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Por qué una vida llena de experiencias y conocimientos demuestra que no existen las malas decisiones

1 de diciembre de 2017

Miranda Villalobos

Si regresas con tu ex y si fue peor haberlo hecho, ¿qué podría pasar? Nada. Piénsalo: aprendiste a arriesgarte y encontraste un cierre

En cualquier momento de decisión, lo mejor que puedes hacer es lo correcto, la mejor cosa siguiente es lo incorrecto y lo peor que puedes hacer es nada
—Theodore Roosevelt


Podría decirse que esta es la generación que cree que tomar una mala decisión es perder el tiempo. ¿Y por qué lo hace? Dicha pregunta puede ser contestada de maneras distintas: desde la perspectiva psicológica, filosófica, antropológica y sociológica, por ejemplo, cada una de ellas con una visión diferente que se entreteje la una con la otra. En todo caso, esta generación cree que tomar una mala decisión es perder el tiempo y sus representantes suelen hacerse preguntas todo el tiempo como: "Si regreso con mi ex, ¿cometeré un error? Si tengo sexo con esta persona, ¿me arrepentiré después? ¿La carrera que estoy estudiando es la indicada para mí? ¿Debería comprar este par de zapatos aunque termine la quincena sin dinero? ¿Viajo o trabajo?". Asimismo, se contestan todas estas preguntas pensando que terminarán tomando una mala decisión o una impulsiva. En ese sentido, podría decirse que la mejor opción es dejar de pensar que se está tomando una mala decisión o cometiendo un error, pues ningún cuestionamiento es en realidad una mala decisión. El sustrato de este debate colectivo y personal, enmarcado en lo sociocultural y generacional, quizá demuestra que una vida más plena y rica en experiencias y sabiduría hecha por el suelo esa idea de que las malas decisiones existen.



Si regresas con tu ex y si fue un error haberlo hecho, ¿qué es lo peor que podría pasar? Nada. Piénsalo: aprendiste a arriesgarte y encontraste un cierre para lo que no te dejaba dormir por las noches, lo que se resume en una forma genuina de paz. Y eso, queridas lectoras y lectores, es lo que "una mala decisión" te puede dejar a cambio.

De acuerdo con la filosofía, el ser humano percibe por medio de la experiencia, la cual proporciona conocimiento, certeza, libertad y autonomía. En ese sentido, la experiencia supone que lo experimentado no es un fenómeno transitorio, sino un hecho que amplía y enriquece el pensamiento.



Esto va ligado a tomar malas decisiones. Para ilustrar esta idea, piensa en ese momento cuando te preguntas si estás en la carrera indicada para ti y de repente... la cambias. Entonces las cosas no salen como esperabas. Recuerda que no es fácil, tomaste la decisión mediante la experiencia que tuviste en la carrera no indicada para ti. Eso no lo hace una mala decisión, sino una ganancia en conocimiento y libertad, que el tiempo convertirá en una buena decisión, dejando frutos a futuro.



Este argumento es aplicable a otras circunstancias y contextos. Cuando pienses que te arrepentirás de tener sexo con una persona equis, ye o zeta, en el fondo no lo harás, pues como ser humano habrás liberado el “deseo” y lo agradecerás. De igual forma sucede cuando compras esos zapatos que con tu esfuerzo de día tras día en el trabajo te ganaste, o ese viaje que realizarás o ese puesto laboral en el que te quedas a pesar de que no se corresponde —por ahora— con tu idea de la vocación, el progreso y tu identidad. Todo se resume a una ecuación de experiencia y conocimiento, que da como resultado vivir. El poema "The Road Not Taken", de Robert Frost, aborda esa idea de una manera peculiar, sin el ánimo de darte respuestas. Tal vez deberías hacerle más caso a tus dudas y dejar de buscar desesperadamente respuestas.



Y sí, es preciso insistir en que hay momentos que exigen tomar una decisión. Con ello puedes hablar de tu destino o verlo como quieras. De hecho es parte del proceso y, por más que quieras, no podrás eludirlo. Pero en fin, a menos que se trate de un asunto de vida o muerte, como decidir —en una situación hipotética y extraña— beber entre un vaso de agua y uno de cianuro, por sólo dar un ejemplo, en realidad no hay malas decisiones o al menos no deberían tener ese matiz o estigma que al final, con sus consecuencias, te nublan la vista y no te permiten ver el panorama completo. Las decisiones son simplemente decisiones: unas distintas a las otras. Y todas tienen sus beneficios, aunque de entrada no lo parezca.

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Si has decidido deconstruir la idea del amor romántico, entonces te recomendamos los siguientes poemas de John Keats que le puedes dedicar a tu pareja.

TAGS: Psicología Filosofía Consejos
REFERENCIAS:

Miranda Villalobos


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