Cómo fue el día que empezó a gustarme alguien que no eras tú

Cómo fue el día que empezó a gustarme alguien que no eras tú

Por: Kate Nateras -

Abrí mi corazón porque ya me había curado de ti, porque ya no me atormentabas y tampoco me lastimabas.

Cuando decidí irme de ti pensé que no me recuperaría, pensé que no volvería a enamorarme, al menos no como lo había estado de ti, que no volvería a sentir todo eso que sólo tú me hacías sentir. Pensé que nadie me provocaría cosquillas en la pancita, que nadie me emocionaría a la hora de escribirme, que nadie me escucharía ni me entendería. Que nadie escucharía sobre mis libros favoritos o notaría las pecas de mi nariz. Pensé que nadie volvería a gustarme después de ti.

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Llegó cuando menos lo imaginé, por un amigo, de hecho, o el destino o la vida, no lo sé; vino y sacudió todo con tanta fuerza que sonreí. Entre gente, ruido y nervios me dijo que ya nos conocíamos, yo no tenía ni idea y le dije mi nombre sólo para confirmar que se lo grabaría. Él me dijo el suyo. Mala idea, ahora sueño con él casi todas las noches. Mientras le di mi atención y mi sonrojo, mi ilusión y mi esperanza. No pensé en ti ni un segundo.

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Las charlas se alargaron hasta la madrugada, me hacía reír; me di cuenta de que era listo y muy observador. No pensé en ti ni un segundo. Nos volvimos a ver dos, tres, ¿cuatro veces más? No lo sé. Sólo sé que notó el tic de mi pierna, que miraba mis ojos y sabía que me ponía nerviosa. Él sabía que en mi mente, más que ponerle atención, lo abrazaba con fuerza y mi aliento estaba en su cuello. Bromeó dos, tres, ¿cuatro veces más? Tampoco lo sé. Pero me besó. Los labios a los que no estaba acostumbrada, que eran desconocidos, que eran diferentes me besaron y, ¡Dios, qué bien se sintió! Entre roces en los labios me decía lo bien que me veía, le creí, le creí a eso y a más; le creí a sus manos en mi cintura, a sus caricias, a sus abrazos, a su respiración y a él. Él que no era tú, y, ¡Dios, qué bien se sintió!

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No, no buscaba tapar tu vacío porque lo tapé desde hace mucho tiempo antes con todo el amor que me di para sanar. No, tampoco buscaba suplantarte porque lo hice antes conmigo misma. No, no buscaba que alguien tomara tu lugar porque ese lugar ya ni siquiera existía. Abrí mi corazón porque ya me había curado de ti, porque ya no me atormentabas y tampoco me lastimabas. Abrí mi corazón porque quería que él estuviera dentro de él, porque no estaba bien negarme a la idea de volver a amar, volver a sentir.

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¿Cómo fue el día que empezó a gustarme alguien más? Duro. Antes tuve que reponerme, que dejarme llevar, que sanar, que dejarte ir. Y no, no fue fácil. Lloré, debo confesarlo. Lloré noches. Lloré tardes. Lloré hasta limpiarme de tu recuerdo. Antes tuve que limpiar mi casa, ésa donde habitabas y en la que habías dejado un reverendo desorden. Antes tuve que volver a regar las flores que habías dejado marchitas. Antes de él, tuve que estar conmigo. Así fue como empezó a gustarme alguien que no eras tú.

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No fue gracias a él, fue gracias a mí que me di cuenta de que tenía que gustarme yo y quererme a mí, para que pudiera gustarme alguien que no eras tú, y, ¡Dios, qué bien se sintió!

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