Sin importar en qué punto del planeta surgieron, hay algo que tienen en común todas las primeras civilizaciones: un río. Mesopotamia —la civilización más antigua que se conoce— nació entre los ríos Éufrates y Tigris en el Medio Oriente hace más de 5 mil años; los egipcios se instalaron en las orillas del Río Nilo en el norte de África; China nació a lo largo del río Huang-He; y lo que ahora es India y Pakistán surgió gracias al río Indo.
Delta Amacuro es el estado más oriental de Venezuela. Sin duda es un lugar lleno de misterios, magia y pureza. El majestuoso río Orinoco, el más largo del país, es el protagonista del paisaje a lo largo y ancho de este territorio, con sus numerosos caños que comunican a decenas de comunidades indígenas. Tener el privilegio de estar en un lugar con tanta importancia cultural como éste es una experiencia enriquecedora. Delta Amacuro es un destino recomendable para todo aquel que desee conectarse con la naturaleza y las comunidades alejadas de la tecnología y el ajetreo de las grandes ciudades.
Algunas fundaciones se han acercado a las comunidades Warao de la región. La Fundación Tierra Viva, por ejemplo, incentiva y enseña a los pobladores a sembrar y manejar las palmas de moriche en los conucos familiares. La palma de moriche —también conocida como aguaje, burití— es una especie de palmera que tiene un papel fundamental en el día a día de los locales. En 1800, el naturalista alemán Alexander von Humboldt denominó a esta planta como el “árbol de la vida”, debido a sus múltiples propiedades naturales. Los Warao son una etnia indígena que vive en la región delta del Orinoco, actualmente existen 36 mil personas que se identifican como waraos. El moriche se ha convertido en la fuente de materia prima para la realización y confección de toda clase de objetos, como hamacas, cestas, carteras y otros accesorios; además sirve como alimento, ya que el palmito, la fruta y el gusano que crece en la planta forman parte de la dieta warao.
Las comunidades ubicadas a las orillas del río están separadas por pequeños caños. Los waraos son conocidos por ser “gente de agua”; las numerosas familias que conforman el poblado no habitan en medio de la jungla, sino que se mantienen cerca del líquido vital. Sus actividades cotidianas se desarrollan en función del Orinoco. Además, poseen una estructura social organizada con un cacique y tareas distribuidas entre hombres, mujeres y niños. Si bien es cierto que estas familias padecen algunas carencias en cuanto a salud, educación, planificación familiar y alimentación, su interés por preservar sus raíces, costumbres, cultura y lenguaje es admirable. Sólo los adultos aprenden español, a los niños “los enseña la vida”.
Hay dos maneras de llegar a Delta Amacuro, la primera es viajar hasta la ciudad de Maturin —capital del estado Monagas— y a través de una embarcación navegar por uno de los caños del río Orinoco hasta el municipio de Pedernales, a pocos kilómetros de la desembocadura hacia el mar. La otra opción es llegar hasta Puerto Ordaz —una bella ciudad ubicada en el estado Bolívar— y por vía terrestre ir a Tucupita, capital del estado Delta Amacuro; de allí se puede tomar una embarcación hasta la comunidad Wakajarita, a dos horas de distancia de la ciudad.
Orlando es un joven warao emprendedor. Desarmó su casa para construir un campamento que acondicionó para recibir turistas. Quizás es la más sencilla de las estancias, pero permite una conexión especial con la naturaleza y la sencillez de la vida. Los visitantes pueden terminar el día con la puesta de sol, y comenzarlo con el cantar de los gallos y el sonido de los monos arawakos; tomar un baño en las aguas del río más importante del país mientras disfrutan de una vista a todo el conuco; o ver cómo la corriente del río en dirección al mar lleva cientos de plantas acuáticas flotantes llamadas bora; disfrutar de un atardecer sin precedentes, deleitarse con una noche estrellada entre el sonido de grillos y sapos.
Orlando y su familia apuestan por el turismo en la zona; es por ello que la Fundación Tierra Viva ha promovido talleres para el desarrollo y la infraestructura de la región, esto sin atentar contra el carácter tradicional del pueblo. Además de Wakajarita, hay otros espacios turísticos más populares, como la posada de Oropéndola, atendida por Miguel, quien construyó un sitio turístico a modo de palafito que incluye algunos paseos por los canales aledaños.
Los Warao llegaron hace cientos de años a estas tierras y ahora llegamos nosotros, con la “civilización” en los hombros, sin recordar los espacios y las personas que forjaron nuestra identidad. El Delta Orinoco es un espacio mágico, el poderoso curso del río es un reflejo de la pasión con la que los Warao resguardan sus tradiciones.
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