Dicen que el amor es como una droga que poco a poco nubla la razón y te sumerge en una realidad llena de sensaciones placenteras. De manera inconsciente las personas se vuelven adictas a despertarse en los brazos del ser amado, a compartir el desayuno y la ducha, a esperar que el reloj marque las siete y sea la hora de regresar a casa para reencontrarse con la pieza del rompecabezas que completa la vida y el Universo.
El problema es cuando el cuerpo se hace inmune a esa sustancia llamada amor y aquella necesidad de estar con el otro se convierte en una migraña. Entonces uno busca apagar la luz y encontrar alguna otra pastilla que disminuya el dolor, una que provenga de la curiosidad de lo desconocido y la aventura. Es en este momento cuando surgen los engaños, las infidelidades y las mentiras.
En la historia del rock existió una pareja que por casi 30 años se amó con ruido y tempestad, creó música y lideró una de las bandas más importantes del género. Ellos son Kim Gordon y Thurston Moore de Sonic Youth, el grupo que nos hizo creer que el amor y la música pueden ser un sueño que dura toda la vida.
La banda inició en el explosivo y multicultural Nueva York de la década de los 80 con un sonido que algunos califican como incomprensible pero seductor. De entre el noise y la saturación de guitarras surgió Cupido para flechar a Kim y Thurston, y para el disco Bad Moon Rising de 1984 ya se habían casado.
Fue hasta que los corazones de Gordon y Moore se empataron cuando el proyecto comenzó a definir su rumbo al éxito. Lanzaron los álbumes Goo y Dirty, obteniendo fama y el amor de cientos de fans. Kim recuerda en sus memorias que eran «demasiado mainstream para el indie, demasiado disonantes como para agradar a las masas». Aun con lo que se dijera, ellos eran felices.
El mismo año que murió Kurt Cobain, amigo de la banda, nació la primera y única hija de la pareja. Fue entonces cuando los músicos tuvieron que cambiar un poco sus vidas. El rock era importante pero ahora había un bebé a quien cuidar. Los ajustes se hicieron y Sonic Youth continuó trabajando en el estudio y haciendo giras, claro, siempre respetando los horarios escolares de la nueva integrante de la banda.
Todo iba perfecto, Kim y Thurston iban madurando junto con la banda. Pasaron las décadas y las arrugas se fueron haciendo presentes en el rostro de los músicos, pero el amor, que sirvió como un aliciente de la creatividad, seguía intacto.
Pero al cumplir casi 30 años de relación, la droga del amor perdió su efecto en Thurston Moore, quien comenzó a tener una aventura con otra mujer. «Y así empezó todo, en cámara lenta, un patrón de mentiras, de ultimátums y promesas falsas, seguido de correos electrónicos y textos que casi se sintieron diseñados para obligarme a tomar una decisión», platica Kim en su libro biográfico La chica del grupo.
¿Qué debía hacer Kim? ¿Dejar a Thurston? ¿Qué pasaría con Sonic Youth, el proyecto más grande de sus vidas, y con su hija? Si la banda comenzó por el amor que ambos músicos sintieron, debía ser congruente terminarla cuando los sentimientos fueron aniquilados por el engaño. Sin duda éstas deben ser las razones para terminar un grupo; cuando tu más grande amor rompió tu corazón.
Y así fue, así llegó el final de Sonic Youth, tocando su último concierto en Sao Paolo en 2011, cerrando Kim un ciclo con las palabras de «Spirit desire, we will fall», del tema “Teen Age Riot”. «Creo que jamás en la vida me había sentido tan sola».
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Si esta historia te gustó y eres fan de Sonic Youth, entones no te puedes perder el concierto que dará Thurston Moore Group en el Festival Aurora que se realizará el 11 de octubre en el Pepsi Center. Quizá esta sea una de las últimas oportunidades de escuchar en vivo lo que queda de la banda vanguardista de los 90. Si aún no tienes tus boletos cómpralos en el siguiente link.

