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Deseo mimético: por qué cuando estás soltera nadie se te acerca

26 de octubre de 2017

Alonso Martínez

Explicar el deseo mimético puede ser complejo, pero al mirar nuestras propias relaciones es posible considerar que sea una realidad.



They always offer when there's loads of love around.

But when you're short of some, there's nowhere to be found.


—"No Buses", Arctic Monkeys


Pasas meses estando sola, o quizás años... y nadie te voltea a ver. No te sientes con energías de buscar una relación y estás bastante segura de que nadie aparecerá. Cuando alguien se te acerca pierde interés inmediatamente y así hasta que te rindes y decides no buscar más a ese absurdo amor del que todos hablan. Pero cuando finalmente llega alguien digno de tenerte a su lado, no todo es felicidad: por alguna razón no sólo aparece una persona, sino varias. Aquellos intereses amorosos por los que rogaste durante meses aparecen justo en el momento en el que decides entrar en una relación seria; entonces no puedes evitar decirle al mundo:


¡¿Qué carajos?!



¿Por qué carajos cuando queremos a alguien no aparece nadie y cuando ya tenemos a un amor, cientos de ellos salen de entre las cloacas?


Durante mucho hemos tratado de justificarlo a través de la Ley de Murphy, la cual dice que «si algo malo puede suceder, así sucederá», y hemos pensado que el Universo hace que cualquier cosa nos salga mal; sin embargo, puede que no sea así y que nosotros mismos somos los que causamos ese tipo de problemas.



El crítico, historiador y filósofo René Girard desarrolló una teoría literaria que afirma que detrás de esa tragedia amorosa que vivimos a lo largo de nuestras vidas existe un elemento que muchas veces no podemos controlar. El autor, que se encargó de estudiar algunos de los trabajos más importantes desde el siglo XV, llegó a la conclusión de que en gran parte de las novelas de Albert Camus, Marcel Proust, Fiodor Dostoievski y hasta Miguel de Cervantes existía un patrón constante en cuanto a las relaciones. En todas existía un conflicto "triangular" entre el protagonista y dos personajes más, quienes lo motivaban a enfrentar distintas problemáticas y descubrirse como un ser independiente.



Es decir, en algunas de las obras estudiadas por Girard, el personaje principal desarrollaba sus motivos a partir de los deseos de otra persona —no a partir de sí misma, como suele creerse—. El autor asegura que el deseo de los protagonistas deriva a partir de la añoranza o de lo que posee alguien más. Por lo tanto, si el mejor amigo tiene un interés amoroso, el personaje desarrollará un interés no sólo por el hecho de tener una relación, sino incluso por tener la misma relación que posee su conocido. Esto no sucede sólo en el aspecto afectivo, sino en el económico, social y hasta político, y es de donde nacen gran parte de las historias de la época romántica y las posteriores.



Mientras que Platón y Aristóteles mencionaron que los individuos se influenciaban unos a los otros, Girard lo llevó más lejos diciendo que la forma en que se imitan es a partir de sus deseos. Esto no sólo aplica en parientes o amigos cercanos, sino en cualquier persona que se aproxime a los personajes, y es lo que hace que se conviertan en rivales o enemigos. Tan sólo en Crimen y Castigo de Dostoievski, Raskólnikov, el protagonista, tiene una fuerte crisis sobre sus deseos por su extrema aproximación y empatía con las demás personas. Al carecer de recursos económicos, felicidad o un propósito definido se rehúsa a aceptar que tiene envidia de la "fantasía" en la que viven los demás y proyecta esa misma inseguridad en el resto de las personas.


«El deseo mimético hace que nuestro interés amoroso proyecte sus deseos en otros individuos haciéndoles creer que también les gustarían las características positivas que tenemos».




Entonces veámoslo desde el plano real...


Cuando nos encontramos solos, no existe un objeto de deseo. No existe una "triangulación" ni nada qué desear de una tercera persona, y al no existir un ser interesado en nosotros, no existe un conflicto, más que el propio. No hay una mimetización, ya que la situación carece de "jugadores". Al no ser el objeto de deseo de nadie, no hay una forma en que se genere una conexión positiva.


Sin embargo, al aparecer una persona, digamos, un interés amoroso (llamémoslo Individuo 1), alguien más, una tercera persona (Individuo 2) puede observar el deseo que tenga el Individuo 1, "absorbiendo" en cierta forma sus intereses y deseos, lo que provoca, inevitablemente, que sienta deseo por nosotros. El Individuo 2 mimetiza con el 1, y así puede suceder con más gente.



Recordemos que esto es sólo una teoría y funciona principalmente en personajes literarios. Pero aun así es posible verlo reflejado en nuestra vida diaria. Por alguna razón cuando nos encontramos solos, nadie puede ver las cualidades o los atributos que pueden atraer a una persona, pero cuando alguien aparece el deseo mimético hace que nuestro interés amoroso proyecte sus deseos en otros individuos haciéndoles creer que también les gustarían las características positivas que tenemos.


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La frase «cuando estoy sola, nadie me quiere, pero cuando tengo a alguien, todos me desean», es tan común que se ha convertido en un chiste, sin embargo, podría explicarse de manera lógica con esta teoría. Aunque es sólo un análisis antropológico y literario por parte de Girard, podría tener sentido. Los humanos nos desarrollamos a partir de nuestros deseos y posiblemente éstos estén influenciados por los de otros. Sólo esperemos siempre tener a alguien que nos desee para que, gracias a la mímesis, el amor nos rodee y nunca más estemos a solas.




TAGS: Amor Desamor Relaciones de pareja
REFERENCIAS:

Alonso Martínez


Editor de Cine

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