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La razón por la que siempre te va mal en el amor y terminas con patanes

19 de abril de 2018

Carol Navarro


La frase que solemos escuchar muy a menudo es "siempre me va mal en el amor"; pero el problema no es el amor, sino a quién elegimos para amar, el conflicto radica en querer comer siempre el mismo helado esperando que el sabor sea diferente, y eso no es posible. Durante el transcurso de mi vida siempre elegí al típico "chico malo": yonqui, fiestero y prototipo de guapo, supongo que era porque me mostraban una realidad muy distinta a la que conocía, me divertía con ellos, y todo era risas, sexo desenfrenado y drogas, hasta que la realidad me alcanzó, llegó un punto en el que quería "algo más".


Te cansas de las peleas, la inconsciencia de uno que se convierte en la inconsciencia de ambos, la manera destructiva en que uno a otro se demuestran su "cariño", las diversas formas en que las risas se convirtieron en celos, la manera en la que la construcción comenzó a deconstruirse y pienso: ¿cómo es posible amar a alguien que nos daña? ¿Es posible llegar a confundir la felicidad con la irracionalidad del amor? ¿En qué punto deja de ser sana la relación, o tal vez nunca lo fue?



Sencillo, algo que comienza mal termina mal, tiene fecha de caducidad desde el principio, pero nos aferramos a la idea de salvar al "otro", de ser esa inspiración que lo haga cambiar; sin embargo, es un hecho que no podemos salvar a alguien que no quiere ser salvado, el chico yonki siempre será eso y no tendrá más que ofrecerte; sólo decepciones, llanto, penuria y rabia contenida proveniente de cientos de peleas causadas por el alcohol, las drogas y los celos ante actos inexistentes, que emanan frustración detonada por una vida miserable. 


Por mucho que creamos amar al otro, en algún momento la situación nos orilla a cambiar de escenario, al darnos cuenta que por más que nos esforcemos una relación es de dos, así que, ¡basta de chicos malos! Mereces a un "buen hombre" —como decía la abuela—, un ser de mente libre y manos inquietas, con quien compartas no sólo gustos superficiales, que vayan más allá de las pasiones, que te convierta en una mejor persona, que abrace tus demonios y quiera crecer a tu lado, que encuentre sentido a su existencia y que no tenga vacíos tan grandes que ni la fiesta ni las drogas puedan llenar, que su única carencia sea tu ausencia en su vida, que sienta que estar a tu lado es un reto para ser mejor, que quiera caminar a tu ritmo, que te motive a levantarte cada día y sonreír, que sueñen juntos…


Es momento de mirar ojos tiernos, inocentes, darnos cuenta que si queremos estar bien, requerimos de una persona que ya esté plena, que no necesite ser guiado o protegido, que sea feliz y nos comparta esa felicidad, es obvio que no encontrarás al amor de tu vida en un antro o en una noche de borrachera, el amor se encuentra en las largas charlas con sentido, en los paseos, en las tardes soleadas, sitios en los que la sobriedad reina y las palabras embriagan el alma, en los que tienes la oportunidad de descubrir al otro y ver su compatibilidad, enamorarte de adentro hacia afuera, no de lo estético a lo interno, porque los chicos malos tienden a cautivar con su "facha" desaliñada, su mirada perdida y su actitud irreverente, radical, pero es un hecho que los chicos malos en verdad son malos, son tóxicos, demandan una gran energía, tienden a ser sumamente irresponsables, codependientes, inseguros, celópatas y egoístas, pues el conflicto es el motor de su existencia. 



Así que ¡para!, deja de buscar a ese tipo de personas, es momento de mirar hacia otro lado, es momento de valorarte y tener a tu lado a esa persona que en realidad mereces, esa que anhelas y crees que jamás llegará porque repites el mismo patrón una y otra y otra vez.


Se cree que nuestra pareja es un reflejo de quien somos, y es cierto, pero si dejaste de ser una persona "destruida" tienes que estar al lado de un ser construido, si has logrado salir del abismo en el que te encontrabas y algo dentro de ti demanda una persona distinta, no te conformes, continua; de lo contrario, estarías dejándote de lado, estarías amando al otro más que a ti y eso está mal; primero estás tú, tu paz, tu felicidad, en el momento que dejas de sonreír en una relación, en el momento que comienzan a haber más lágrimas que risas, es momento de partir, de decir adiós y analizar si en realidad quieres vivir con la esperanza de que el otro algún día cambie.


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Descubre cuáles son las cosas que hacen que los hombres se convierten en patanes sobresalientes.


TAGS: Amor Consejos para amar Relaciones de pareja
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Carol Navarro


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