Ximena: no estás loca por exigir estudiar sin que te toquen las nalgas
Estilo de vida

Ximena: no estás loca por exigir estudiar sin que te toquen las nalgas

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Por: Julieta Sanguino

14 de abril, 2016

Estilo de vida Ximena: no estás loca por exigir estudiar sin que te toquen las nalgas
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Por: Julieta Sanguino

14 de abril, 2016



Te hablo a ti, Ximena; a ti, Martha; a Gabriella; Andrea; tú que tuviste que huir del país por miedo al acoso; tú que dejaste la Universidad para no ver a tu agresor; a ti Paola, Pamela, Tania, Alejandra, Nancy, a todas las mujeres que vivimos con miedo en México porque en cualquier momento podemos ser agredidas. ¿Te suena familiar que alguien te hostigue constantemente; recibir un leve roce que sabes, no fue casualidad; los piropos incómodos o el acoso desmedido en las partes más solitarias de una universidad? Aquí en México es cosa de todos los días y nadie mueve un dedo para cambiar la situación. Las mujeres ya no somos dueñas de nuestro cuerpo en ningún sitio. Nuestra voz no se escucha y las nalgas y senos que deberían existir sin prejuicio alguno, son censurados por las miradas incómodas y los toqueteos nada casuales. 

Sin excepción, al menos una vez hemos sufrido acoso: el común es el transporte donde, en ocasiones, eres tocada hasta cuatro veces en un mismo día mientras el metro revienta de lleno y entre tantos cuerpos, no sabes a quién gritarle "pendejo". Las miradas no son menos horripilantes cuando un rostro sudoroso que quiere pasar desapercibido, mira justo hacia tus senos y tú no sabes cómo destruir el maldito morbo del que has sido parte.

lorena wolffer hostigamiento sexual

¿Será que ahora alzamos la voz o existen más pervertidos en la calle? La libertad de la mujer en México se acabó, no hay manera en la que estudiantes, amas de casa o profesionistas se enfrenten todos los días al abuso desmedido de aquellos "caballeros" que logran hacernos sentir el miedo más profundo. 

Quisiéramos pensar que existen espacios donde eso no ocurre, porque claro, pensamos, en el metro viajamos con hombres de todos los estratos sociales y los de menos educación son los más salvajes. Error. En las universidades públicas y privadas, el derecho femenino tristemente no existe. ¿Sabes qué ocurre si denuncias el acoso en tu universidad? Probablemente nada. 

Paso 1: Te acosan. Paso 2: Denuncias. Paso 3: Nadie te cree porque, consideran, exageras. Paso 4: te violan. Paso 5: Vives con miedo mientras el agresor continúa compartiendo tu espacio, mientras te observa desde lejos y tú debes hacer como que no pasa nada porque nadie te hizo caso la primera vez y seguramente no lo harán ahora.


Martha Amorocho

Martha, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México, fue drogada y violada por Víctor Hugo Flores Soto en 2014. Lo denunció, pero la respuesta no fue positiva. Acudió al jurídico universitario y a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Durante 15 meses, su agresor continuó asistiendo a la universidad como si nada ocurriera y la Universidad nunca emitió algún castigo ante el abuso. Cuando por fin decidieron expulsarlo, el joven se amparó y el proceso no rindió frutos.

Las preguntas no eran de apoyo, ella no era una víctima, sino una mujer que exageraba, alcohólica, llena de complicaciones: "¿Para el día de los hechos eras virgen? ¿Tu consumo de alcohol en fiestas es alto? ¿Sueles dormir fuera de tu casa? ¿Tal día te acostaste con tal persona?”. Martha, en lugar de recibir ayuda, fue sometida a un juicio sin ser ella la que había violado a alguien.


hostigamiento sexual

Las denuncias que existen en México por delitos sexuales son 600 mil al año, según la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, pero según esta institución, la cifra negra es de 94.1%. De los 600 mil delitos, sólo existen 20 mil averiguaciones y sólo en 6 mil se consigna al agresor ante un juez... Vaya cifra insignificante el 1%. Además, ser estudiante es la ocupación más frecuente entre las víctimas.

El caso de las preparatorias es tal vez uno de las leyendas urbanas más certeras: cuando estás en la prepa, buscas pasar, a como dé lugar, una materia. Muchas de las estudiantes saben que probablemente deberán aceptar una invitación del profesor gordo y feo para lograr el cometido y, sin mucho esfuerzo, el abuso de autoridad de estos pseudoprofesionales que en lugar de buscar que las jóvenes aprendan, buscan saciar su instinto voraz, casi pederasta, de mirarlas con morbo y si se da la oportunidad, acariciarlas tan asquerosamente como sea posible.


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¿Indignación? Claro. Por las 32 universidades autónomas locales de cada estado, sólo cuatro de ellas tienen un protocolo para la atención de hostigamiento y abuso sexual y ninguna universidad privada logra castigar el delito. Todas, absolutamente todas, castigan estado de ebriedad o falsificación de documentos, pero parece que la protección de sus estudiantes no es relevante.

Hace pocas semanas nos convertimos en testigos de la denuncia de una reportera de "Vice" cuando un sujeto levantó su falda y bajó sus calzoncillos... No era la primera vez, aseguraba, y tampoco fue ella la única. Gabriella Nava, estudiante de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, denunció a un hombre por grabar debajo de su falda en el transporte público. El hombre trabaja en el departamento de intendencia de la Universidad y también cometía abusos sexuales en la FES Iztacala, porque ir a otra institución exime de la culpa, al parecer. Pero además, debemos sumar a la agresión la poca empatía y al parecer, el gran machismo cerdo y despiadado al que está condenado México.


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Después de que estas mujeres denunciaron las agresiones, no recibieron ayuda solidaria, sino desprecio, fueron tachadas de prostitutas, zorras, mujeres fáciles, porque ellos se solapan, pero nosotras parecemos estar sordas ante la impotencia de las instituciones.

En la Universidad Iberoamericana, Ximena acomodaba archivos mientras hacía su servicio social cuando un ayudante de profesor se acercó y le jaló el gorro de la sudadera mientras le susurraba: “Si así te pones por esto, cómo te vas a poner si te agarro una nalga”, antes le había escrito mensajes hasta que la joven no pudo más y abandonó el trabajo que debía realizar. Lo denunció con una profesora: "es muy bromista", le dijo, más tarde, al departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Iberoamericana y la Procuraduría de Derechos Universitarios que sólo castigó el acoso como un “acercamiento no consensuado”, la estudiante recibió una disculpa del director y continuó yendo a clases en el mismo salón que su agresor. Tuvo crisis nerviosas, desmayos incontrolables cuando veía las sonrisas burlonas de su agresor hasta que éste dejó de asistir por dos meses... las cosas aún no se solucionan.


no es no hostihamiento sexual

Otra estudiante de la Iberoamericana contó que un profesor le aseguró un cambio de su calificación a cambio de "hacer algo más", pero no tenía pruebas, afirmaba la institución.


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¿Cómo lograr un cambio si parece que hablamos ante paredes sólidas de mármol frías y sin ningún tipo de empatía? "No" es "NO", hombres, entiéndanlo y consideren ser ultrajados, amenazados y víctimas de una impotencia indescifrable cada vez que salen de su casa o se encuentran solos. Son cobardes porque lo hacen detrás de cientos de personas que no podemos distinguir. Corren, huyen y no enfrentan ni siquiera la mirada perpleja de aquella que quiere hacerlo añicos con todo el coraje del mundo. Aceptamos la igualdad, pero sólo en la superficie, porque cuando somos víctimas, todos: hombres, mujeres, autoridades, instituciones y presidentes, callan.




Recuerda, no estás loca ni exagerando. No estamos solas y si uniéramos esfuerzos, y deberíamos darles una lección convirtiéndonos en mujeres que denuncian, ya sea a través de redes sociales o aliándonos con otras mujeres que han sufrido acoso como la campaña No es no, para así, destruir las horripilantes prácticas en nuestro país.


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Referencias: