Estilo de vida

Cinco tipos de paranoia y su posible cura

Estilo de vida Cinco tipos de paranoia y su posible cura



"Es mentira lo que tú crees de ti".

Ricardo Castillo

Vivimos en una sociedad narcisista que tiende a volver paranoicos a sus habitantes, exponiéndolos a altas dosis de tensión y estrés psíquico. Como lo afirmaría el psiquiatra Enrique González Duro, en una de las obras más imprescindibles para comprender este padecimiento: "Hay que tener presente que la paranoia no es un problema orgánico, genético o constitucional, sus principales síntomas residen en los valores disfuncionales de nuestra cultura" (La paranoia. 06). Por lo tanto, no es de sorprender que la mayoría de los habitantes de las grandes ciudades tengamos algo de paranoicos.

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Pienso en la paranoia como un anticuerpo, efecto muy parecido al que provoca la fiebre. Este anticuerpo contrasta el miedo social que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida: ya sea una mirada, un comentario o cualquier tipo de reacción por parte de las demás personas, comprometen nuestra seguridad en nosotros mismos, convirtiéndolos en una respuesta frente a la hostilidad del mundo. La paranoia no puede ser controlada, es algo que se siente y rebasa nuestras predisposiciones. No todos los paranoicos son iguales, algunos pueden vivir su vida normal siempre y cuando sus alucines no afecten a las personas que le rodean; a diferencia de un esquizofrénico, el paranoico tiene un pleno dominio de sí mismo, logra concebirse como un ser individual, capaz de pensar, sentir y actuar por sí solo; el esquizoide no tiene esta percepción del "yo", él no es dueño de sus acciones y cree que el exterior lo controla por medio de fuerzas invisibles o telepáticas, pierde toda estabilidad emocional y por ende se vuelve inestable, agresivo. Para el paranoide, guardar en secreto de sus más profundos pensamientos es la única forma de pasar desapercibido. A diferencia de los esquizofrénicos, los paranoicos se comportan como gente normal dentro de una sociedad totalmente delirante.

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Aun así, las actitudes paranoides por excelencia son la individualidad y la desconfianza hacia los otros, no importa si se trata de familiares, amigos o desconocidos. Un paranoico siempre está a la defensiva y le importa mucho lo que piensen de él, divagan entre lo que pueden llegar a hablar a sus espaldas. El paranoide viaja por el mundo ocultándose bajo las apariencias de estar plenamente saludable, aunque por dentro sufra un intenso estrés psíquico. Las causas más notables de este padecimiento son la inseguridad y la baja autoestima, los deseos frustrados o sueños inconclusos, todo esto provoca la paranoia.

Este padecimiento ha llegado a ser clasificado en varias tendencias. A continuación te presentaremos las más famosas, debido a que gran mayoría de la gente lo comparte.

Delirio de persecución

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Duro nos dice que este tipo de delirio llega a convertirse en parte de la condición del ser humano cuando rebasa los límites de la realidad y su figuración parece evidente en el entrono. El delirante se siente perseguido o que forma parte central de un complot tramado en su contra, percepción que deviene del exterior y cuyo núcleo es él mismo, aunque nadie lo esté persiguiendo en realidad. Hay casos en que este padecimiento va más allá, el delirante cree que la televisión, la radio o algún libro está comunicándose con él bajo signos evidentes, cree que le hablan desde otro lugar. Tienden también a creer firmemente que las demás personas le pueden leer la mente. Ni siquiera en sus pensamientos se sienten a salvo y eso modera sus actitudes, afecta sus emociones y con el tiempo modifica su conducta. El delirio de persecución se desplaza bajo una lógica de coherencia interna sobreexcitada; hace que los pensamientos deriven en el mundo de lo posible. Y aunque en el fondo el delirante sepa que está en un error, no siempre le es fácil deshacerse de un pensamiento en cuanto lo ha reafirmado como parte de su vida cotidiana.


Megalomanía 

Megalomanía

Está conformada por los paranoicos con delirios de grandeza. Es común que estas personas se sientan únicas y no les importen los demás a su alrededor, incluso llegan a denigrarlos, sintiéndose superiores. Muchos de ellos piensan que son mártires, artistas geniales, inventores extraordinarios, revolucionarios peligros, grandes reformadores del orden y la justicia, santos o incluso dioses. Creen firmemente que han sido elegidos, enviados a cumplir una misión importante, sienten que ellos son la clave para cambiar al mundo. El megalómano en realidad cree en sus fantasías narcisistas, que con el tiempo se convierten en agudos delirios, pueden llegar a creerse reencarnaciones de personajes históricos, tales como Napoleón o Jesucristo y toda su vida la vislumbran llena de señales que confirman esas sospechas. Incluso llegan a negar sus familiares, quejándose de haber sido adoptados durante su infancia; que el mundo en el que viven no es en el que deberían estar. Son dueños de un discurso de salvación y esperan que un día el mundo los recompense por su sacrificio. La megalomanía representa la intensa necesidad de ser salvado de la nada.

Erotomanía (delirio erótico)

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Es cuando un paranoico confabula explicaciones acerca del porqué el otro no puede estar a su lado. Hay gente que se llega a enamorar de gente famosa o perteneciente a una clase social más alta, y aunque en realidad el famoso(a) ni siquiera sepa de su existencia, el paranoide de este tipo cree que su amor es sólo posible a la distancia. No se le puede convencer de lo contrario, al intentar hacerlo, sólo se propicia que el erotómano reafirme sus sospechas y suponga que el mundo entero se opone a la unión con su amor lejano. Esta gente tiende a creer que los famosos se comunican con ellos, enviándoles mensajes que sólo ellos pueden revelar como reales declaraciones de amor. Son propensos a pensar que el otro corresponde sus sentimientos, pues tienen una gran necesidad de sentirse amados.

Somático (delirio hipocondríaco)

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Duro aseguraría que "uno de los rasgos típicos de un paranoide es su progresiva tendencia hacia la 'centralidad': se ven a sí mismos como el centro de atención de los otros. El mundo se llena de significaciones autorreferenciales, por lo general de carácter negativo y él se siente aludido por cualquier cosa que suceda a su alrededor". Este delirio pertenece más al campo de los defectos físicos y las enfermedades en las que el paranoide cree estar enfermo, envenenado o deforme; pero siempre debido a causas externas, es decir: culpan a los demás de sus padecimientos inexistentes. Llegan a sentir dolores, a padecer verdaderos síntomas de enfermedad, lo cual ellos mismos provocan con el pensamiento, hasta convertirlos en fuertes estados de delirio.


Celotípico (delirios pasionales)

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Es el más común de todos los delirios paranoicos y se da sobre todo en personas que está cruzando por una crisis pasional con su pareja. El delirio puede llegar hasta los extremos más desbordantes, sospechando, levantando intrigas, desconfiado, sintiéndose inseguros; creen que su amante los está engañando con otra persona, y con base a sus sospechas, llegan a descubrir indicios o señales irrefutables. Diría Duro: "El pensamiento celotípico es rígido e incorregible: los delirantes no tiene en cuenta las razones contrarias, sólo recogen datos, signos que reafirman cada vez más sus sospechas". Los celotípicos no pueden evitar proyectar en su mente dichos pensamientos, una vez que se ha perdido la confianza en la otra persona, los delirios pasionales tienden a agravarse. Existe una distorsión interpretativa de los acontecimientos que suceden alrededor de una relación, hasta el punto en que se vuelven insoportables en la mente paranoica. 

Consejos para lidiar con la paranoia

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Para empezar, es mentira que no existe cura para la paranoia sin la necesidad de introducirse a un tratamiento psiquiátrico. Debemos descartar a toda costa que un paranoico está loco, ésta es una de las más peligrosas falacias que pueden existir en el ámbito del psicoanálisis. La paranoia es un estado recurrente en el que el individuo debe aprender a vivir; internar a un paranoico en un manicomio puede ser contraproducente, pues ahí agravarán sus estados de tensión psíquica hasta el punto de volverlo realmente esquizofrénico. El médico psiquiatra, dice Duro, "debe darse cuenta que se encuentra ante un ser humano extremadamente atemorizado, que trata de ocultar su miedo tras la cortina de humo con actitudes hostiles; prefieren herir antes de ser heridos".

Aunque la paranoia sí tiene cura, sobre todo en sus comienzos, es difícil saber en qué está pensando un paranoico; si te está siendo sincero o no a la hora de acercarse a él. No se le puede convencer de que está en un error, tampoco podemos demostrarle con base a la lógica que nada de lo que él cree es correcto; sólo tenemos la opción de lograr que confíe más en sí mismo, brindándole confianza, platicando con él, pues esta es la única manera de contrarrestar su sistema delirante. Por ningún motivo debe catalogarsele como un loco, al contrario, debemos exhortarlo a vivir lo más normal posible, y el secreto yace en fingir que creemos en cada una de sus palabras, utilizando la psicología a la inversa: haciéndole creer que está en lo correcto. Así, la paranoia contrasta consigo misma, pues "ni el propio delirante está convencido de que su pensamiento sea completamente cierto, como lo indica el hecho de que siempre está buscando 'pruebas' que certifiquen sus creencias". Debemos tener en cuenta que estamos frente a personas muy inteligentes, con un agudo sentido de auto-crítica, el cual se ha debilitado, pero que puede resurgir, brindándoles seguridad. Sólo aceptando al paranoide como persona y levantándole su autoestima derrumbada, brindándole la confianza de ser escuchado, su deliro comienza a desvanecerse. La persona cada vez irá confiando más en sí misma y logrará darse cuenta de que aquello que antes pensaba era una simple tontería, puede que incluso terminen sintiéndose avergonzados de su antiguo pensamiento. "Se debe estimular en el paranoico su sentido de la responsabilidad, adormecido bajo el narcisismo infantiloide, y la conveniencia de ejercitar una auto-crítica propia de una persona adulta".

No malinterpretes las intenciones de la gente que te rodea, es posible que sólo estés cruzando por un trance paranoico. El mejor medio para romper con esa inseguridad es comunicándole a los demás tus verdaderos sentimientos o pensamientos. La paranoia es una mala ilusión y es pasajera.

Fuentes:

*González Duro, Enrique. La paranoia. Delirios persecutorios, de grandeza y otras locuras de los cuerpos. Ediciones temas de hoy. Col. Fin de siglo/18. Madrid, 1991.

*Deveraux, George. Los desordenes etnicos. Barral Ediciones. Barcelona, 1971.











Referencias: