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Medical fetish: la razón por la que te provoca placer jugar al doctor con tu pareja

6 de agosto de 2018

Diego Cera

Aunque algunas personas lo ven como algo extraño, el fetiche de jugar al doctor es mucho más normal y complicado de lo que piensan.

Muchos utilizan la frase "vamos a jugar al doctor" como una especie de broma sexual —que por cierto a veces resulta algo de muy mal gusto—; hay personas que se toman muy en serio todo ello para enfundarse en batas de laboratorio, guantes de látex y cualquier otro objeto propio de un médico. Si bien no es tan común escuchar de ello como algo completamente natural o ni siquiera real, el medical fetish es un movimiento que lleva años ocurriendo en el patio trasero de la sociedad sin que ésta se dé cuenta.



Como cualquier otro fetiche, la atracción hacia la parafernalia de los hospitales se mantiene como una especie de secreto a voces; porque a pesar de que pocos lo han visto en vivo, de alguna manera se tienen que justificar los cientos de videos porno que aparecen diariamente en donde se alimenta abiertamente esta fijación. Sin embargo, la propuesta del medical fetish no está sólo en disfrazarse de cualquier personaje de Grey's Anatomy; en realidad se trata de algo mucho más complejo que ello.




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¿Cómo luce un "doctor sexual"?


Cualquiera que haya entrado a una sex shop o al menos haya dado un vistazo al interior de uno de estos recintos, podrá percatarse del hecho de que ahí dentro hay toda una colección de afiches relacionados con la medicina. Desde bikinis bordados con cruces rojas, batas convenientemente cortas e incluso gorritos de enfermera; toda tienda de fetiches que se respete tiene al menos un par de objetos de esta colección que seguramente hará que sus usuarios se sientan como en una especie de sensual consultorio.



«Me atrae toda la parafernalia, incluyendo jeringuillas, estetoscopio, enemas, espéculo, medidor de tensión, termómetro… pero esas cosas no siempre son fáciles de conseguir y tampoco hacen falta. Lo principal para mí son los guantes de látex porque imponen mucha distancia y una textura especial que me agrada».
— Álex, aficionado al fetiche médico.



Pero la cosa no termina ahí; pues a pesar de que la industria sexual ha sido muy buena proveedora de objetos para cumplir esta fantasía, hay quienes necesitan que su fantasía se vea cubierta por completo. Este tipo de personas son las que eventualmente cambiarán la sexshop por una tienda de utilería. Desde estetoscopios, cubre-bocas, todo tipo de material esterilizado e incluso camillas, todos aquellos que busquen llevar su fantasía al máximo, recurrirán a estos productos para lograrlo.




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¿Es un fetiche 100 % seguro?


Por más material esterilizado que vean frente a ellos, los aficionados al medical fetish saben que hay una serie de consecuencias dentro de este juego medico. Aunque se supone que todo este tipo de juegos deben ser consensuados, incluyendo el uso de materiales punzocortantes como agujas o bisturíes; hay a quienes en medio del calor se les pasa la mano y pueden causar daño a sus parejas. Por estos motivos es recomendable que además de no reutilizar el material, cualquier tipo de juego sea efectuado bajo los cuidados más extremos... justo como en un hospital.



«Aunque parezca un juego tienes que ser consciente de lo que haces. Las sensaciones que más me divierten son las de incertidumbre y miedo que provoco, pero el que está en posición de paciente, aunque tenga miedo, en el fondo debe fiarse de ti. Los conocimientos que se requieren deben ser tomados muy en serio».
— Dora, aficionada al medical fetish



No todo es sangre y camillas. Después de toda sesión donde este fetiche es protagonista viene la parte amable, aquella a la que los adeptos llaman after care que es como el área de recuperación en los hospitales. Justo este es el momento para que, ahora sí, tengan un poco de ese amor que implica compartir no sólo un momento de intimidad; sino también una fantasía que en otros sitios hubiese sido como una aberración o una broma de mal gusto.




TAGS: Sexualidad Fetichismo Posiciones sexuales
REFERENCIAS: El País

Diego Cera


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