Estilo de vida

El día que demostré que soy perfecto aunque no sea guapo

Estilo de vida El día que demostré que soy perfecto aunque no sea guapo




En esos placeres convivo, entre los que puedo obtener y los que no; en medio de la incertidumbre. Ahora, no importa si logré conquistar a una chica porque eso no me hace mejor persona ni tampoco me interesa ganar un millón de dólares, ya que el dinero no puede comprar mi satisfacción y tampoco la perfección.

Ésta es la historia de un hombre incompleto que pudo armarse en sus experiencias, se forjó de lo que era y no de lo que podía representar. Tampoco es la típica persona irreal que aparece como modelo en un spot comercial tratando de vender su cuerpo. No, no es alguien famoso ni una celebridad que tuvo sus cinco minutos de fama en un reality show. Éste soy yo, real y a la vez ficticio, tan contradictorio como perfecto e imperfecto, como el negro y el blanco, o la paz y la guerra; necesitando de ambos polos para ser un individuo íntegro y sin tabúes.

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No hay nombres en esta historia, sólo situaciones y experiencias que van haciendo de tu personalidad algo único e irrepetible. Por eso, mostraré cinco momentos de mi vida y diré porque me hicieron perfecto a mi manera:

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Esas fiestas donde no ligué

Hace no mucho tiempo iba a una fiesta pensando en que todo a mi alrededor era una jungla, todos bailaban y reían; sacaban su mejores pasos y al mismo tiempo coqueteaban, ligaban y despotricaban miradas lascivas a quien deseaban con fervor. Aquí hay que comprender que ese ambiente es como un planeta quizá más viciado de lo que parece y que cuando logras salir de aquella parafernalia, lo único que queda es tu esencia, lo que eres.

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Tal vez no conquisté a nadie y los demás sí lo hicieron, pero me tenía a mí y sabía que era perfecto a mi manera.


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El deporte: horroroso y hermoso

En otra ocasión también fui a hacer ejercicio, no me comparaba con el pelotón de músculos que con sudor pintaban las barras, pesas y demás máquinas que te prometen ese cuerpo escultural.  Otra vez mi bloqueo mental se esfumó y de estar arrepentido pasé a un estado de suma comodidad. Quizá no era el más guapo, fornido o talentoso en el ejercicio, pero tenía algo muy importante: confianza. Ese detalle me llevó a tener disciplina y como una cadena de eventos logré pertenecer a ese selecto grupo de gente que ama el deporte.

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Cuando bailé mal, pero aprendí a hacer música

En las reuniones familiares fui el hazmerreír y podría decirse que también me burlaba de mí mismo. Cuando todos bailaban, mi ritmo era igual al de Winnie the Pooh tratando de ser como Patrick Swayze en la película "Dirty Dancing". ¿Entiendes la contradicción? El resultado era una broma maestra, pero no todo terminaba ahí, no sería un tonto en la vida, así que aprendí la raíz de toda esa energía; primero fue la guitarra y luego manipulé mi voz. Hoy no seré el mejor cantante o guitarrista, pero seguro que puedo hacer bailar a más de uno.

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A la chica de mis sueños le gustaban mis bromas

Vamos con el baile una vez más. La chica de mis sueños estaba frente a mí –yo no sé ni aprendí nunca a bailar– y momentos antes de que ella me anime a salir a la pista dice: "un hombre que no baila, no es buen amante". Claro que fue una ofensa y a la vez un reto; sin embargo, el resultado fue un giro inesperado. Quizá no tenía los movimientos, pero sí las bromas, el carisma suficiente para hacerla reír a carcajadas y que olvidara mi increíble incapacidad de hilar el ritmo de una canción. No seguía sus pasos en la pista, sino en su mente.

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Aquel momento donde aprendí a no juzgar a las personas

Siempre llega un instante donde el mundo es pura causa y efecto. La gente lo suele llamar karma, prefiero mil veces tacharlo de contradicción –como todo lo que he señalado desde el principio–. En un inicio la vorágine tecnológica me pareció tan vacía y banal como lo señalaba Umberto Eco cuando decía que: "las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas..." No es justo juzgar a alguien cuando tú haces lo mismo; hoy todos estamos en el mismo barco, pero tú decides qué tan diferente, paciente y feliz eres con lo que tienes. 

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"El día que demostré que soy perfecto..." Yo sé que no soy el más guapo, pero soy perfecto a mi manera porque tengo muchas cualidades que no todos tienen. La realidad es que estamos en medio de eso, un viaje donde nos estructuramos a nosotros mismos y el nuevo AXE YOU te ayuda a reencontrarte con esas historias que quizá has perdido en el tiempo. Recuerda que #TÚTIENESLOTUYO, no importa qué defecto tengas, siempre hay un pero que vale muchísimo más la pena. Aprovecha tus grandes atributos, eso te diferenciará de los demás por siempre.







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Referencias: