PUBLICIDAD

ESTILO DE-VIDA

No fuimos nada y, aunque me alegre de que estés con alguien más, me rompió el corazón

En una foto revelaste todo lo que yo siempre busqué de ti; que conmigo no pero con ella sí.

No eras tú pero de verdad deseaba que lo fueras. Me estremecías completamente, me robabas el habla, hacías que mis manos salieran de control y que mis piernas temblaran como si estuviesen débiles, cansadas de correr un maratón eterno. Me invadías de emoción y, aun sabiendo que yo no te hacía sentir lo mismo, deseaba que fueras tú. A veces me prestabas atención pero me la arrebatabas como si fuese algo que no era tuyo o, más bien, algo tuyo tan preciado que no quisieras compartirme. Lo sabía: no eras tú pero ojalá hubieses sido. Mi corazón ya estaba roto, pero después de ver que ya estabas con alguien más terminé por clavarme el cuchillo en la espalda, tú ya eras feliz con ella mientras yo, yo seguía deseando que fueras tú.

El destino me llevó a que lo supiera, a que mirara una foto –sencilla– que decía todo o hasta más de lo que necesitaba. La cercanía de sus cuerpos revelaba una intimidad ya construida; sus miradas gritaban complicidad y, sus manos, amor. No necesitaba ver nada más, ya lo había visto todo… y mi corazón también. Nunca había visto ese brillo en tus ojos pequeños escondidos tras unos enormes anteojos, esa sonrisa que adorna tus rostro y, siendo sincera, le sienta muy bien, combina con la emoción de tu corazón. Porque lo revelabas todo, en una foto revelaste todo lo que yo siempre busqué de ti; que conmigo no pero con ella sí.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Cada vez que escribo sobre ti te comparo con el mar, con una playa, específicamente con las olas; olas fuertes, desbordadas e intensas. Ésas que te inundan, que te invaden y te dejan en el mar un largo rato hasta la próxima marea. Te comparo con la paz de estar en el agua, sintiendo la brisa en el rostro, el aire en el cabello y el sol en la piel. Te comparo con las vacaciones deseadas, la calma y serenidad que hay al mirar el atardecer, sí, en el mar. 

Te vi irte con el viento, continuando con tu andar del agua, con tu naturaleza… te vi irte llevando tus olas lejos de mi arena, lejos de mí. Lejos de mi sol. Te vi irte con tus manos dentro de los bolsillos, los tatuajes de tus manos y las marcas de tus bazos y unas cuantas en el corazón que nunca logré conquistar. Te fuiste y me dejaste llorando tu partida, cosiéndome el corazón, escribiendo este montón.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

Ahora, a pesar de que no has dejado de ser aquel mar desbordado, tus aguas ya refugian otras arenas. Ya no reposas en mi sol, sino en uno nuevo. Ya no me arroyas con tus olas, con tu intensidad y tranquilidad. Ya no me abrazas con tu espuma, con las ganas de brotar. Mi mar favorito, mi playa para reposar; el alma que no logré conquistar, el hombre alto de ojos pequeños, manos en los bolsillos, tatuajes en los dedos… y agua de otro lugar.

No fui yo, no fuiste tú. Fue el aire que decidió llevarte, dejarme sin lugar de reposo o de vivienda y dirigirte hacia otros amaneceres y está bien. No nos tocó en esta vida, quizá en cualquiera de las otras que vienen esta vez sí seas tú. No te niego que fue como alfileres en el corazón y que pedazo por pedazo de él desbordaban sin la intención de volver a hacerse uno solo. Las lágrimas de mis ojos se asomaron y los inundaron como si de un tsunami se tratase, llegando hasta las mejillas, el cuello y mi corazón. Un poco de tristeza y un poco de felicidad porque, al final, aunque no hayamos sido nada, me alegro de que seas feliz con alguien más.

PUBLICIDAD - SIGUE LEYENDO ABAJO

VER MÁS:
No te di ni la mitad de lo que tenía para ti y terminaste yéndote.
Fuimos una historia breve pero no hay día que no deje de pensar en ti.
El corazón se me revolvió: cómo fue tu regreso aunque supiera que no te quedarías.

Podría interesarte
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD