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Dos días comiendo en Nueva York: lugares, itinerarios y precios

18 de abril de 2018

Eduardo Limón

Seis lugares para comer en la ciudad más atractiva y salvaje... para saber que estás en la cúspide del mundo.


Siempre esperamos que New York nos reciba con los brazos más abiertos, cálidos y glamorosos del mundo. También solemos pensar que conoceremos a la ciudad de ciudades andando por sus avenidas y calles muy a lo Sarah Jessica Parker o como un controvertido personaje de Woody Allen. Y no. Ni suena "Empire State of Mind" de Jay-Z en el aire —aunque esa jungla de concreto sí esté hecha de sueños—, y mucho menos escuchas "New York, New York" de Sinatra en cada esquina. Tener esas pretensiones idílicas es muy naive. A la capital del mundo no se le puede exigir eso. Ella está allí para ponerte a prueba, ser completamente ruda contigo, hacerte entender que las cosas cuestan (mucho), enamorarte con su rigidez, asustarte de vez en cuando y recordarte lo pequeño que eres, pero lo increíble que puede ser un día más bajo el cielo que tenemos. 


Olvídate de esa imagen en la cual sales de alguna tienda en la quinta avenida con las manos repletas de bolsas, ves impacientemente una obra de arte en alguna galería tratando de lucir interesante o corres del interior de un edificio a la calle gritando «¡taxi!». Deja atrás también esa idea de que pagando por un guía turístico te ahorrarás mucho trabajo en una ciudad que resulta ser la más compleja y apabullante del planeta. Siempre te habrá hecho falta un lugar o una experiencia neoyorquina al volver a casa, así que no trates de combatir eso. 



Además, a New York no se le conoce así. Obvio caminar y visitar museos o recintos históricos es un must en cualquier itinerario, pero a esta ciudad —como a la vida misma— se le llega comiendo y bebiendo. Así que en tu agenda no pueden faltar los menús, las mesas, los mercados y los hotspots culinarios más imponentes de la urbe. Claro, eso conlleva una inversión alta. Porque a menos que quieras vivir de rebanadas de pizza por un dólar con veinticinco centavos o un hot dog de 2 dólares, acercarse la new yorker cuisine cuesta. 



Pero no te preocupes, para todo hay solución. Nosotros te diremos dónde y cuánto puedes destinar de tu cartera sin vivir estafa alguna esta primavera de 2018.  


Sí, visitar New York siempre requiere una inversión y, probablemente, un ahorro por algunos cuantos meses, pero ésta es la experiencia sugerida si es que quieres conocer a la urbe por medio de su gastronomía y pagando por platillos que valen todo el esfuerzo. Nosotros hicimos el experimento por dos días y esto fue lo que sucedió. 


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Para comenzar: Balthazar. Si alguna vez escuchaste sobre Pastis en la vida real o en alguna serie o película norteamericanas —un restaurante frecuentado por el auténtico neoyorquino y celebridades como Madonna, Barbra Streisand o Donna Karan—, hoy, tras su clausura, puedes visitar uno de sus restaurantes hermanos. Ubicado en el número 80 de Spring Street, este lugar cuenta con uno de los menús más interesantes de la ciudad. Es costoso. Eso nadie lo niega; pero vale absolutamente la pena. El consumo promedio de una persona para comer es de $900.00 (MX) y no te puedes perder su mítica sopa de cebolla. Sin embargo, pedir para compartir un plato de frutti di mare, especialmente uno llamado 'Le Balthazar', es toda una experiencia. Su precio oscila los $3, 200.00 pesos mexicanos sin contar bebidas. La recomendación es: no escatimes, come delicioso en este bullicioso spot y visita el MoMA Design Store justo cruzando la calle. 





Después de esto, fuimos invitados al Tabasco Global Kitchen. Un festejo que organizó Salsa Tabasco con motivo de sus 150 años dando sabor a cuantos platillos y bebidas le ha sido posible en el mapa. Inspirada en las animadas salas de comida y los mercados nocturnos de todo el mundo, la familia McIlhenny organizó en NYC, sólo por una noche, un versátil encuentro de la cultura culinaria de la región. Evento en el que, sobre todo, destacó la presencia de Christian Pineda de Los Mariscos y Los Tacos No. 1, dos taquerías —estilo Sinaloa y a la plancha— que usualmente están en el Chelsea Market. Un court que puedes visitar en el barrio homónimo, donde te puedes alimentar con auténtico sabor mexicano por $300 pesos aproximadamente, y que no te defraudará si extrañas un poco el sabor de nuestro país. 






Cabe destacar que, en ese encuentro —donde también tuvimos la oportunidad de probar los diferentes procesos y sabores que Tabasco ha propuesto desde 1868— pudimos disfrutar de creaciones por parte de Mimi Cheng's, Sac-A-Lait, Win Son, JuneBaby y Blue Smoke, con el toque de la legendaria salsa. Misma de la que aprendimos en su festejo cómo se prepara con tres ingredientes simples (chiles rojos, vinagre de vino blanco y sal) y es añejada en barricas de roble blanco por un máximo de tres años en Avery Island, Louisiana, antes de ser embotellada y enviada a 185 países y territorios en todo el mundo.




Más que un complemento o el pretexto para que diferentes estilos o propuestas culinarias se dieran en un mismo lugar, el sabor que inundó tal noche nos recordó cómo Salsa Tabasco ha sido un elemento tan importante en nuestra cultura y ha estado en todo lugar donde se hizo historia. Por ejemplo, que estuvo presente en la excavación de la tumba del Rey Tut, que fue llevada por la NASA a SKYLAB cuando los astronautas se quejaron de sus alimentos y que, en el Himalaya, los escaladores del Everest recompensaron a sus guías sherpa con botellas del condimento. Es decir, en cada cosa que probábamos, había más que un aditamento.




Asimismo, fuimos testigos de cómo el macerado de chile Tabasco es 10 veces más picoso que la salsa embotellada y que su picor está clasificado de 2 mil quinientas a 5 mil unidades en la escala Scoville. Un factor que le ha hecho por más de un siglo uno de los complementos ideales para la cocina y el bar; justo como lo lucieron chefs y amantes de la cocina durante esa noche. De entre ellos, no puedes perderte la cocina de Jean-Paul Bourgeois en Blue Smoke y Trigg Brown y Joshua Ku en Win Son; dos lugares en donde puedes comer por menos de $550.00 (MX). 


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Al día siguiente de nuestro recorrido, fuimos a Cosme y a Ivan Ramen. El primero es un restaurante de comida contemporáneo-mexicana en el Flatiron District, en la East 21st Street y su número 35, a cargo del chef Enrique Olvera. Dentro de su propuesta puedes encontrar quesadillas de epazote con todo el sabor de nuestro país, una barbacoa que los neoyorquinos deberían estar agradecidos de tener y unas enmoladas de pato como ningunas. Ni qué decir de los merengues con mousse de maíz; ultra mind blowing. Una verdadera propuesta del mexican cuisine por menos de $600.00 (MX). 





Siguiente: Ivan Ramen. Un espacio en el lower east side que es reconocido —prácticamente asediado— por tener los mejores noodles de la ciudad. Y sí, es cierto. Cuenta con un aire de izakaya (lugares que en Tokyo frecuentan los oficinistas para desestresar after office), pero más que una noodle shop, este restaurante informal es necesario en tu vida si amas ese cruce de lo japonés con lo occidental. Destacan en su menú el pollo frito con ajo tostado caramelizado, su Spicy Chili Ramen, un triple pork y su Triple Garlic Mazemen. Realmente imperdible, asumiendo que por $600.00 (MX) cada visitante saldrá hipersatisfecho. 





En dos días de comida y lunch intensos, no pudo faltar —claro— un bar hopping que dialogará a la perfección con nuestras selecciones gastronómicas. En especial, descubrimos dos lugares fascinantes. Achilles Heel en el número 180 de West Street, Brooklyn; espacio ideal para una noche tranquila y una curaduría musical que muchos sitios envidian, y que además ofrece una barra internacional donde destacan las cervezas de barril por $145.00 (créenos, es un buen precio) y las sidras por un monto similar. 



Con el llegar de la madrugada, otro gran hallazgo fue La Milagrosa. Un speakeasy en el 149 de Havemeyer Street, Brooklyn, que tras la puerta falsa de un refrigerador en el local esconde un pequeño bar donde la mejor música indie y los hipsters de la ciudad se dan cita. Enfocado en mezcales, este agave bar nos recuerda lo importante que es el producto mexicano para el extranjero. Pide Mezcal Unión para la Margarita Guayaba más impresionante que encontrarás a kilómetros, mientras disfrutas de un ambiente que The New Yorker ha calificado como santuario para los audiófilos. 



Nosotros lo logramos con seis lugares estratégicos. Uno para el lunch, otro para el diner y uno para el drink; por dos días exactamente. Descubriendo que al final del fin de semana habíamos gastado —por persona— alrededor de $3250.00 pesos mexicanos, la apuesta no sonó del todo mal. Y aunque siempre estuvo la oportunidad de comer unos hot dogs de carrito —que se aprovechó, por supuesto—, la ciudad se vivió y se hizo propia desde este otro gran punto de vista. Se interiorizó como debe hacerse. 



Rachel Syme, colaboradora de The New Yorker, alguna vez escribió: «Estoy empezando a amar la ignorancia voluntaria de los neoyorquinos, la capacidad de mirar lo épico y hermoso y ponerlo rápidamente en contexto. Es una habilidad que proviene del horizonte; vemos algo tan magnífico todos los días y de alguna manera seguimos con vida después de ello. Un contragolpe como ése te domina a menos que encuentres la manera de formar parte de él, y eso es lo que hacen los neoyorquinos. Convertirse en torres».  


Y nosotros, en la justa medida de un turista, hicimos eso. Buscamos la manera de ser rascacielos, puentes, delisbistros. De mimetizarnos con una ciudad de mil sabores y unas cuantas copas. De no sufrir un infarto o una embolia con la belleza abrumadora de esta urbe y sus mil golpes de realidad.


TAGS: Recomendaciones Destinos comida
REFERENCIAS:

Eduardo Limón


Editor de Moda

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