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Consejos para lidiar con tu soledad y por fin entiendas que es sólo un estado mental

5 de diciembre de 2017

Cultura Colectiva

La soledad te permite estar en contacto contigo mismo, brinda tranquilidad y paz, pero también despierta sentimientos de tristeza y dolor

Entre las preocupaciones más comunes de las personas, sin duda alguna se encuentra la de encontrarse solas. Esta situación o modo de vida suele estar estigmatizada o, por razones lógicas, ligada a algo negativo. Después de todo, hay razones científicas por las que la soledad podría matarte. Pero no todo está perdido. Si bien es cierto que Lady Gaga puede ayudarte a superar la depresión y la soledad y tal vez aprendas algo de Bohumil Hrabal, el escritor que encontró en los libros el escape perfecto para el dolor y la soledad, lo ideal es que comprendas su doble naturaleza. Como bien lo expone el psiquiatra y psicoterapeuta Demián Bucay en su libro Mirar de nuevo: enfoques y estrategias para afrontar conflictos (Océano, 2015), la soledad no es más que un estado mental.



Todos temen enfrentar al fantasma de la soledad. Pocas perspectivas atemorizan más a las personas que encontrarse completamente solas, incomunicadas y separadas de los demás. Esto se traduce principalmente en la idea de carecer de vínculos afectivos, de padecer la ausencia de otro con quien compartir la intimidad y sumirse en el desasosiego en el olvido. Pero ¿qué es lo que hace que la soledad a veces sea tan difícil de soportar? ¿Por qué produce esa angustia tan profunda para la que a veces no se halla ningún consuelo?

En primer lugar, en un nivel básico y biológico, la soledad en nuestra especie es percibida como una amenaza para la supervivencia. Para los antepasados de los seres humanos, el aislamiento era un estado peligroso, por lo que era indispensable permanecer en grupos y así satisfacer las necesidades básicas: alimento, refugio y protección. La soledad, antes que todo, se relaciona con tabúes y ritos "primitivos", que obligan de cierta manera a fortalecer la unión con otros y disuaden en gran medida de que te separes de otras personas.



En segundo lugar, la soledad inquieta porque, aun en el mundo de hoy, en el que es rebatible la necesidad de relacionarse con otros para cubrir aspectos vitales, los nexos afectivos siguen siendo de suma importancia. Ello es evidente en los casos de niños sin padres que son alimentados y cuidados por personal médico: sobreviven, pero no se desarrollan adecuadamente. Claro está, esos vínculos interpersonales no acaban al iniciarse la adultez. De hecho en esta etapa de la vida la soledad y su contraparte son un eje emocional de gran trascendencia. En gran medida, la identidad de las personas se construye en relación con sus vínculos con los demás. Como lo expuso Aristóteles: aquel que puede vivir fuera de la sociedad es un dios o una bestia.



Al ser parte de la naturaleza humana una inclinación existencial hacia construir relaciones y vínculos emocionales, físicos y afectivos, no es ninguna sorpresa que la soledad afecte proporcionalmente la psique y la estabilidad de las personas. Sin embargo, aunque a menudo cuesta aprenderlo, para vivir bien es tan necesario transitar momentos de profunda soledad así como momentos en compañía de otros. Ambas son experiencias ineludibles en la vida de una persona y si, en función de evitar la inseguridad o la angustia que generan, haces a un lado cualquiera de ellas, tu vida se verá limitada en gran medida.

La soledad es un problema para quienes se sienten aislados y para los que deben correr de un lugar a otro en busca de compañía para no encontrarse ni un segundo con el malestar que les produce estar solos. El objetivo sería entonces poder pasar con fluidez de estar solo a estar acompañado.



La soledad presenta una doble naturaleza: por un lado te permite estar en contacto contigo mismo, brinda tranquilidad, paz y un espacio esencial para la reflexión, la imaginación y la creación. Por otro despierta sentimientos de tristeza y dolor que te empujan a relacionarte con otros, a salir de tu zona de confort y de tus propias fronteras. Cada uno de estos aspectos expresa un deseo humano que se contrapone con el otro y que intentas equilibrar: deseo de individuación, de establecer límites, de diferenciarte. Es, en resumidas cuentas, un deseo de relajar esos límites, de disolverte en el otro, de ser uno con el mundo.

No es gratuito que esa doble faz de la soledad en la naturaleza humana esté expuesta en todos los grandes mitos y en las historias de héroes y profetas. En todos se puede encontrar un periodo de soledad, una retirada del mundo de los hombres que concluye con un retorno para actuar entre ellos bajo una nueva forma.

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La soledad, como ha sido demostrado, no es necesariamente un proceso negativo. Por el contrario, puede ser beneficioso para fortalecer herramientas emocionales y cognitivas, esenciales para que una persona se integre, viva y funcione en sociedad con una identidad y propósitos propios. En el peor de los casos tu soledad puede ayudarte a curarte el insomnio.

TAGS: Psicología Soledad Consejos
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