Cómo sobrevivir entre sexo y drogas por más de 48 horas

viernes, 4 de agosto de 2017 19:08

|Olympia Villagrán






4 horas


Para ese momento la mayoría ya cruzó algunas palabras y en el lugar ya no cabe una persona más. Las drogas comienzan a pasar de mano en mano y algunos no pierden tiempo en elegir a su primer pareja sexual.




8 horas


Casi todos han consumido una cantidad de estupefacientes considerable, por lo que el pudor y la responsabilidad es lo último que a estas personas –la mayoría hombres homosexuales– les importa.






12 horas


En los cuartos adaptados para tener sexo de todas las maneras posibles se van repartiendo los invitados; por el piso y los sillones hay ropa, vasos, jeringas y charolas de cocaína en desorden.





16 horas


Es difícil distinguir quién es quién, por lo que comienzan a besarse, masturbarse y deleitarse entre todos hasta borrar los límites de la corporalidad. Por un momento las drogas pasan a segundo plano y lo primordial se centra en llegar al orgasmo, una y otra vez.







20 horas


Evidentemente, en 20 horas nadie se ha preocupado por la posibilidad de contagiarse de alguna ETS durante este arriesgado juego, por lo que el uso de preservativos ni siquiera se toma en consideración. La música abruma y excita a los jugadores, bailar y disfrutar es lo único que importa.



24 horas


El cansancio, la euforia y la alteración de los sentidos provoca que los participantes se arriesguen cada vez más. En el afán de sentir más y mejor, ellos comienzan a experimentar con prácticas BDSM y otras formas de placer.






28 horas


La saliva, el sudor, semen y otros fluidos corporales empapan alfombras, sillones y camas. El lugar se cierra de manera hermética enclaustrando la oscuridad, los gemidos y el éxtasis.





32 horas


Una segunda ronda de drogas de todo tipo recorre cada sala. Con la intención de prolongar las erecciones de los participantes –así como su placer– algunos desconocen lo que consumen y la cantidad que se administran.





36 horas


El declive comienza: algunos dormidos y exhaustos, otros lesionados por las largas horas de sexo y una parte completamente fuera de sí y el control de sus acciones. Esa mezcla de excesos provoca que –poco a poco– algunos pierdan el conocimiento, o bien, que la agresión se desate.



40 horas


Sólo los más experimentados logran llegar a las 40 horas completamente despiertos. Sin ropa, zapatos y con la intención de llevar su placer al límite, algunos aceptan ser sometidos, lastimados y –obviamente– penetrados por hombres que desconocen por completo.





44 horas


Comer para retomar energía, dormir para recuperar la noción o tomar agua para reactivar el sistema es algo que no sucederá. Aprovechar hasta el último minuto de su estancia en este lugar es lo único en las mentes de quienes disfrutan del chemsex.




48 horas


Los químicos en sus cuerpos de nuevo comienzan a perder su efecto; la ansiedad, confusión y ese deseo imperante de obtener satisfacción sexual lleva a algunos a consumir más viagra, cocaína, éxtasis y otras drogas para que el sexo nunca se detenga.



Así es como los practicantes del chemsex sobreviven entre sexo y drogas por 48 horas. Esta práctica, la cual no es para nada un mito y menos una fiesta exclusiva de las orgías de la época romana, es una modalidad que en lugares como España se ha popularizado entre homosexuales. La gravedad del asunto radica en que durante el último año médicos y profesionales sanitarios aseguraron que esta moda es la principal responsable del aumento de enfermedades de transmisión sexual (el 25 % para ser exactos).



Durante estas largas sesiones de sexo y drogas sin freno ni protección el riesgo de contagiarse de VIH u otra enfermedad queda de lado. No obstante, los grupos de hombres –y en ocasiones mujeres– que disfrutan de consumir drogas para tener sexo durante días, están creciendo. «Hace un par de años empezamos a entender que estábamos ante un problema que va adquiriendo unas dimensiones preocupantes », sostiene José Luis Blanco, consultor del servicio de infecciones del Hospital Clínic.



Aunque no se tienen cifras exactas sobre el chemsex, sí se reconoce que la práctica está incrementando el contagio de gonorrea, sífilis, hepatitis A y, por otra lado, el riesgo de sufrir una sobredosis. Entre las drogas que se consumen durante estas rondas interminables de coito están la metanfetamina, la mefedrona y el GHB; pero también están la cocaína, el éxtasis, popper y –por supuesto– el viagra.



Sobrevivir entre sexo y drogas por más de 48 horas no es tan difícil; la parte realmente dura viene después, justo cuando un lunes por la mañana todos despiertan desnudos, con dolor de cabeza, náuseas o ansiedad, sin la certeza de lo que sucedió las 48 horas anteriores y con la posibilidad de haber contraído alguna enfermedad mortal.

Olympia Villagrán

Olympia Villagrán


Editor

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