Estilo de vida

Razones para ser un pesimista y vivir amargado de ahora en adelante

Estilo de vida Razones para ser un pesimista y vivir amargado de ahora en adelante



Convencionalmente suele pensarse que el pesimismo es algo malo. Tener esta actitud ante la vida se relaciona con el fracaso y con las limitaciones de progreso, que surge de una postura individual y se transmite a las causas en el colectivo. Pero hay una frase del escritor portugués José Saramago que debe tenerse en cuenta para analizar mejor esta idea: “Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”. Desde esa óptica, ser pesimista tiene al menos un punto a su favor.


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Otro referente importante de este tema, quien en sus escritos plasma mejor que nadie el carácter de esta personalidad, es el poeta, novelista, ensayista y músico francés Michel Houellebecq, quien dice: “El hombre no está hecho para ser feliz en forma permanente”. En un sentido amplio, lo que propone Houllebecq es que el pesimismo es un aspecto insoslayable de la condición humana, por lo que una actitud contraria sería una impostura o un constructo de la sociedad de consumo, en su afán de mostrar a las personas como lo que no son.


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Julie Norem, psicóloga y escritora estadounidense, en su libro El poder positivo del pensamiento negativo defiende arduamente el pesimismo positivo, considerando que esta actitud, a menudo, se convierte en una barrera que nos permite actuar con precaución. Por esto, aunque se crea que un pesimista es una persona con baja autoestima o que actúa con el pensamiento de fracasar, nadie busca las cualidades de ser negativo y hay personas que consideran que cada ser humano debe tener un poco de pesimismo en sus acciones, pues esto en realidad trae ventajas. A continuación te explicamos por qué asumir una postura pesimista ante la vida y vivir amargado de ahora en adelante podría ser beneficioso para tu desarrollo personal:


Te permite valorar las cosas


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Ser pesimista, en su justa medida, puede llegar a permitirte ser agradecido y valorar las cosas, incluso las más insignificantes y diminutas. Porque cuando tus expectativas son bajas y tu proyección del futuro es oscura y sombría, de alguna manera puede obligarte a poner más de tu parte y convertirte en un perfeccionista en lo que haces. Al ver que tus esfuerzos dieron frutos, en tu trabajo, por ejemplo, agradeces tanto las oportunidades como los éxitos y otorgas valor a los sacrificios que haces. El pesimismo se convierte en tu forma de exigirte y, por ende, de apreciar la realidad como lo que es, con todo lo malo y con todo lo bueno.


Te vuelves prudente


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Como no esperas mayor cosa de nada y siempre estás viéndole lo negativo a todo, por ser pesimista te vuelves bastante prudente. Eres un fanático de la duda y lo cuestionas todo. Nada te convence a la primera y no confías en todo el mundo, así que dosificas tu entusiasmo, analizas las cosas, mides tus palabras y escoges tus acciones con delicadeza, sin apresurarte por nada. Cada paso puede tener una gran repercusión, por lo tanto tu prudencia activa las alarmas y hacer las cosas con prudencia se convierte en una gran virtud.


Hace de ti una persona curiosa


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E inteligente, sobre todo más inteligente. La curiosidad se despierta cuando asumes que todo puede salir mal y que nada tiene solución, aunque en el fondo tu pesimismo encierra unas virtudes que te hacen querer más de la vida. No estás conforme, por lo que andas en una constante búsqueda de saber y conocimiento. Si eres pesimista, también eres curioso. Te gusta aprender, aunque nada se solucione con ello.


Te hace poner los pies en la tierra


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Al ser optimista te llenas de falsas expectativas, sobrevaloras tus capacidades y aumentas tu ego. El optimismo y la suprema alegría se asocian más a una fantasía, a los milagros y a los cuentos de hadas. Una ley universal es que la vida es dura y no todo puede ser color de rosas. En cambio, una persona pesimista tiene los pies sobre la tierra y no vive por encima de sus posibilidades, por lo cual trabaja con precaución a la hora de tomar sus decisiones, es realista y se traza objetivos más claros y posibles. Le da una personalidad más en control de la situación, que puede lidiar con las dificultades, asumir mejor los riesgos y aceptar los fracasos.

Por esto y mucho más, ser un auténtico pesimista tiene sus ventajas en el plano personal y en el profesional. A sí que, si alguien te ha dicho que eres amargado por ser pesimista, puede que sea cierto, pero también podría llegar a ser un cumplido porque "un pesimista es sólo un optimista bien informado".

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No desistas. El futuro no luce nada prometedor, pero igual vale la pena afrontarlo.


Referencias: