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ESTILO DE-VIDA

Me ignorabas en la escuela y ahora quieres estar conmigo

Cuando éramos niños me dabas la espalda, ahora es mi turno de decirte que no.

Sufrí mucho cuando era pequeña. En la escuela hablaban de mi aspecto y se burlaban, sin temor y frente a mis ojos, de cómo lucía en la primaria a mis escasos 10 años. Una niña chiquita con un corazón del mismo tamaño que no entendía por qué era blanco de bullying. Mi madurez aún no era capaz de canalizar los comentarios para que no me importaran. Los escuchaba, se quedaban atormentándome la mente y sí, me lastimaban. Conforme fui creciendo me preocupé más por mí, por mi aspecto físico y dicen mis tías que la adolescencia me sentó bien. Luzco diferente, tanto que ahora tu interés volteó a verme. Y no, tú siempre me ignorabas en las escuela y eras uno de esos niños que aplastaban mi autoestima. Ahora que tú quieres estar conmigo es mi turno de darme la vuelta y decirte que no.

Fueron años complicados. Mientras veía grupitos de niños y niñas divirtiéndose yo me quedaba a un lado, sentada en la banca, viendo cómo su infancia era totalmente feliz mientras la mía dolía. Nunca me invitaron a jugar y claro que tenía muchas ganas de hacerlo. Tampoco me atreví a pedirlo por temerosa y tener el autoestima en los suelos. Tenía miedo que me rechazaran o que se burlaran si no terminaba siendo muy buena. Nunca lo supe porque nunca lo intenté. Cuando los maestros pedían que eligieran sus equipos yo era la última, la que estaba en un equipo porque no quedaba otra opción, la que sobraba. Quizá para ustedes siempre fue un chiste y me recuerden muriendo en carcajadas, pero mientras tanto, yo vivía apartada de todos, hasta de mis sueños, deseos y gustos. 

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Influyeron mucho en mi estado de ánimo. Había días donde me sentía mejor que otros pero no faltaban las burlas que me hacían caer de nuevo. Podrías pensar que estoy exagerando pero en realidad no es así. No estás en la posición de opinar porque definitivamente no viviste ni un poco de lo que yo pasé. Me rompían el corazón todos los días. 

Ahora que lo recuerdo me pregunto, ¿cómo es posible que los niños puedan ser tan crueles? ¿quién nos enseñó a burlarnos de los demás? me asusta y alerta para que, si en algún momento tengo un hijo, intentar criarlo con bases de honestidad, perseverancia pero sobre todo: amabilidad y empatía. 

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Pero ahora que mi cuerpo ya no es el mismo, que mi cara luce diferente y que incluso mi seguridad y autoestima han mejorado, vienes a decirme que quieres estar conmigo, luego de años, luego de millones de intentos por sanarme y trabajar duro por mí y solo para mí. Llegas con una actitud hasta rogona a pedirme que salgamos. Un café, una ida al cine o hasta ir por mí al trabajo para regresarme a casa. 

Podría ser mi momento para lastimarte como tú y los demás lo hicieron en mi infancia, pero ¿sabes qué? yo no soy ese tipo de persona cruel y despiadada. Simplemente te digo que no. Porque no supiste ver el corazón de una niña y el valor que tenía más allá de su físico. Quizá no sea tu culpa, quizá así te educaron o en alguna parte de tu entorno lo aprendiste. Pero yo tampoco tengo la culpa y en mi mente y corazón está tu mirada burlona en aquellos años donde yo no podía defenderme. 

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Hoy te digo no. Tú no. Porque yo merezco a alguien que no le importe una apariencia física que defina el supuesto amor. Llegará alguien a mi vida que pueda ser cariñoso, dulce y sobre todo educado y amable con todas las personas sin importar tallas, edades, marcas o color de piel. Hoy me toca llenarme de toda la autoestima que he ganado y recordarte cómo me ignorabas en la escuela y hoy vuelves, te tengo aquí, queriendo estar conmigo.

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