Por qué tener bebés fue la peor tragedia de mi vida

¡Estás embarazada! Una frase que debiera ser la noticia más hermosos en la vida de una mujer. Sin embargo, es el inicio o la continuación de un episodio doloroso, traumático, violento o impuesto.

Saber que estás embarazada pareciera ser el inicio a uno de los episodios más hermosos en la vida de una mujer. Muchas veces yo misma he fantaseado con la idea de ver a una personita que sea una mitad yo y la otra mitad de la persona que más amo en el mundo.


Sin embargo, para muchas mujeres esta noticia es el inicio o la continuación de un episodio doloroso, traumático, violento o impuesto.


Una de esas mujeres, mi abuela Reve. Una mujer criada y educada bajo el esquema tradicional de esposa - madre - sirvienta, así, en ese orden . Una de esas mujeres que pertenecía a la generación de madres de familias numerosas, mujeres que pasaron la mayor parte de su vida embarazadas y que el único sentido de identidad que tenían derecho a desear giraba entorno a servir a otros.



Tras contraer matrimonio con mi abuelo a finales de los años 40, la joven pareja se instaló en una casita de lámina en la colonia Gabriel Ramos Millán, en aquellos años un llano sin caminos, luz ni agua. El abuelo trabajaba entonces en una compañía de fletes llamada Acme y le encantaba el pulque.


Los ingresos eran muy pocos para mantener una familia que llegó a contar con 10 integrantes, y la dieta de avena con agua podía durar semanas y hasta meses. La situación parecía agravarse, a pesar de que Reve se convirtió en la costurera de la colonia y que algunos de sus hijos empezaron a trabajar desde niños, como mi mamá que fue sirvienta en casa ajena desde los 7 años.



La afición del abuelo por la bebida lo transformó en una alcohólico violento y cada vez que se madreaba a mi abuela bastaba con perseguirla al día siguiente y rogarle para que volviera. Basta ver la serie de retratos de la abuela, donde una a una, su cara se endurecía por las tristezas de su vida y por los efectos de una parálisis facial producto del estrés.



El alcoholismo del abuelo y la pobreza tuvo efectos negativos severos en su familia. Sufrían de desnutrición, la violencia transformó su pensamiento y la falta de dinero le impidió a los abuelos ofrecerles buena atención médica a sus hijos. Es el caso de su hijo Ernesto, quien sufrió de epilepsia, la medicina que necesitaba no siempre la podían comprar. Decía mi abuela: “O le comprábamos la medicina o comíamos”. Ernesto murió con 18 años y los abuelos nunca superaron la pérdida.



Después de que él nació, Reve le pidió a su doctora que la ayudara a dejar de tener bebés, a lo que ella le contestó: "Si ya no quiere más bebés, duerma en camas separadas señora". Sin saber la violencia que se escondía detrás de esos embarazos.


El último bebé de Reve, Carlos, nació cuando mi abuela ya estaba instalada en los 40 y presentaba ya los síntomas de una osteoporosis prematura. Carlos nació con una malformación congénita y sólo vivió 30 días durante los cuales en palabras de ella, solo vino al mundo para llorar. En nuestra última charla al respecto, Reve me expresó lo culpable que aún se sentía por haber traído al mundo a ese niño.


Cuando leo comentarios en las redes en torno a la lucha por el aborto legal y se mencionan frases como “¿para qué abren las piernas?”, “pues por qué no se cuidan”, “están atentando contra la vida”, me queda claro que hace mucha falta darle visibilidad a historias como la de mi abuela. Porque este es un mundo donde se juzga desde la comodidad, el privilegio y la tradición.


El abuso y la violencia que sufrió mi abuela fue menospreciado hasta por su propia familia, pues como era su esposo eso no contaba como agresión sexual y como era pobre su vida valía menos. Abramos los ojos, que es tan culpable el agresor como el que lo mira y no dice nada, como el que se entera y lo justifica, como el que lo sabe y lo oculta.


Porque este aún es un mundo donde las mujeres son vistas como incubadoras de bebés, donde las mujeres que tienen sexo por placer son putas y las que se atreven a tomar decisiones soberanas sobre su cuerpo merecen morir.


Sueño con un mundo en donde cada bebé que nazca sea la mayor bendición en la vida de una mujer y no el yugo que deba arrastrar el resto de su vida.


Todas las imágenes de mi blog personal vía: https://cargocollective.com/abuelitasoytunieta



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