Violencia y bullying, razones por las que las aulas son un lugar peligroso para los niños y adolescentes LGBT+

Resulta preocupante que 72.2% de los estudiantes manifiestan que alguna vez escucharon comentarios homofóbicos por parte de sus profesores.



De acuerdo al Instituto Nacional para la Evaluación de Educación, la existencia de una convivencia armónica en los centros escolares es una condición básica para la enseñanza y el aprendizaje:


“… ningún estudiante que sea víctima de prejuicios y discriminaciones puede aprender con serenidad. Si hacer una pregunta o responderla despierta burlas, el alumno se callará. Si el trabajo en equipo lo sitúa en el blanco de segregaciones, preferirá quedarse solo en un rincón. Si las buenas notas suscitan la agresividad o la exclusión basadas en categorías sexuales, confesionales o étnicas, evitará tener éxito” (Perrenoud, 2004; p. 127).


Todas las formas de violencia en la escuela, incluyendo el acoso escolar, infringen los derechos fundamentales a la dignidad, integridad, educación y a la no discriminación que están protegidos en la Constitución General y en diversos tratados internacionales suscritos por México (Suprema Corte de Justicia de la Nación, 2015). Ningún país puede alcanzar una educación inclusiva, equitativa y de calidad si los alumnos experimentan violencia en la escuela. La violencia escolar hace referencia a los actos, procesos y formas de relación mediante los cuales un individuo o un grupo dañan intencionalmente a otro y violan su integridad física, social o emocional dentro del edificio escolar o en los alrededores (INEE, 2018; p. 247). El bullying es una forma de violencia escolar que consiste en todo acto u omisión que de manera reiterada agreda física, psicoemocional, patrimonial o sexualmente a una niña, niño o adolescente, realizado bajo el cuidado de las instituciones escolares, sean públicas o privadas (SCJN, 2015).





Actualmente, a nivel mundial, se estima que 246 millones de niños y adolescentes sufren violencia escolar y bullying cada año (UNESCO, 2017). En México, 20% de los estudiantes de 15 años declara sufrir acoso escolar, superando la media (19%) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, lo que lo convierte en uno de los países donde el alumnado experimenta más bullying; 41% de los estudiantes que son frecuentemente víctimas de malos tratos informan sentirse sin sentido de pertenencia a la escuela y el 14% afirma no estar satisfecho con su vida (OCDE, 2017).


Si bien es cierto que ningún estudiante está exento de sufrir violencia y bullying en su paso por la escuela, los niños, niñas y adolescentes cuya orientación sexual, identidad o expresión de género no se conforma con las normas de género tradicionales, presentan mayor riesgo de padecer este tipo de situaciones y parece ser la forma de violencia más común en los centros educativos (UNESCO, 2015). Es importante precisar que no existe nada en la orientación sexual o en la identidad de género que haga per se vulnerable a un estudiante. Más bien, esta situación obedece a la perpetuación de estereotipos denigrantes de lo que es una persona LGBT+, alimentada por discursos que patologizan todo aquello que se sale de la heteronormatividad, y que lo asocian con la perversión, con la enfermedad mental, con el pecado, con lo anormal, con la promiscuidad. Con frecuencia, en el trasfondo de la discriminación que es parte del acoso escolar está la homofobia que se activa en presencia de estudiantes no heterosexuales, o ante quienes se asume o se percibe que no son tales, tanto hombres como mujeres: muchachos de apariencia afeminada o muchachas de apariencia masculina (UNESCO, 2015).





Investigaciones con diversos abordajes y metodología, realizadas en los últimos años en países de América Latina dan cuenta de la existencia de la violencia hacia el estudiantado LGBT+ en el sector educativo. Tal es el caso de la Segunda encuesta nacional sobre violencia escolar basada en la orientación sexual, identidad de género y expresión de género (Coalición de Organizaciones contra el Bullying por Orientación Sexual, Identidad o Expresión de Género en México et al., 2017), cuyos resultados indican que el 84% de los estudiantes LGBT de México son víctimas de acoso verbal; 35% experimenta acoso físico; 78.2% fueron objeto de rumores malintencionados; 73.7% se sintió excluido deliberadamente por otros estudiantes; 44.5% informó ser víctima de acoso sexual; 34.2% sufrió robos o daños en sus bienes personales y 34.5% experimentaron ciberacoso. El temor al rechazo lleva a que sólo el 54% de los estudiantes del colectivo lésbico, gay, bisexual, transexual y transgénero han dado a conocer su orientación sexual a sus compañeros. Resulta preocupante que la mayoría de los estudiantes (72.2%) manifiestan que alguna vez escucharon comentarios homofóbicos y lesbofóbicos por parte de sus profesores u otro personal de la escuela.


La institución educativa debería ser uno de los núcleos para la formación de individuos en la democracia, la equidad, la participación, el respeto a la diferencia, fenómenos todos necesarios para la construcción de la paz. Desafortunadamente, como señala la UNESCO (2015), la homosexualidad y transexualidad son temas poco o nada debatidos en las aulas del mundo, pese a que se sabe de la existencia de “minorías sexuales” y que éstas padecen discriminaciones. Ello redunda en la falta de capacidad de las escuelas y de los docentes para interpelar a sus alumnos a construir sentidos de pertenencia inclusivos que les permitan aprender a vivir juntos.





En este escenario, existe la necesidad no sólo de una educación sexual libre de prejuicios, sino de conceptualizar nuevas estructuras e intervenciones de formación y sensibilización que luchen contra la discriminación y violencia hacia las y los jóvenes LGBT. Estas intervenciones pueden estructurarse a través de campañas dentro y fuera de la escuela, pero inevitablemente también deben ser difundidas por medio de un cambio general de comportamiento en la sociedad. El primer paso en esta dirección debe iniciarse en la esfera política, tanto a nivel nacional e internacional, que conduzca hacia el reconocimiento legal de las parejas sin importar su orientación sexual. En el contexto escolar, es imperativo incluir discusiones con los docentes, asegurar una adecuada preparación del profesorado en relación con la diversidad sexual e integrar la educación sexual en el currículum (Elamé y Boaretto, 2013).


La adopción e implementación de políticas e intervenciones formativas en la lucha contra la homofobia tiene múltiples efectos positivos sobre la sociedad civil. En primer lugar, la discusión apropiada de los temas contribuye a enfrentar argumentos que aún son considerados tabús, permitiendo a las y los jóvenes LGBT vivir su orientación sexual e identidad de género sin el temor de ser estigmatizados como “diferentes”. El ser capaz de expresar la propia identidad es un aspecto importante del desarrollo de los adolescentes. Para los adolescentes que pertenecen a la población LGBT+ específicamente, ser abierto acerca de su orientación sexual o identidad de género no sólo puede mejorar la experiencia en la escuela a la que pertenecen, sino que contribuye al bienestar positivo. En segundo lugar, en el mundo heterosexual, aumentar la sensibilidad sobre la diversidad sexual puede ayudar a que los adultos comprendan la homosexualidad y que reconozcan que una persona lesbiana, gay, bisexual, transexual y transgénero es, en primer lugar y antes que todo, un ser humano con dignidad.





Referencias

-Coalición de Organizaciones contra el Bullying por Orientación Sexual, Identidad o Expresión de Género en México et al., (2017). Segunda encuesta nacional sobre violencia escolar basada en la orientación sexual, identidad de género y expresión de género.

-Elamé, E., y Boaretto, A. (2013). Recommendations for the struggle against discriminatory bullying. En Esoh E. (coord.), Discriminatory Bullying. A new Intercultural Challenge (pp.371-388). Italia: Springer.

-INEE (2018). La educación obligatoria en México. Informe 2018. México: INEE.

-OCDE (2017). Resultados de PISA 2015. Bienestar de los alumnos. México.

-Perrenoud, P. (2004). Diez nuevas competencias para enseñar. Barcelona: Grao.

-Suprema Corte de Justicia de la Nación (2015). Semanario Judicial de la Federación.

-UNESCO (2015). La violencia homofóbica y transfóbica en el ámbito escolar: hacia centros educativos inclusivos y seguros en América Latina. Chile.

-UNESCO (2017). School violence and bullying. Global Status Report. France. UNESCO.


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El texto anterior fue escrito por Israel Haro Solís.


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¿Qué es en realidad una "familia normal"? Tal vez si discutimos estos conceptos de lo que es normal y lo que es diferente, podamos ayudar a combatir la violencia y discriminación.




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