Edificios, parques, cultura urbana y Arte de Rua: Brasil es más que las pampas, el Amazonas y los carnavales, y la ciudad de São Paulo lo demuestra. Las grandes avenidas que se recorren en el trayecto del aeropuerto al centro de la ciudad se ven acompañadas de árboles, planicies, gasolineras, tiendas departamentales y todo tipo de fast food. Conforme uno se adentra a la metrópoli se comienzan a denotar las diferencias entre paisajes que pasan de ser grandes áreas verdes a rascacielos, múltiples entradas y salidas de calles, puentes, túneles; como un gran laberinto con un sinnúmero de caminos que tomar. El monzón de gente camina por las banquetas de las avenidas principales como la Paulista; o por las zonas del centro como Praça da República, donde se encuentran oficinas de las principales entidades financieras, empresariales, diplomáticas y gubernamentales del país. La identidad arquitectónica y espacial resultan impactantes para cualquiera que no esté acostumbrado a vivir entre edificios gigantescos. Aquí se conoce la mezcla precisa de cultura, ritmos y arte, con la contracultura de skate, graffiti y sonidos urbanos.
Percibir los grandes edificios desde la calle despierta el deseo de subir a alguno de ellos para observar la ciudad desde una perspectiva más amplia; de observar el panorama de latitud entre el suelo lleno de otros edificios, como el Copan o el Edifício Italia, o el cielo azul con tintes de algunas nubes blancas, un cielo que clama tranquilidad. Los rayos del sol se reflejan en el gris claro y en los asombrosos graffitis plasmados en paredes, puentes y pilares. Éste es el tinte de confabulación de la ciudad con la brisa que suena en los oídos al estar en lo alto.
Augusta es una avenida llena de lugares interesantes para comprar souvenirs y productos de diseñadores independientes. Hay hoteles y moteles, restaurantes de comida brasileña, árabe, e incluso comida mexicana (tex-mex); todo parece ser parte de una zona poco transitada de mañana hasta la tarde, totalmente normal. Pero por las noches el ambiente se transforma, la zona se convierte en una de las más concurridas por habitantes y turistas para salir a la balada —o sea de antro/nightclub. Al oscurecer, decenas de bares y restaurantes de comida rápida comienzan a abrir sus puertas con hamburguesas y hot dogs; además de las recurrentes y famosas padarias, donde se venden salgados (pan relleno), pizza y coxinha, pequeñas croquetas rellenas de pollo o queso derretido.
Praça Por do Sol, el Zoológico de São Paulo y el Parque Ibirapuera, son algunos de los pulmones que le dan un gran respiro de tranquilidad y naturaleza a la vida citadina. Cada lugar es un excelente punto para observar la puesta del sol, para sentir el calor y el viento del atardecer en los momentos de choque entre la vida cotidiana y el descubrir de la noche. Ibirapuera, el Central Park de São Paulo, tiene dos lagos y varios caminos que se pueden recorrer en las bicicletas que se rentan en la entrada. Desde el pergolado cerca del Bosque da Leitura hasta el Museu Afro Brasil, el parque está repleto de extraordinarios espacios abiertos, árboles y lagos entre los que se localizan sitios como el Planetario Aristóteles Orsini o el Pavilhão Japonês, claras representaciones de la diversidad cultural y muestras científicas accesibles para todo público. Estos sitios son muestras de dos mundos que convergen en un mismo lugar a unos cuantos minutos de trayecto.
Rincones escondidos como el Beco do Batman —santuario del arte callejero visitado tanto por locales como por turistas— son lugares que se encuentran siempre en constante cambio, ya que los graffitis que observes un día pueden cambiar la siguiente vez que vayas —en el lapso de una semana o un mes. Este punto es todo un paraíso para skaters, ya que las calles y banquetas se encuentran en estado óptimo para patinar; además de que existen parques de patinaje dentro del núcleo conurbado. Otro barrio que vale la pena visitar es Libertade, el “barrio chino” —o en este caso, el barrio asiático— en el que encuentras decenas de tiendas de souvenirs japoneses, o restaurantes de comida asiática que ha sido tropicalizada de una forma increíble.
Esta ciudad es cuna del yakimeshi y de otros platillos que se conocen internacionalmente como parte de la comida japonesa, pero que en realidad fueron creados en Brasil, y muy probablemente en São Paulo. El yakimeshi, la caipirinha, la cachaça, la catuaba, la fejoada, la farofa (mandioca), el escondidinho de carne moida, sus cortes de carne y el asombroso e incomparable açaí, también son ejemplos de la gran herencia culinaria que nos deja el país sudamericano. Sublimes sabores de la gastronomía local y de diferentes regiones, como la comida mineira, carioca, o baiana, encontrados en la urbe paulista, además de las grandiosas pizzas de calabresa.
Como ciudad cosmopolita, es fácil perderse de todos los detalles que existen en cada una de las calles y esquinas. La propia ciudad se consume en grandes zonas de edificios enlazados con parques llenos de árboles y flora que dan la sensación de estar entrando a un pequeño Amazonas adornado por fuentes y esculturas. São Paulo es una ciudad sudamericana tan emblemática que sería imposible plasmar en palabras todo lo que tiene para ofrecer al mundo.
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