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Lo que te enseña la Escala Kinsey sobre el concepto de sexualidad y tu "mente abierta"

16 de enero de 2018

Cultura Colectiva

La escala fue creada por el biólogo Alfred Kinsey y establece siete diferentes grados de comportamientos sexuales

Desde hace milenios, la apertura sexual era considerada algo normal. Gobernantes, héroes y más tuvieron amantes del mismo sexo. Michel Foucault, en su libro Historia de la sexualidad, narra que a partir de la sociedad victoriana en el siglo XVII y XVIII, la sexualidad se enclaustró en la habitación, y aunada al cristianismo desmedido, se persiguió cualquier tipo de gusto sexual que no fuera el heterosexual. Para el siglo XX, antes de la revolución sexual, la homosexualidad era considerada una enfermedad e incluso un crimen. Aunque mucho ha pasado desde entonces, persisten varios y diversos tabúes y prejuicios en la actualidad.

Uno de los principales argumentos en contra de la homosexualidad y bisexualidad es la aparente naturaleza humana, pues la procreación sólo es posible entre un hombre y una mujer. En ese sentido, no resulta natural que dos hombres o dos mujeres sostengan una relación. Pero poco se habla de la falta de naturalidad en la mayoría de las acciones que las personas llevan a cabo cotidianamente. Si se acude a un principio básico, la boca surge como una necesidad evolutiva cuyo objetivo era simplemente ser el medio para alimentar. Si no tuviéramos que mantener nuestro organismo con nutrientes ajenos, no tendríamos boca para hablar, tocar instrumentos de viento o besar. De igual manera, si no encontráramos placer en el sexo, se practicaría únicamente con fines reproductivos, pues es su función natural. Pero ¡qué mundo tan aburrido tendríamos en nuestras manos!



Si nos fijamos en la historia de la sexualidad, encontraremos que la homosexualidad se practicaba con distintos fines en la Antigüedad. Y si bien es cierto que siempre se han tenido parámetros de lo que se considera moral o no, faltan registros de la ausencia de individuos gays, lesbianas o bisexuales. Quizá porque han existido siempre, desde que tenemos un uso pertinente de razón a nivel humanidad; tal vez incluso desde que nuestra evolución nos permitió tener boca.




Alfred Kinsey



Alfred Kinsey dedicó su vida a estudiar la sexualidad humana y encontró, entre muchos datos, que la gran mayoría de las personas tienen un cierto grado de homosexualidad. La escala de Kinsey se menciona por primera vez en 1948 en el libro

Comportamiento sexual en el hombre humano, en el que se pretende clasificar a las personas por cómo responden ante un estímulo sexual. Posteriormente Kinsey complementaría su trabajo con la publicación de Comportamiento sexual en la mujer humana, en 1953, en el que buscó demostrar que la población no podía dividirse en heterosexual u homosexual, sino que había un continuo descubrimiento que crecía a lo largo de las experiencias vitales.

La Escala de Kinsey es considerada por los sexólogos como una de las teorías más útiles al momento de crear un mapa acerca de la sexualidad humana, aunque hay quienes difieren al adjudicar que es demasiado restrictiva. ¿En qué consiste? No se trata de una evaluación psicológica, sino de un test experiencial, con base en tu sentido de atracción y en tus vivencias.




Al pasar todo el proceso y responder las 13 preguntas (da click en el enlace), tal vez puedes identificarte con alguno de los siguientes resultados:



0: Exclusivamente heterosexual

1: Predominantemente heterosexual, con sólo incidencias de homosexualidad

2: Predominantemente heterosexual, con más que sólo incidencias de homosexualidad

3: Igualmente heterosexual y homosexual

4: Predominantemente homosexual con más que sólo incidencias de heterosexualidad

5: Predominantemente homosexual, con solo incidencias de heterosexualidad

6: Exclusivamente homosexual

X: Asexual


En 1953 se actualizó la escala al agregar el valor X, que corresponde a los individuos asexuales, es decir, que no sienten atracción o deseo sexual alguno. Las etiquetas y estereotipos son un común denominador en nuestra historia psicosocial. Nuestra necesidad de pertenecer, identificarnos y encajar nos ha limitado por siglos cuando nuestra naturaleza dicta una libertad y curiosidad absoluta por vivir, sentir y probar con diferentes experiencias.

La información obtenida por Kinsey gracias a los 6 mil 300 hombres y las 5 mil 940 mujeres que se sometieron a entrevistas de profundidad concluyó que la heterosexualidad es extremadamente rara y consiste en un concepto abstracto al igual que la homosexualidad pura. La identidad de lo masculino y lo femenino han sido construidas con base en ficciones, estereotipos y prejuicios. Resulta que muchas conductas que se consideran desviadas son, en realidad, lo natural. A pesar del tiempo transcurrido, aún vemos nuestra propia sexualidad en blanco o negro, lo que hace que nos perdamos de todos los matices que hay realmente.

Kinsey se interesó por primera vez en la conducta sexual por la escasa información que existía al respecto. Su trabajo logró que miles de personas se sintieran menos extrañas por sus gustos y preferencias sexuales, sin mencionar la apertura académica y pública al tema. Pero tal vez no hemos logrado que el sexo deje de ser un tabú, nos conformamos con la escasa educación sexual que recibimos y nos declaramos de mente abierta... o cerrada.



Escrito por Daniela Figueroa



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TAGS: Sexualidad homosexuales Bisexualidad
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