Egon Schiele, la tragedia erótica
Estilo de vida

Egon Schiele, la tragedia erótica

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Por: mon_copi

20 de marzo, 2014

Estilo de vida Egon Schiele, la tragedia erótica
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Por: mon_copi

20 de marzo, 2014

Encuentra este artículo en Sabotage Magazine en su edición de abril.

Quizá no hubo mejor movimiento artístico que el expresionismo en el que pudo insertarse Egon Schiele (Tullin, Austria, 1890), pintor y dibujante austriaco con una vida marcada por la tragedia. Pero sin ésta y los sinsabores que sucedieron a lo largo de su carrera, probablemente su práctica estilística no hubiera tenido el impacto que lo reconocería como uno de los más grandes nombres en el expresionismo austriaco.

schiele


Schiele vivió sólo 28 años, pocos para un hombre a quien la vida le faltaba recompensar por el latente rechazo al que siempre se vio expuesto. En su madre encontró el reproche femenino por sus primeros dibujos; fue un incomprendido por sus cercanos quienes no podían entender la entonces retorcida genialidad que lo caracterizaría como hombre y artista. Cuando ingresó a la Academia de Viena, en 1906, para realizar estudios en artes plásticas sintió la indiferencia de la vida académica al ser rechazado por sus profesores.

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Estas experiencias sembrarían en el joven Schiele una tendencia hacia lo grotesco, monstruoso, demacrado y erótico, y que le servirían para fundamentar su estilo dibujístico intenso, gráfico, explícito y de cierta oscuridad, como su propia vida. Vivía junto a su familia encima de una estación ferroviaria, sufrió la enfermedad y el posterior abandono de su padre y, sumergido en el aislamiento a causa de la locura por la Sífilis de éste, los fantasmas de la muerte, la demencia y la sexualidad definirían sus primeros trabajos.

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Su padre muere en medio de la agonía, y el adolescente Schiele, con 15 años, presencia la pérdida. Este episodio aunado al padecimiento de su madre, también enferma de Sífilis, y su desventura por vivir entre las sombras en la “ciudad negra” alimentaron la naciente obra del pintor. Veía en sus padres la ambivalencia de la muerte; en su papá halló la manifestación de la vida que puede ser después de ésta y la expuso en su trabajo, mientras que en su madre reconocía el significado literal del término. Ambos marcados por la sexualidad.

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Pronto Schiele se sentiría atraído por las corrientes modernistas del Jugendstill, y particularmente por la obra del también austriaco Gustav Klimt, a quien conoció en 1907. Se autonombró el Klimt de plata, retomó de éste la exaltación de la figura femenina y en su “persecución” imitaba su firma y su estilo, principalmente, en la representación del desnudo. Klimt le tenía en gran estima, fue su mentor y quien lo introdujo en la escena artística de la época.

schiele


Un par de años más tarde convocaría a la más grande reunión artística en Austria con Internationale Kunstschau (1909) y conocería a importantes figuras como el crítico Arthur Roessier. En este momento su pintura daría el giro hacia el expresionismo, y su interés por el autorretrato se intensificaría.

autorretrato


De los autorretratos Schiele diría que son un intento por verbalizar lo retratado en sus pinturas. En estos dio forma a sus fantasmas y se eternizó como el niño de su madre: Yo, eterno niño, me he sacrificado por otros que me miraron y no me vieron. No he pintado fantasmas por placer, era mi obligación.

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El autorretrato es un acto que parte de la memoria y para la permanencia. Su existencia como medio para la propia representación poco tiene que ver con la percepción que la persona tiene de sí misma, sino con el inconsciente y la memoria histórica que devuelve en imagen lo que la persona es. El artista intenta novelar al yo, a sí mismo a través del autorretrato.

En su etapa madura la obra de Schiele rodea a la figura femenina con relación a la sexualidad y el erotismo desde la expresión gráfica del sexo, los genitales y posiciones sugerentes. Se puede decir que el pintor exorcizó su tragedia a través de violentar el cuerpo y el propio orden moral de la época. Destaca la crudeza y la estética descarnada de su obras claramente impregnadas de una sexualidad amenazadora que propone cuerpos en descomposición y una evidente obsesión por los genitales.

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En 1911 entabló una relación amorosa con una joven de 17 años, lo que lo llevaría a juicio acusado de corrupción de menores y encarcelado por varios años, además de sufrir la quema pública de alguna de sus obras. Durante su estancia en la cárcel, Schiele pintó 12 acuarelas desde su posición como víctima.

El legado de Schiele responde a su historia de soledad, tristeza, aislamiento y a una sexualidad anclada al lenguaje del cuerpo, a sus experiencias de incesto con mujeres de su familia y a la obsesión que sentía por maximizar el sexo femenino. La valoración de su obra es por la perfecta homologación de lo erótico, la sexualidad explícita y la representación de la propia degradación del hombre. En su producción de una centena de autorretratos indagó en la descomposición de su figura, característica que estaría presente en el resto de su obra pictórica; en estos representaba un estado de psicótico, altamente emocional que lo arrastraba a cubrir su necesidad de reconocimiento, pero desde lo patético y lo tétrico de su yo.

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Su relación con las mujeres se vio determinada por la sucedida con sus padres; pintaba a mujeres con posición en “v”, cuadros entre el temor y la provocación, distorsionadas y hasta grotescas. Hizo una declaración de rebeldía a través del sexo gráfico y la exploración de los instintos más primarios en el hombre. Esta desinhibición tratada en su obra le significó que fuera calificada como pornográfica, pero poco tenía de serlo mas que la exhibición fútil del cuerpo; la intención trascendía la representación, era un rechazo a la institucionalidad y academicismo del momento histórico.

cuerpo


En 1915 contrajo matrimonio con Edith Harms en los albores de la primera Guerra Mundial, de este periodo se reconoce un estado de mayor optimismo en su producción, que le duraría poco debido a la muerte de su esposa, entonces embarazada, a causa de una epidemia de gripe en Viena en 1918. Pocos días después, Egon Schiele también moriría por el mismo motivo.

Además de la obra que lo encumbraría, Schiele también cultivó el paisaje inspirado en la obra del pintor neerlandés Van Gogh, a quien rindió homenaje con la reinterpretación de algunas de sus obras más destacadas: "El dormitorio en Arles" y "Los girasoles".

 


Referencias: