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Razones por las que discutir sobre arte es una forma de romance

20 de junio de 2018

Cultura Colectiva

Cuando no se encuentran las palabras oportunas, no se puede hacer otra cosa que buscarlas en el arte de alguien más.



“—No puedo creer que lo hayas cambiado otra vez.

—Lo cambié un poco… lo estoy tocando de la forma que Busoni lo hubiera hecho si hubiera alterado la versión de Liszt.

—¿Y qué tiene de malo la versión de Bach?

(toca la versión de Bach en el piano, termina y aclara): —Ese es el joven Bach, dedicó esa pieza a su hermano…”


Esta escena de Call me by your name encuentra a los protagonistas en una forma de dilema: Elio, que está sentado frente al piano, toca una pieza de Bach a pedido de Oliver. Pero no lo hace de cualquier forma. Después de todo, ha sido su sujeto de deseo quien le pidió, conociendo el detalle, mostrar una parte vital de su intimidad: la música. Toca la pieza "Capriccio" como si Busoni hubiera alterado la interpretación que Liszt hizo de Bach. Lo puede hacer. Elio pasa todos los veranos con su familia en un pueblo italiano. Aunque allí no beben vodka como los personajes de Chejov, el sosiego y la contemplación obligan a que cosas como la música y los libros recuperen lo que a veces nos quita la inercia cotidiana. La variación de Bach hace sonreír a Oliver; lo interpela, mide su interés por la situación que creó. Ahora, da un paso más: "¿y qué tiene de malo la versión Bach?", pregunta. Si bien Oliver quiere dejar en claro que es a Bach a quien quiere escuchar, en verdad, excusada en esa petición, está subrepticia su verdadera fascinación: ¿por qué el interés de Elio en la música en primer momento? ¿Por qué le gusta Bach? ¿Y por qué alterarlo?





En esta situación la música les sirve como excusa para que ambos exploren su impresión mutua. Las idas y vueltas que genera el perspicaz tacto de una charla sobre arte relucen cosas que una conversación sobre el clima no haría. Es que el arte nos interroga. No somos gentiles al escuchar una canción o al ver una película, entramos a ellas con el ánimo del día y con las experiencias internas que nos llevaron a él. Y empatizamos. La universalidad representada en una obra contiene las vivencias y sentires colectivos, esta sugiere agruparnos, y a la misma vez nos individualiza. Nos habla de un tiempo, que es el nuestro, y de las características comunes que este tuvo y que logró atravesar también a la más distante de las personas en años y espacio. O también una obra puede disgustar. Y tal cosa encierra algo más que ser una opinión: es la negación espiritual e intelectual sobre tal forma de expresar o percibir. Y es esto lo que negociamos o atesoramos al discutir sobre arte. No es sólo una preferencia personal, sino mostrar aquellas formas que entendemos íntimas.


Con esta forma de compartir el conocimiento y delimitar su génesis, podemos decir que hay una diferencia entre la reflexión intelectual y la erudición. Aquella es una posición, ante todo, política, desvestida de la experiencia personal en cuanto esta, por lo general, no aporta al argumento; mientras que la erudición combina el conocimiento con la intimidad. No habla de un saber que busca una verdad de todos, sino que suele ser la fundamentación de la nuestra propia. Erudición hace referencia a lo intelectual, pero también nos habla de una relación particular y, por lo tanto, diferente con el conocimiento; lidia con el paso del tiempo. Tiempo como años vividos y experiencias, como la posibilidad de una relación intimista con el saber. Nos permite ya la reflexión y distinción —de las que hablábamos anteriormente— entre lo colectivo que se vuelve individual. “Pinta tu aldea, y pintarás el mundo”. Y es esta la naturaleza reveladora de compartir nuestra erudición. Es la ocasión para el descubrimiento íntimo entre las personas, comparable a la sexualidad o la convivencia.





En Call me by your name la estadía de Oliver es de sólo algunas semanas. El romance se construye a sabiendas de esto.

Elio termina de tocar la pieza para Oliver: “ese es el joven Bach, dedicó esa pieza a su hermano”. Este último comentario hace la situación mucho más especial. "Capriccio sopra la lontananza del suo fratello dilettissimo" fue compuesta por Sebastian Bach ante la inminente partida de su hermano al ejercito del rey Carlos XII de Suecia. En sus seis movimientos, la obra de Bach expresa la persuasión que, junto a sus amigos, hacen a su hermano para que se quede. Le recuerdan los peligros de abandonar un lugar conocido y adentrarse a tierras extrañas. Un lugar a donde no lo pueden acompañar. Después sigue el lamento y la despedida, la partida es inminente. Para el último movimiento, la pena ya está resuelta. Oliver y Elio toman lo que pueden de la narrativa casual que la pieza hace de su situación. Con suerte los llevará al mismo lugar. Cuando no se encuentran las palabras oportunas, no se puede hacer otra cosa que buscarlas en el arte de alguien más.


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El texto anterior fue escrito por Franco Laborde.


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