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"No se trata de belleza ni estética": Así es mi experiencia de ser una chica con sobrepeso

23 de octubre de 2018

Cultura Colectiva

Repito, léelo bien, no se trata de belleza ni de estética. Mucho menos de la presión social. La receta secreta es muy sencilla: ámate.

Texto por Jessica Romero


Puede que las personas delgadas vayan a una tienda, vean lo que les gusta, se lo prueben y les quede perfectamente bien. De hecho, tengo amigos y amigas que ni siquiera necesitan medirse la ropa, pues solamente con verla saben que entrarán en ella. Esta mañana, me entró una duda que para ser sincera nunca antes en mi lucha con mi peso me había hecho. La cosa es que a veces compro ropa que me queda un poco justa con la idea de forzarme a que algún día me quede bien. Un par de veces ha funcionado, pero la mayoría termina arrumbada en mi clóset y me olvido de su completa existencia.


Hoy mientras me arreglaba para salir de casa me topé con una camisa blanca tipo escolar. Recuerdo que la tengo desde hace un par de años porque con tanta exposición formal en la universidad sabía que era bueno tener una en caso de necesitarla. Cabe resaltar que la compré sin medírmela y al hacerlo ya en casa, descubrí que tres de los botones no me cerraban. Como muchas mujeres, me cambió un par de veces antes de decidir lo que tendré puesto durante todo el día. Hace un rato, vi la camisa blanca y como otras veces lo he hecho, la tomé y me la puse con la idea de volver a quitármela y sólo para recordarme que no puedo usarla sin riesgo a dar el temible "botonazo".



Pero ¿qué creen? En estos momentos tengo esa camisa blanca puesta. Con cada uno de los botones cerrados. No sé en qué momento logró quedarme bien pero algo tan sencillo como tres botones bien abrochados, fue lo que me hizo dudar si sentiría la misma satisfacción al únicamente ir a una tienda, elegir, pagar e ir a casa sin ningún riesgo de devolución o desilusión. No me malinterpreten, obviamente estoy convencida que lo que vestimos no nos define. Yo a mis 25 años, con kilos de más desde que tengo memoria, he tratado un sinfín de cosas para tratar de mantener la línea. No voy a mentir y decir que no causa conflicto en mí porque muchas veces llegué a sentarme en mi cuarto a llorar y decir que estaba harta de tener que hacer dietas o de "no tener que ponerme".


Solamente quiero decirle a quienes viven esta lucha que después de probar pastillas, planes nutricionales, polvos, agujas, consultas baratas, consultas caras, masajes y no recuerdo qué otras cosas; el secreto está en el cambio de actitud. Por más cliché que suene, es verdad. Tan verdad que una vez logré bajar veinte kilos en menos de tres meses y al llegar ahí decidí tomarme un break tras semanas de cuidarme intensamente porque se vale. No se trata de belleza ni de estética. Al menos para mí, gracias al amor de mis padres, el de mis amigos cercanos y el ballet que practiqué por años, era y es un factor totalmente distante de mi percepción de felicidad.



Claro que hubo quienes se burlaron una y otra vez y me hacían pensar que había algo mal con mi cuerpo, que tal vez nadie iba a querer estar conmigo, pero al final me bastaba con expresarlo para olvidarlo. Incluso ahora, mientras escribo esto, recuerdo a una profesora que me entregó varias tarjetas de nutriólogos antes de siquiera darme los buenos días, también a mi compañero en la primaria que me aseguraba que si a los niños no les importara "el físico", muchos se hubieran fijado en mí.


Repito, léelo bien, no se trata de belleza ni de estética. Mucho menos de la presión social. La receta secreta es muy sencilla: ámate. Suena trillado y yo no soy ninguna psicóloga, pero fue cuando toqué fondo y comencé a valorar quien soy que logré encontrar la motivación que me hace despertarme todos los días a las 5:30 am para poder ir al gimnasio porque quiero. Creo que esa es la palabra que debemos recordar: quiero.




La imagen principal pertenece al fotógrafo mexicano Sergio Laboriel

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TAGS: Consejos de Belleza Consejos para amar crowdsourcing
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