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ESTILO DE VIDA

“¿A qué venía?”: El efecto puerta y la razón por la que olvidas lo que ibas a hacer

Si a ti también se te olvida lo que ibas a hacer cuando llegas a la cocina, la sala o la recámara... no eres el único ser humano al que le ha sucedido. Y no, no necesariamente tiene que ver con las puertas.

¿Alguna vez te has encontrado en la cocina, con la puerta del refrigerador abierta, sin saber por qué estabas ahí? ¿O de pie en el umbral de tu cuarto, con una misión... que no recuerdas cuál era? Es un fenómeno común y casi todos, en algún momento, hemos estado ahí. Es el efecto puerta, la razón por la que olvidamos ciertas cosas cuando pasamos de una habitación a otra.

Nuestras mentes son fascinantes. Los seres humanos podemos retener grandes cantidades de información. Sin embargo, también podemos olvidarla, casi siempre temporalmente y aparentemente de la nada. También conocido como “efecto umbral”, este fenómeno ocurre cuando las personas estamos en piloto automático. Como cuando hacemos los quehaceres del hogar, por ejemplo, no pensamos (al menos no tan conscientemente) en cada uno de los pasos que vamos a seguir: simplemente tomamos la escoba y el recogedor y hacemos lo que tenemos que hacer.

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El efecto puerta ocurre, la mayoría de las veces, cuando estamos realizando alguna labor rutinaria y pasamos por una puerta o, más concretamente, de un espacio a otro. Cada vez que nuestro cuerpo cambia de habitación es como si el tren de pensamiento se reiniciara, pues nuestra mente es fascinante, pero también se distrae fácilmente. Y entonces te encuentras de pie, mirando a la nada, sin saber por qué estás en la recámara con un Funko o una taza de té en las manos.

De acuerdo con varios científicos que han estudiado este fenómeno, no tiene tanto que ver con las puertas sino con la acción que estemos realizando, además de lo radicalmente distinto que sea el espacio. El investigador Oliver Baumann, autor de un estudio sobre el efecto puerta, dice que este ocurre cuando se produce un cambio de contexto. Así, los recuerdos que tenemos pertenecen a un espacio distinto y nuestro cerebro tiene más dificultades para acceder a ellos. Por eso también se le conoce como “efecto de actualización de ubicación”.

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Entonces, para que haya un efecto puerta en realidad no es necesario que haya una puerta, sino un cambio de espacio. Puede que ocurra cuando bajas del taxi, cuando sales del cine o cuando pones un pie en el exterior. Ni siquiera en la calle estamos a salvo. Ahora ya lo sabes: si vuelves a entrar a un lugar (o salir de él) y te preguntas “¿ A qué venía?”, probablemente eres un ejemplo perfecto de un caso de efecto puerta. Y no te preocupes, recordarás muy pronto lo que tenías que hacer.

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Etiquetas:Psicología
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