
Este suave y esponjoso amigo -que por cierto también es conocido como “pan de burro” ya que en un inicio se transportaba en el lomo de este animalito- es originario de Tlaxcala. Lo encontramos también con el nombre de “pan de correa” o “pan de pueblo”. Se cocina en un horno de piedra con leña y se elabora con huevo, harina, leche, nata fresca y nuez, ingredientes que le dan un característico y peculiar sabor. Se envuelve en hojas de zapote y se guarda en huacales de madera. En algunas zonas del país también es elaborado con pulque.
Obvio, como en todo, con el paso del tiempo algunas personas han ido modificando la receta de este delicioso panecillo, y ahora existen versiones con sabores como: nata, nuez, canela, vainilla o ate, las cuales, por cierto, suenan muy ricas.
Una de las bondades de este pan es que conserva su frescura durante varios días, por lo que facilita a turistas poder comprar y llevar de regreso a casa sin que se haga duro. Eso sí, dicen que el secreto para que dure es que tiene que estar forzosamente envuelto en hoja de árbol de aguacate, ramas o huacales.
Es muy común ver este pan en las ferias de pueblos del centro del país, sobre todo en el mes de enero. Típico de los carritos en donde también puedes encontrar conchas enormes, rollos de ate, empanadas enormes de arroz con leche y hasta pizza casera.
¿Apoco no se te antoja un buen pedazo de este pan con un café de olla bien calientito? Supongo que tendremos que darnos una vuelta por la feria de Tlaxcala para probar todas las variedades de pan que hacen en el estado.
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