La razón por la que la depresión y la ansiedad te vuelven más propenso a enfermarte

La razón por la que la depresión y la ansiedad te vuelven más propenso a enfermarte

Por: Janeth Vásquez -

Las enfermedades provocadas por la ansiedad y la depresión son la prueba de que mente y cuerpo están más conectados de lo que imaginamos.


A menudo se ha dejado de lado la relación entre la mente y el cuerpo, así como la posibilidad de que esa relación tenga un efecto directo en nuestra salud o nuestra capacidad de sanar. Sin embargo, a medida que exploramos la extraordinaria interacción de energías entre los muchos aspectos de nuestra personalidad —nuestras necesidades, reacciones inconscientes, emociones reprimidas, aspiraciones y miedos— y el funcionamiento de nuestro sistema orgánico y su capacidad para autosostenerse, nos damos cuenta de lo sabio que es el cuerpo.

Para entender esta conexión cuerpo-mente, primero debemos reconocer que cuerpo y mente son uno. Por lo general, consideramos el cuerpo como algo que acarreamos —a menudo de bastante mala gana—, o como algo que puede dañarse con facilidad, que necesita ejercicio, comer y beber con regularidad, dormir durante cierto tiempo y alguna que otra revisión. El cuerpo resulta una gran molestia cuando se estropea, y entonces lo llevamos al médico creyendo que podrá arreglarlo, y cuanto antes mejor. Algo se ha roto, así que vamos a que nos lo arreglen, como si ese “algo” fuera un objeto inanimado, desprovisto de inteligencia. Cuando el cuerpo funciona bien, somos felices, nos sentimos vivos y llenos de energía. Cuando no es así, enseguida nos sobreviene el enfado, la frustración la depresión o una gran autocompasión.

efectos de la ansiedad y la depresión

No hay separación entre lo que ocurre en la mente y lo que ocurre en el cuerpo; no existimos de forma separada al cuerpo en el que tenemos existencia. El efecto de la relación cuerpo-mente es fácil de demostrar. Sabemos que sentirse preocupado o nervioso por algo puede hacer que tengamos el estómago revuelto, provocar estreñimiento o dolor de cabeza, o que seamos más proclives a sufrir accidentes. Sabemos que el estrés puede causar una úlcera o incluso un infarto; que la depresión y la infelicidad hacen que sintamos el cuerpo pesado y aletargado —entonces tenemos poca energía, perdemos el apetito o comemos demasiado, nos duele la espalda o tenemos los hombros rígidos. Por el contrario, la alegría y la felicidad aumentan la vitalidad y la energía; somos menos propensos a sufrir un resfriado u otra infección, pues el cuerpo está más fuerte y por tanto ofrece mayor resistencia. Sin embargo, este conocimiento de la relación cuerpo-mente podemos llevarlo más lejos y ver cómo abarca todos los aspectos de nuestra vida fisiológica y psicológica. Empezamos a entender que lo que nos ocurre físicamente es algo sobre lo que tenemos control, que no somos sólo víctimas de ello o tenemos que sufrirlo hasta que pase. Lo que experimentamos en nuestro cuerpo es parte integral de todo nuestro ser. 

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Este concepto de la unidad cuerpo-mente se basa en la creencia de la integridad de cada ser humano; es decir, que aunque existen muchos aspectos diferentes que conforman a la persona, estos aspectos no pueden aislarse unos de otros, sino que están en constante relación y siempre mantienen un profundo conocimiento mutuo. La trama cuerpo-mente refleja la armonía psicológica y somática: el cuerpo no es más que la manifestación de las sutilezas de la mente. “La piel no está separada de las emociones, o las emociones separadas de la espalda, o la espalda separada de los riñones, o los riñones separados de la voluntad y la ambición, o la voluntad y la ambición separadas del bazo, o el bazo separado de la confianza sexual en uno mismo”, escribió Dianne Connelly en Traditional Acupunture: The Law of the Five Elements. Esta completa unidad de cuerpo y mente se refleja en los estados de bienestar y enfermedad. La enfermedad nos indica que necesitamos detenernos, nos da la posibilidad de reencontrarnos con aquellas partes de nuestro ser con las que hemos perdido contacto. También pone en perspectiva asuntos como la importancia de nuestras relaciones o de comunicarnos. Aquí podemos ver en acción la sabiduría del cuerpo-mente: cómo la mente y el cuerpo se influyen y trabajan en conjunción.

efectos del estrés y la ansiedad

La transmisión de los mensajes desde la mente al cuerpo supone un intrincado sistema que se compone del flujo sanguíneo, el sistema nervioso y numerosas hormonas secretadas por las glándulas endocrinas. Es un proceso extraordinariamente complejo y regulado por la glándula pituitaria y el hipotálamo. El hipotálamo es una pequeña región del cerebro que regula muchas de las funciones corporales, como la temperatura o los latidos del corazón, así como el funcionamiento de los nervios simpático y parasimpático. En el cerebro existen numerosas fibras nerviosas que se unen al hipotálamo, y es así como este conecta la actividad emocional y psicológica con el funcionamiento corporal. Por ejemplo, el nervio vago del hipotálamo conecta directamente con el estómago, de ahí los problemas de estómago relacionados con el estrés o la ansiedad; mientras que otros nervios conectan con el timo y el bazo, que a su vez forman células inmunitarias y regulan la función inmunitaria en la sangre. El sistema inmunitario tiene una enorme capacidad de protección, al rechazar aquello que nos resulta dañino; pero también está supeditado al cerebro a través del sistema nervioso. Por eso se ve directamente afectado por el estrés psicológico. Cuando sufrimos un fuerte estrés de cualquier tipo, las hormonas que liberan las glándulas suprarrenales alteran la relación del sistema inmunitario cerebral, e incluso llegan a inhibirlo, lo que nos vuelve vulnerables a las enfermedades. El estrés no es el único factor capaz de desencadenar esta respuesta. Las reacciones negativas, como la ira prolongada o reprimida, el odio, el resentimiento o la depresión, además de la soledad o el sufrimiento intenso, pueden también inhibir el sistema inmunitario al estimular una producción excesiva de estas hormonas. 

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En el cerebro también se halla el sistema límbico, un conjunto de estructuras entre las que se halla el hipotálamo. Tiene dos grandes funciones: regular el funcionamiento autónomo —por ejemplo, en el equilibrio de los fluidos, la actividad gastrointestinal y la secreción endocrina— e integrar las emociones. Incluso se le ha llamado “la sede de las emociones” de la persona. La actividad límbica enlaza nuestro equilibrio y estado emocional con el sistema hormonal y endocrino, así que desempeña un papel principal en la relación cuerpo-mente. La fuente de alimentación de la actividad límbica y el funcionamiento del hipotálamo parecen provenir directamente de la corteza cerebral. Esta parte del cerebro es responsable de toda la actividad intelectual, incluidos el pensamiento, la memoria, la percepción y la interpretación. Será en la corteza cerebral donde sonará la alarma cuando exista cualquier forma de actividad percibida como una amenaza para nuestra vida. La señal de alarma afecta a la organización del hipotálamo y del sistema límbico, lo que a su vez afecta a la secreción de hormonas y a los sistemas nervioso e inmunitario. Cuando estos se ponen en alerta ante el peligro, es natural que el resto del cuerpo también se vea afectado, lo que causa rigidez muscular, desarreglos nerviosos, la construcción de los vasos sanguíneos y el mal funcionamiento de órganos y células.

relación entre mente y cuerpo

Aislar el efecto —el estado enfermo del cuerpo— como si no estuviera conectado a algo más, significa negar la causa. En ese caso, la causa —las actitudes y los sentimientos subyacentes— hará que otro efecto se manifieste en algún momento; otra área de enfermedad o malestar surgirá para intentar mostrar dónde hemos perdido el equilibrio. Por citar a Thomas Chandler Haliburton: “la alegría es salud; su contraria, la melancolía, es enfermedad”. Por otro lado, “¿puede la ansiedad provocar una enfermedad grave?”, preguntaba Lawrence LeShan en Usted puede luchar por su vida. “Muchos investigadores en medicina sostienen que casi no existe ninguna enfermedad grave que no pueda ser producida por una ansiedad profunda. La depresión y la desesperación dejan su sello no sólo en la mente sino también en el cuerpo”. Continuamente expresamos este tipo de mensajes escondidos y negados, por lo general sin ser conscientes de ellos, porque el inconsciente se muestra mucho más fuerte al expresar nuestros verdaderos sentimientos que la mente consciente. Estos pensamientos inconscientes impregnan todos los aspectos de nuestra vida. 

El lenguaje que utiliza el cuerpo-mente es sorprendentemente fácil de entender. Sacar a la luz los conflictos internos es el primer paso; afrontar ese conflicto interno y transformarlo en solución y paz es lo que permite que ocurra la curación. Pero esto no es tarea fácil, ni todo el mundo está dispuesto a emprenderla, porque exige que nos enfrentemos a todos aquellos aspectos de nosotros mismos a los que hemos hecho caso omiso durante muchos años. 

reacción del cuerpo al estrés

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