Cuando la frase “Si te choca te checa” cobra todo el sentido

Cuando la frase “Si te choca te checa” cobra todo el sentido

Por: María Izquierdo -

"Llorar, llorar y no dejar de llorar, es lo que he aprendido, hasta que todo el caño del dolor de tu alma se termine drenando", se lee en este texto que nos habla sobre cuáles son los beneficios de llorar además de purificar el alma.

Dicen que “si te choca, te checa”, desde que voy a terapia ya hace 10 meses, esta frase tiene cada vez más sentido. Al principio iba semanalmente porque estaba en una etapa de supervivencia, como le llamaba Juan a ese momento en el que me encontraba; vivía en mi eterno retorno de hacer las mismas estupideces siempre, y sólo lograba materializar lo básico: tener dinero para comer, dormir -aunque a veces padecía de insomnio-, y tener un espacio para asearme. Juan Mendoza, es la versión más cercana que he encontrado a aquella mítica figura llamada Don Juan Matus, el indio yaqui del libro de Carlos Castaneda.

Después, comencé a freelancear y a ganar un poco más de dinero; rompí con dos relaciones tóxicas, una era mi noviazgo, la otra una amistad en la que me sentía obligada a no ser yo. Comencé a publicar algunos de mis textos en revistas como la de la UNAM y Tierra Adentro, espacios donde siempre había querido hacerlo, porque mi tirada es la literatura; escribo.


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Ahora estoy en un taller de Fundamentos de Espiritualidad y de Conciencia, también con Juan Mendoza. Es un taller intenso —y si este no fuese un medio público, lo llamaría de otra manera—, pero digamos que es un taller para valientes. En las primeras tres sesiones yo no me abría, no me involucraba, no me dejaba vulnerar con los ejercicios y las actividades. Digamos que las casi ocho horas que duraba: observaba e intentaba entender a mis compañeras y compañeros, pensaba en los problemas de mis padres y de mis familiares, en lo “jodida” que me habían dejado, en mis amigas y sus conflictos, e imaginaba la manera en que yo iba a lograr hacerlo todo —mi vida— de una forma distinta. Según yo.

Desde hace más de siete años he buscado todo tipo de respuestas en los libros. He leído literatura y filosofía, historia, y ahora hasta psicología. Creyendo que así voy a tener las herramientas para explicarme por qué no logro hacer lo que imagino, por qué he caído en depresiones tan severas, e incluso he tenido ganas de matarme. Lo logré. Obtuve mis respuestas. Después de tantos años de andar balbuceando ahora puedo dar una explicación coherente a lo que me pasa y definir la que soy. Sin embargo, esto no necesariamente me ha ayudado a estar verdaderamente. Juan me ha tenido que forzar a dejar “mi dialéctica” fuera de la sesión de terapia pues, obviamente, no he logrado nada, más que repetir bellos discursos sobre mi condición humana. Porque domino cierto uso del lenguaje, principalmente cuando hablo de mí.

Juan Mendoza me ha enseñado a sentir lo que siento. Y esto no está nada fácil. He aprendido a no reprimirlo. Él es el que ha dado con el verdadero clavo. Ha abierto la llave del dolor y ahora me doy cuenta. Puedo sentir con claridad el miedo que me lleva a querer huir todo el tiempo, a no querer ser parte de la realidad y encontrar las maneras de no estar, porque duele.

En la cuarta sesión del taller de Fundamentos, creyendo que le hacía un favor a Juan cuando nadie en la sesión se animaba a hacerle una pregunta, dije cualquier cosa, y él hizo un comentario que tenía que ver con mi ego, no lo dirigió hacia mí, pero caché la indirecta. Tal vez lo hizo conscientemente, tal vez lo hizo inconscientemente, lo que sé es que: cuando algo te choca, te checa. Desde ese momento me quedé callada y sentí como una bola de esas del desierto que ruedan con el viento se me atoró en la garganta; y cuando salimos a comer, me solté berreando. Yo, la resistente. 

cuales son los beneficios de llorar

Antes me molestaba llorar, creía que era una consecuencia de mi mal estado emocional. Ahora conozco cuáles son los beneficios de llorar: dadas las circunstancias de donde vivo y de lo que me rodeo, hacerlo es lo más sano que hay. En la Ciudad de México, con la cantidad de estimulación que se vive, con la información que tenemos a la mano, y sólo tratando de ser parte: llorar es la medicina. Estamos viviendo en una época muy caótica, violenta y, por lo tanto, muy dolorosa. Llorar, llorar y no dejar de llorar, es lo que he aprendido, hasta que todo el caño del dolor de tu alma se termine drenando.

Tengo tres meses viviendo en un departamento con otra norteña, yo también soy norteña. Y como yo, esta mujer es una pistola para expresarse aunque, contraria a mí, mi compañera es muy ruidosa. Se despierta con música, rapea en alemán, habla horas por teléfono, grita, se muere de la risa, fuma marihuana, fuma tabaco, ama las drogas. Es una bomba. Y por eso, comencé a sacarle la vuelta, a pensar en ella como una pobre mujer sobre estimulada, necesitada de atención, quien anda buscando pretextos para expresarse, pero ¿cómo era? Exacto: si te choca, te checa. 

De no ser por la terapia, por el taller, por mi continuo esfuerzo de no hacer responsables a los demás de mi propio dolor y sufrimiento: me di cuenta. Soy idéntica a mi compañera. Yo no grito, no rapeo, no hablo por teléfono, no me muero de la risa, no fumo marihuana, no fumo tabaco y odio las drogas. Pero soy silenciosamente expresiva. Escribo en un blog, en Twitter, en varios cuadernos, en donde pudiera estar gritando, me gusta bailar y cuando bailo, me gusta que la gente me vea, como también cuando hablo, me gusta tener toda la atención para mí, me gusta tomar alcohol, y mi silencio, aunque es real por fuera, es lo contrario por dentro. Por eso no aguanto a mi compañera. Porque todo lo que ella expresa hacia fuera yo me lo trago hacia dentro. No está fácil aceptarlo. Llevo 10 meses en terapia, llevo tres meses viviendo en este departamento y en el que, según yo, estaba soportando a mi compañera, cuando realmente es a mí misma a la que estoy soportando. Si te choca, te checa, es lo que dicen, y hasta ahora me doy cuenta.

por que es bueno llorar

Comparto los datos del terapeuta para aquellos y aquellas valientes que estén dispuestos a entrarle a un verdadero proceso de reconocimiento: Juan Mendoza, psicoterapeuta e instructor. Teléfono: 5549226256

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Juan Mendoza, psicoterapeuta e instructor

http://www.psicoterapiayconciencia.com

5549226256

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