Bug chasers: el peligroso juego sexual en el que intentan contagiarse de VIH
Estilo de vida

Bug chasers: el peligroso juego sexual en el que intentan contagiarse de VIH

Avatar of Rodrigo Ayala Cárdenas

Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

3 de agosto, 2017

Estilo de vida Bug chasers: el peligroso juego sexual en el que intentan contagiarse de VIH
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Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

3 de agosto, 2017


Como medio de diversión, el peligro representa una de las mejores opciones para los adictos a la adrenalina. Aquellos que corren autos a grandes velocidades y saltan fuera de ellos antes de una colisión contra otro carro o algún muro, buscan sortear el peligro para obtener una satisfacción inigualable. Una nueva modalidad de deporte extremo que cada vez acapara más la atención mediática consiste en escalar obras gigantescas en construcción (casi siempre rascacielos) a través de andamios o grúas hasta llegar al punto más alto de las mismas. Este deporte clandestino ha ganado popularidad entre intrépidos jóvenes de Europa y es conocido como skywalking. Vadim Makhorov y Vitaly Raskalov, de origen ruso, son dos de los skywalkers más famosos del mundo. Entre sus hazañas está haber escalado la Torre de Shanghái, con una altura de 632 metros, tras esquivar todas las medidas de seguridad.



Otros prefieren buscar el peligro en el terreno sexual y a costa de su salud. Para ser más específicos, lo hacen en orgías clandestinas donde personas sanas (bug chasers) se mezclan con infectados de VIH (gift givers). Su objetivo es vivir en carne propia el riesgo de quedar infectados, a lo cual también se le conoce como el juego de la “Ruleta rusa del sexo” o “Ruleta rusa del SIDA”. La mayoría de las veces los participantes son hombres con preferencias homosexuales.


Bug chasers: el peligroso juego sexual en el que intentan contagiarse de VIH 1


Los bug chasers saben perfectamente el riesgo que están corriendo y eso es lo emocionante para ellos. No ven en la enfermedad algo negativo, al contrario, es su oportunidad de quedar infectados y no tener que preocuparse nunca más por protegerse. Ellos aclaran que su propósito no es precisamente quedar infectados, sino vivir la arriesgada y excitante experiencia.


La manera en la que los bug chasers contactan a los infectados es por medio de chats clandestinos donde solicitan participar en orgías de hasta 30 personas en casas o clubes privados. El único requisito para formar parte de este acto es no usar condón y, obviamente, tener contacto con cualquiera de las personas ahí reunidas.



La emoción de desconocer quiénes y cuántos de los allí reunidos están sanos o enfermos es inigualable para los bug chasers. El intercambio sexual comienza sin saber en qué momento una persona sana está mezclando sus fluidos con los de un enfermo de VIH. La filosofía de esta práctica se refleja en las palabras de un participante anónimo que prestó la siguiente declaración a un medio radiofónico: «Mi sexualidad es importantísima y no me quiero resignar a vivir el resto de mi vida con un preservativo puesto. ¿Qué alternativa tengo? Infectarme. Y cuanto antes me infecte y antes me trate y mantenga una carga viral indetectable, antes dejaré de sufrir por si me infecto».


Bug chasers: el peligroso juego sexual en el que intentan contagiarse de VIH 2


En el documental The Gift (2003), del director Louise Hogarth, se exploran las implicaciones de buscar infectarse de VIH, así como las causas que hay detrás de dicha práctica y de tal pensamiento. El bugchasing es una forma de autolesionarse y explorar la excitación sexual de manera extrema. Es una especie de búsqueda sin sentido con el fin de elevar la tensión sexual.


«Me educaron en la cultura del sexo seguro y la abstinencia. Pero luego las circunstancias cambiaron muy rápido, igual que mis conceptos. Me metí en una misión suicida que me gustaba». Dice Doug, uno de los cazadores entrevistados en el documental.



Los expertos mencionan que en esta práctica se pueden situar dos grupos muy bien definidos: los hombres que sobrepasan los 40 años de edad y que deciden dejar de protegerse para vivir una sexualidad plena, libre de ataduras y mucho más emocionante. Por otro lado, jóvenes menores de 30 o 25 años que no ven peligro alguno en el VIH o que lo toman como un riesgo "natural" del sexo sin protección. Jesús J. de la Gándara, psiquiatra y jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, menciona que el perfil psicológico de los involucrados en esta práctica pertenece al de un adicto al peligro. Así como les gusta participar en relaciones sexuales riesgosas, pueden practicar deportes extremos o formar parte de apuestas elevadas, todo con tal de sentirse vulnerables y al límite.


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Cualesquiera que sean los motivos para llevar a cabo prácticas sexuales de alto riesgo –como el beso blanco o la ruleta del sexo– resulta incomprensible que una persona no quiera conservar su salud. Vivir una sexualidad sin límites, restricciones y responsabilidades es un argumento demasiado fácil y débil. La filosofía del vive deprisa y muere joven a menudo se malinterpreta y tal vez la verdadera razón para arriesgarse tanto sea el desinterés en informarse sobre las consecuencias de una enfermedad tan letal como el VIH.