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El verdadero FOMO de los 20’s: El dolor de sentir que alguien está donde tú quieres estar

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Una vez alguien me dijo que el FOMO es sentir envidia pero más aesthetic y creo que no se equivocaba. Conforme vamos creciendo, la sociedad nos orilla a compararnos entre familiares, amigos, compañeros de la escuela y luego del trabajo.

Pero hay un sentimiento que a muchos de quienes estamos en nuestros 20’s nos está consumiendo y es sentir envidia de quienes están en la posición en la que a ti te gustaría estar. Viajar mucho, tener ese trabajo soñado, casarse, tener hijos, hacer una maestría, irse a vivir al extranjero. Todo eso nos va generando un tipo de envidia, ahora también llamado FOMO que nos hace sentir que estamos fracasando o que vamos “más atrás en la vida”.

El FOMO de sentir que alguien está donde tú sueñas con estar

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No es nada fácil admitir que sientes envidia, y es que más que envidia por algo que alguien más tiene, vive o experimenta, es un sentimiento de completo fracaso, de minimizar cualquier logro que hayas cumplido porque no se ve como el éxito de alguien más. Y no hay nada más difícil que convivir con estos sentimientos, pues luego llega ese sentimiento de culpa por sentir esto que desearíamos no sentir.

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Conscientemente podemos entender que lo que hemos logrado es nuestro, es el camino que hemos elegido y que hay una razón por la que estamos en donde estamos en nuestro presente. Sin embargo, hay algo muy humano en sentir envidia o FOMO de que alguien más muestre su vida y queramos lo que nos muestran en redes sociales por ejemplo.

5 consejos realmente útiles para bajarle dos rayitas al FOMO

Hazle “mute” a tus gatillos digitales

Identifica las cuentas, hashtags o newsletters que te encienden la comparación (sí, hasta el primo viajero en Bali) y ponlas en silencio temporal. Es higiene mental: menos gasolina para el incendio interno, más espacio para tu propio rollo.

Arma un “daily wins” de bolsillo

Cada noche anota tres mini-logros del día (desde enviar ese CV hasta salir a caminar). Ver tu progreso negro sobre blanco entrena al cerebro para reconocer avances reales y no sólo los highlights ajenos.

Cambia la métrica de “éxito épico” por “micro-reto semanal”

En vez de obsesionarte con la maestría, la boda o el ascenso, parte la meta en bloques de siete días: “leer 20 páginas de X libro”, “ahorrar 200 pesos”, “aprender tres frases en portugués”. Los wins frecuentes generan dopamina propia y apagan la urgencia de competir.

Programa experiencias que te emocionen de verdad

Fiesta de vinilos en casa, clase de cerámica, picnic nocturno… Cualquier plan que reafirme que tu vida pasa fuera de la pantalla reduce el tiempo de scroll comparativo y llena tu feed mental con recuerdos propios.

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Practica autocompasión hablándote como a tu mejor amiga

Cuando el “voy tarde” asome, respira y suelta algo tipo: “Entiendo que te duela ver eso, pero estás haciendo lo mejor que puedes con lo que tienes hoy”. Hablarte con amabilidad frena la crítica interna y recuerda que tu timeline no tiene que parecerse al de nadie más.

Sentir FOMO no es un defecto individual, sino una reacción muy humana a vivir rodeados de vidas ajenas en pantalla. Esta presión de compararnos no la padeces solo tú: la comparte prácticamente toda nuestra generación, incluso quienes parecen tener todo bajo control. Reconocer que es un sentimiento colectivo aligera la culpa y abre la puerta a la autocompasión. Tu camino lleva su propio ritmo y no necesita coincidir con el de nadie más.

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