La gente suele explorar lugares por la tradición y la cultura que ese sitio ha visto pasar, por los acontecimientos ocurridos que pueden llegar a transformar la vida ahí e incluso en otros lugares. Pero hay algunos que se hacen famosos gracias al amor de una persona por ellos. En la literatura podemos encontrar sitios como Dublín, lugar lleno de historia y cultura que tiene un recorrido especial cada año llamado Bloomsday, en honor a todos los lugares que recorren los personajes ficticios del libro Ulysses. Incluso el parque hundido en la Ciudad de México ha visto pasar a los personajes de Roberto Bolaño y Juan Villoro.
Esta mezcla de realidad con fantasía hace icónicos a ciertos lugares, aún más en el cine pues vemos la imagen de los lugares con los personajes, no hay que imaginar nada. Woody Allen hizo famosa la banca cercana al puente de Brooklyn y en la cinta de Bernardo Bertolucci The Dreamers los protagonistas recrean una escena de otra película llamada Bande à part de Jean-Luc Godard lo que hace de los pasillos del museo del Louvre doblemente famosos. Pero el director Hayao Miyazaki llevó esto un paso más allá. Sus cintas son la muestra de que la fantasía no conoce límites, sus mundos nos llevan a realidades más allá que prueban su genio y visión, pero como todos, su imaginario parte de la realidad y de lo que conoce.
Hay lugares cuya belleza natural o arquitectónica inspiró al director de tal forma que no pudo sino incluir estos lugares en sus cintas animadas. Tributo o inspiración, estos son algunos de los lugares reales que podemos ver en las cintas del artista japonés.
La princesa Mononoke – Yukushima
La historia de la princesa de los espíritus vengadores está ambientada en un bosque al que Miyazaki dotó de un intenso brillo. La verdad es que este lugar, sin tanto misticismo, realmente existe. El bosque de Yukushima es justo donde el director y su equipo pasaron tres días investigando y tomando notas para la creación de su película ambientada en el Japón medieval.
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Porco Rosso – Mar Adriatico (Croacia)
Este iba a ser un cortometraje para una aerolínea. Cuando Miyazaki comenzó la producción de la cinta, la tensión en Yugoslavia creció y la guerra estalló. Miyazaki ya había explorado la zona del mar Adriatico para incluirlo en la cinta y debido al conflicto tuvo que quitar muchas escenas que podían malinterpretarse (la cinta está ambientada en la Primera Guerra Mundial) y tomó un tono mucho más oscuro.
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Ponoyo y el secreto de la sirenita – Tomonoura
Tras un viaje a uno de los lugares marítimos más concurridos de Japón, tanto por la industria como por la gente, Miyazaki no se sentía muy feliz con la raza humana, por lo que tomó a Tomonoura como inspiración y a toda la vida marítima para llevar su imaginación al agua y no sólo crear conciencia acerca de la belleza natural que tiene la tierra, sino mostrar su propio amor por un mundo que cubre tres cuartas partes de agua.
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Castillo en el cielo – Gales/ Barcelona
La cinta fue inspirada en los verdes y nublados cielos del sur de Gales, ahí es donde Miyazaki viajó con su equipo para explorar y darle vida a esta historia sobre agentes secretos, piratas y una joven llamada Sheeta que llega junto a ellos a la Fortaleza Celeste. Se dice que parte de la cinta también se inspiró en la arquitectura de unos silos abandonados en Barcelona.
El viaje de Chihiro – Jiufen
Este pueblo en Taiwán fue muy usado por los japoneses cuando la isla les pertenecía. Durante este tiempo la extracción de oro hizo al lugar muy famoso, el cual poco a poco fue perdiendo popularidad pero su belleza de antiguos días siempre permeó. En 2001 la cinta de Miyazaki hizo que el turismo repuntara y ahora el pueblo es concurrido por fanáticos de las cintas. Estos pueden encontrar lugares y gran parte de los paisajes del inicio de la cinta y arquitectura muy parecida a la casa de baños termales en la que transcurre la historia.
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Fuentes: Dazed, Soyanathema, Tofugu

