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ESTILO DE-VIDA

No importa cuántos años hemos vivido juntos, casarme contigo sigue siendo mi ilusión

El vestido blanco y jurarnos amor eterno; quiero llegar contigo al altar.

No importa cuántos años llevamos viviendo juntos compartiendo todo como una pequeña familia. No importa que ya tengamos hijos o que nuestras invitaciones siempre sean para más de uno. No importa si tengo mucho de conocerte o nuestra relación ya no es algo nuevo. Casarme contigo sigue siendo mi ilusión. 

¡Qué gran emoción vestirme de blanco! invitar a mi mamá, a mi abuelita, a tu mamá y tu hermana a elegir el ideal. Verme al espejo y que me caiga el veinte de que llegó el día que más esperaba. Sé que en nuestra historia no pasó como la tradición lo manda pero para ser sinceros, sucedió mucho mejor y puedo decirte completamente convencida que eres el hombre con el que quiero estar el resto de mi vida. 

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Llegar de la mano de mi padre y verte con tu madre al final del pasillo sigue llenando mi corazón de emoción. Estoy ilusionada, no importa si ya sé cómo duermes ni cómo te gustan los chilaquiles los domingos, yo sueño con planear nuestra boda en compañía de toda la familia, tuya y mía... nuestra. 

Elegir los colores de la fiesta, buscar nuestros anillos, probar el menú en el salón y elegir la iglesia. Quiero que planeemos quiénes serán nuestros padrinos, quién se sentará con quién en la fiesta, cuál será nuestra primera canción como esposos y ¿por qué no? que nuestros hijos nos acompañen hasta el altar. No importa que nuestra familia ya no sea de dos, lo importante es esto que ambos sentimos: querer una bendición. Planearlo, ahorrar, probar, elegir y disfrutar al máximo el día que lleguemos al altar. 

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Sé lo que pueden pensar muchos, al vivir juntos ya no es necesario o ya no tendremos boda; pero nosotros no. Tenemos un sentimiento tan fuerte que quiere vivir ese momento. Una ceremonia donde nos juremos amor eterno y prometamos, frente a Dios, cuidarnos y respetarnos todos los días que nos queden de vida. Sí, se me enchina la piel solo de imaginar la marcha nupcial cuando entre a la iglesia, ver a todos nuestros familiares en las bancas con una sonrisa viéndonos en nuestro tan esperado día. Caminar de la mano de mi padre es algo que siempre he soñado, ver las lágrimas de mamá y la emoción de mi hermano. Muero por ver tu reacción al verme vestida de novia y plasmar por siempre en mi memoria cuando te vea al final del pasillo.

Sin duda será un momento muy especial lleno de complicidad, amor y aventura, porque hemos vivido muchas y planeamos cientos más, ya sabemos cómo es vivir juntos pero eso es lo que menos importa, aquí se trata de un fuerte sentimiento y otra aventura más: nuestra boda. Así, solo con nombrarlo me llena de emoción. Nuestra ceremonia, nuestra fiesta, nuestro día. Sé que algunos están confundidos con nuestros títulos, ¿cómo llamarnos? ¿novios? no porque ya viven juntos, ¿esposos? no porque no están casados, ¿pareja?... Pues quiero decirte que el título es lo que menos me importa, soy completamente tuya y sé que tú eres completamente mío, el único título con el que puedo llamarte es sin duda: el amor de mi vida. Te amo, futuro esposo.

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