Cómo definimos la comodidad parece ser un gran problema para nuestra generación. Sobre todo si a esto le queremos dar siempre un matiz espiritual o new age.
¿Es ésta acaso sentir seguridad en cada movimiento? ¿No prestar atención a los demás? ¿Será el ejercicio de un poder determinado sobre ciertas personas o contextos? ¿Depende de la propia imagen que compartimos en redes sociales? Quizá este sentimiento y su definición se establezcan con claridad al unirse todas las respuestas para lo que acabamos de preguntar. Estar cómodos es el conglomerado perfecto de pasiones, cautelas, irreverencias y estrategias tanto al interior como el exterior de lo que somos; es decir, llevarlo todo al extremo de nuestra personalidad sin quebrar los límites de la calma, lo bien estudiado.
En este proceso, las apariencias y la confianza juegan un papel central que pocas ocasiones hemos observado con detenimiento. ¿De qué serviría reconocer nuestras bondades y virtudes si no tenemos manera de plasmarlo en el afuera? La manera en cómo aparecemos frente a los demás, a veces caótica o frágil, en otras ocasiones fuerte y enérgica, está ligada en todo momento a lo que entendemos por comodidad y libertad.
Vivir con dicha estabilidad fluyendo por las venas no sólo se sabe, se nota; la ropa y el gesto son los vehículos esenciales para transportar esa genuina emoción. Si alguien simplemente no se siente bien, no está satisfecho con lo que piensa o lo que experimenta, es notorio su pesar en el arreglo. Y en sentido opuesto ocurre exactamente lo mismo. Si no hay nada afuera que motive a la diversión o al encanto, a la fascinación propia y de los demás, pocas renovaciones se pueden hacer en el corazón, el cerebro y las intenciones. Trabajar en dicha estructura requiere esfuerzos a veces sobrehumanos, pero que todos tenemos el derecho –o la obligación– de efectuar.
Para buscar la comodidad mediante la autoestima y el cariño, pero también con base en el cómo nos observa el resto de la humanidad, podemos iniciar con las prendas más básicas del mundo. Los jeans, por ejemplo. ¿Qué debemos hacer para sentirnos excelentes en un buen par? ¿Qué consideraciones son necesarias para tener un pantalón de mezclilla que nos haga felices?
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Sé exigente con tus bolsillos
Piensa que éstos le suman o restan volumen a tu cuerpo. Depende qué es lo que necesites o desees, pero no creas que éste es un detalle sin relevancia; grandes bolsos en el trasero te harán lucir gigante y la carencia total de ellos te será inútil.
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Usa tacones
O botas altas, como lo prefieras. A lo que nos referimos es que, cuando vas de compras y en cacería de unos jeans, no importa con qué otro calzado puedas conjugar tus futuros outfits, pruébatelos con zapatos altos. Ya verás la diferencia.
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Considera muchos looks
Los skinny o los rectos son geniales, además de que todos esperamos nunca pasen de moda, pero nada como unos boot cut que sirven para cualquier situación o look.
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Estudia los matices y proporciones
Sobre todo porque así podrás imaginar su futuro desgaste. No obstante, si lo que buscas es algo que además dé figura a tu cuerpo, el decolorado al interior de tus muslos afina la silueta y los clorados al frente añaden tono a tus piernas.
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Opta por las mixturas
Sí, las prendas de algodón duran más y son fáciles de lavar, pero dan una apariencia rígida a lo que estás usando. Busca mezclas con lycra, elastano, poliuretano o spandex; éstas se acomodan mejor a tu cuerpo y brindan mayor movilidad.
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No desprecies tu cintura
Ni los subas a la altura de los senos, ni los bajes todavía más allá de la cadera. La cintura es y será por siempre el punto justo para calzar un buen par de jeans. Al momento de elegirlos deben permanecer allí, no apretar demasiado y descansar con sobriedad sobre tus caderas.
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Búscalos básicos
Está bien. Pueden tener alguna rasgadura o pequeñas manchas de cloro por allí, pero no te emociones de más y compres unos jeans estampados, llenos de pedrería, atiborrados de remaches o demás excentricidades. El denim es denim, no lo cargues de cosas que no necesita.
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Respeta tus formas e intereses
Identifica el tipo de cuerpo que tienes, cuáles son tus puntos a favor, qué partes no te gustan de tu anatomía y cómo quieres que te vea el resto. Una vez hecho esto, considera que los skinny jeans no están peleados con grandes pesos, los culotte no favorecen a los muslos amplios, los cropped acortan tus piernas y los boyfriend no son sinónimo de masculinidad.
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Considera todo esto durante tu próxima visita a la boutique y regresa a casa con los mejores jeans que pudiste haber elegido. Si sigues teniendo dudas, lee estas 7 reglas básicas de moda para usar jeans negros a diario y algunos Looks para mujeres que no son delgadas y quieren usar skinny jeans.

