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Señales de que tu pareja te hizo perder tu independencia

Señales de que tu pareja te hizo perder tu independencia

Señales de que tu pareja te hizo perder tu independencia

Nos juramos pocas cosas, tomábamos esas palabras en serio y no dejamos que cualquier idea cruzara ese umbral. Sabíamos que el amor eterno estaba fuera de los límites, también la idea de que no nos fijáramos en otras personas; pero sí juramos que nunca nos convertiríamos en “esa” pareja. Dos imanes que crean fricción y que afectan todo a su alrededor, dijimos que seríamos una pareja estable. Cada uno con amigos, intereses, actividades e individualidades. Hoy ya no te pido perdón (durante mucho tiempo lo hice), pues convertirme en tu sombra rompió el juramento.

No vivimos juntos, pero siempre estábamos conectados. Las sonrisas al sentir vibrar el celular en clase que revelaban un mensaje que no decía mucho pero sí expresaba lo suficiente para arrancar suspiros eternos al tiempo. Esos días en los que a todo momento pensábamos en el otro y no había nada más. Contar los minutos para verte, respirarte, besarte y absorberte. Todo inocentemente, solo queríamos entender este nuevo sentimiento que pronto descubrimos que se llamaba amor.

Hoy comprendo que ese tiempo que pasamos juntos, si bien nos unía, no nos permitía ser una pareja, nos convirtió en una entidad incapaz de separarse y eso nos llevó a la ruina. Tal vez debimos obedecer a las señales, pues hubo muchas, y aunque hoy es demasiado tarde, espero que estés de acuerdo en que pudimos ser más de lo que imaginábamos.


Dejé de salir sin ti

Siempre quería estar contigo, esperaba que mis amigos te conocieran y te aceptaran dentro del reducido círculo social. Tú hiciste lo mismo, forzamos las cosas y aunque los demás se acostumbraron a nuestra presencia, muchas veces nos dijeron que debíamos ir solos, lo cual nos parecía una locura. Cada quien comentaba que no podía hacer eso. No había obligación de ir en pareja, pero no podíamos evitarlo, estábamos tan enamorados.

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Cancelé planes aún sin saber qué harías tú

Esa encrucijada que odiaba, pero que siempre me llevaba a tu lado. Si tenía un plan y no sabía si podrías asistir, prefería cancelar, odiaba la idea de que tú te fueras a otro lado o que te enojaras. Aquí comenzaron algunas peleas, yo sabía que eran mínimas, pero necesitaba arreglar todo inmediatamente y para que no volviera a suceder, prefería evitar esas fiestas, reuniones o eventos que pudieran poner en la mesa otra pelea inútil.


Hacíamos todo juntos

Poco a poco esa magia de siempre vernos comenzó a perderse. La repetición y la rutina pasaron de ser algo romántico (una especie de ensayo para el momento en que estuviéramos casados) a pesar en nosotros. Notábamos la irritabilidad que uno causaba en el otro y a veces, en el peor acto de amor, hundíamos el dedo en la herida y llevábamos al otro al límite simplemente por el placer de hacernos enojar.

“Te pido perdón, lo más humildemente posible, no por dejarte, sino por haberme quedado tanto tiempo”.
Marguerite Yourcenar



Dejé de hablar con otras personas

El tiempo pasó, y así como los problemas, también las conversaciones en mi celular comenzaron a acumularse. Dejé de contestar ciertos mensajes, evité a ciertas personas por tus celos, para evitar problemas o simplemente porque después de tanto tiempo me daba pena contestar a simples preguntas. Así el tiempo me alejó de reuniones escolares, laborales e incluso familiares. Pronto los mensajes dejaron de llegar, eso fue mucho antes de que me diera cuenta de que para muchos de mis amigos ya no era más que un fantasma que solamente asistía a las cenas de Navidad, pero obviamente, siempre a tu lado.



Creía todo lo que decías

No importaba lo que pasara, seguía falsamente tu credo. Lo que decías se convertía en mi verdad y por esa razón rompí amistades de años, incluso décadas. Muchas veces las sospechas me hacían indagar y claro, encontrar algo era el dolor más grande. Tal vez por eso creía cuando me decías que eso no era cierto, me dabas algo de qué vivir. Pero incluso eso terminó. Llegó el momento en que sabía que me mentías y simplemente optaba por maquillar la verdad.



Mi felicidad era tu felicidad

No lo digo en un sentido amoroso, en el que tus logros me enorgullecían, no. Este es el reclamo más grande, pude haberla pasado mal, perdido amistades y ganar soledad; pero nunca perdonaré que mi alegría se fuera de mi persona y ahora tú la dictaras. Parecía que no tenía derecho a ser quien quería ser. Mi humor se transformó en el tuyo, incluso mis padres supieron que ya no reía como antes, me molestaban cosas que antes amaba y mi irritabilidad era extrema. Dejé mi felicidad por cumplir tus caprichos y hoy es lo que más remordimiento me causa.

Nos alejamos y solamente la distancia me ha dejado ver que esos primeros pasos hacia la dependencia no valieron la pena. Fue hermoso el tiempo que pasé a tu lado, pero el resto de nuestra relación
esa en la que yo deje de ser yo
no es algo que le recomendaría a nadie y hoy espero poder servir de ejemplo para que más personas no dejen su esencia por la de alguien más.



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