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ESTILO DE VIDA

Le dije adiós a mi gran amor porque no queríamos las mismas cosas

A veces no basta con estar enamorados, si en las metas importantes no son compatibles.

Cuando llegas a los 30 muchas metas que parecían lejanas en tu vida empiezan a acercarse, y aunque siempre me ha gustado mantenerme lejos de lo convencional en el plano personal, llegó un momento en el que me cansé de juegos y empecé a desear una pareja estable con quien compartir mi vida.

Nunca he creído que exista una manera correcta de vivir las relaciones amorosas, respeto a los que creen en el matrimonio y a los que quieren vivir solteros para siempre, solo que en mi caso, me encuentro en un punto en el que descubrí que sí quiero establecerme con alguien y quizá en algunos años tener hijos.

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Por eso cuando conocí al que fue mi novio por cinco años y quien se convirtió en la persona a la que considero como mi gran amor, llegué a ilusionarme a tal grado que creí que podríamos establecernos y formar algo más serio.

Nuestra relación se fue desarrollando poco a poco, pero él fue especial, ya que por primera vez en mi vida tuve un noviazgo que no era tóxico, con un hombre que me respetaba, me cuidaba, no me celaba, me daba mi espacio, era divertido, me entendía, y además era respetuoso con lo nuestro.

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Jamás me sentí tan feliz, segura y entendida en un noviazgo, no podía creer que después de años de relacionarme con tipos que solo me traían tormentos, infidelidades y hasta violencia psicológica, al fin podría experimentar algo sano.

Aunque como en cualquier relación de pareja las cosas a veces no eran color de rosa, nuestras peleas jamás rebasaron un límite y eran muy ocasionales. El problema llegó cuando yo empecé a querer avanzar a niveles como vivir juntos o hablar de nuestro futuro más estable, y él no pensaba igual.

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Siempre me decía que me amaba, pero que aún se sentía muy joven para establecerse de esa manera, además de que era una realidad que no creía en el matrimonio y tampoco quería tener hijos nunca, incluso ya se había hecho la vasectomía.

Este tipo de discusiones sobre el futuro de nuestro noviazgo me fueron decepcionando, y aunque aún teníamos muy buenos momentos, llegó un punto en el que me empecé a cuestionar si era sano quedarme ilusionada o con la esperanza de que algún día cambiaría de opinión sobre el matrimonio y los hijos, o si lo mejor era alejarnos, tener un buen recuerdo y no terminar odiándonos.

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El final llegó pronto, y aunque los dos sufrimos mucho con la decisión que tomamos, nos dimos cuenta que fue lo mejor, ya que él no estaba dispuesto a sacrificar los ideales que tenía, y yo no dejaría atrás mi deseo de ser mamá y encontrar alguien con quien establecerme.

La despedida fue muy dolorosa, pero siempre me quedará el recuerdo y la satisfacción de haber conocido a un hombre que me dio una relación extraordinaria, aunque nuestros caminos al final no fueron compatibles.

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