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ESTILO DE-VIDA

8M: Aunque no vaya a marchar, mi corazón está con todas allá

Juntas somos invencibles desde cada una de nuestras trincheras.

Hay quienes aunque quisiéramos, no podemos ir a marchar por distintas causas, y eso no significa que no apoyemos la causa. Ya sea por el trabajo, cuestiones de salud, movilidad u otros aspectos, quizá no estemos de manera física pero sí en pensamiento y corazón.

Admiro con todo mi ser a esas mujeres que no se quedan calladas, ver sus pancartas, escuchar sus canciones y ver a todas de color morado hace que se me enchine la piel, es un sentimiento que me hace estallar el corazón e incluso hace que una que otra lágrima caiga de mis ojos.

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Estoy con ellas, aunque no esté ahí. Apoyo sus ideales y admiro la fuerza que tienen para luchar por todas aquellas que ya no están, por todas aquellas que estamos aunque sea detrás de una pantalla, viendo cómo pintan las calles de morado y están de pie dispuestas a todo.

Mi corazón está con ellas

El 8M no es un día para felicitar ni celebrar es un día para hacernos escuchar como las primeras mujeres que dieron su vida por nosotras. Quizá no es mucho pero cada quien desde nuestra trinchera podemos poner nuestro granito, compartiendo las ideas e información verídica, siguiendo la marcha, monitoreando a nuestras amigas que están allá, y alzando nuestros corazones para que se termine la desigualdad.

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¿Vestirse de morado el 8M? Sí, y con mucho orgullo, va más allá de la apariencia, es un sentimiento especial que hace retumbar el corazón y nos vuelve una misma, en conmemoración de todas aquellas que dieron su vida por nosotras y también, una luz para todas aquellas que siguen nuestros pasos.

No estoy ahí pero mi mente y corazón sí porque creo en la causa, porque feminismo no es tratar de superar a los hombres sino encontrar mi igualdad en el mundo, y eso es algo que todos deberíamos de saber. Hoy mi alma está de morado desde las primeras horas del día, pensando en todas y cada una de ellas, las que están marchando y también las que ya no pudieron despertar.

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También está con todas las mujeres de mi vida, mi mamá, mi hermana, mi sobrina, mis primas, mis tías, mi cuñada, mis amigas, mis compañeras de trabajo, mis vecinas, con todas ellas.

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Y es que, aunque no esté ahí, sé que puedo ayudar desde mi lugar. Hoy no las felicito, hoy deseo que todas tengamos una vida donde seamos tratadas con respeto, que salgamos a la calle sin sentir miedo, que podamos vestir como queramos, y que nuestros sueños nunca terminen en pesadillas.

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