico, sino de los cuerpos que tenemos”.

Durante la entrevista, Carlos Ann dice que no se va a poner a dar una “cátedra metafísica”, pero inevitablemente lo hace. Al preguntarle sobre si tiene un ritual previo a dar un concierto, cuenta que aunque en otra época era más “maniático”, lo único que ahora hace es purificar el escenario porque “usualmente, los lugares en los que te presentas están abarrotados de energías atascadas, hay memoria en la pared, hay muchas entidades. Es lo que hago para poder estar a gusto”. Como ya había adelantado, su modo mismo de componer canciones lo asume desde una perspectiva espiritual —que podríamos llamar platónica— pues considera que “[…] las canciones no son del artista. Están en el mundo de las ideas. Nosotros lo que hacemos es bajarlas aquí a este plano. Considero que las canciones están dictadas”.

Estas creencias metafísicas tienen influjo también en la manera de ver su propia carrera artística —a la que él caracterizaría con la palabra “evolución”— y en la relación que tiene con canciones escritas hace mucho, desde que lanzó su primer disco en 1997 “Analogic emotion”, hasta el último de 2014: “Holograma”.
“Hay canciones que he escrito y no las entendía. Al cabo de unos años, una situación se me ha planteado y resultó ser la canción misma. Eso también a Lou Reed le pasaba. Había canciones que escribió hace 40 años y no sabía lo que significaban, y después lo encontró. Y sí que pasa, porque el tiempo no existe. Yo no creo en el tiempo”. Pese a la afirmación de este tiempo discontinuo, Carlos Ann responde que, si tuviera que presentarse con alguien que jamás lo ha escuchado, le pondría la última canción que ha escrito, porque “energéticamente sería lo que más tendría en común conmigo”.

Ahora que, si tuviera que definir en dos momentos musicales lo que fue y lo que es ahora, elegiría, para lo primero, las canciones `Sólo soy un hombre solo acompañado´ y `Queda tiempo para morir´, las cuales les recomendamos escuchar.

Mientras que para definirse en el presente, elegiría `Paz y hogar´, así como otras canciones del nuevo disco que está preparando.

De hecho, es a terminar el disco a lo que Carlos Ann volvió a Barcelona, que sin duda, tendrá resultados fascinantes y poéticos, no sólo por las canciones, sino por el proceso que seguirá y por la convicción con la que el cantante barcelonés asume la creación: “lo que canto es real, lo que canto es puro. Nunca he escrito una canción que no fuera de verdad”. Comprobar esto es tarea nuestra, escuchándolo y viéndolo en el escenario, pero sin olvidar que hay buscar esta “verdad” no con los ojos de la “objetividad”, sino a la luz de la mirada poética que, con un poco de suerte, podrá revelarnos todo un mundo nuevo.

La música es un universo complejo que nos deleita a todos, es por eso que te recomendamos leer El juego de componer canciones para marcar la historia de la música, y des fe de ello.

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