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23 frases para recordar a la fotógrafa de los marginados: Diane Arbus

Fotografía 23 frases para recordar a la fotógrafa de los marginados: Diane Arbus


Diane Arbus fue una leyenda entre los fotógrafos. Con una visión que se enfocaba en lo “horrorizable”, logró desviar la atención hacia aquellos que no habían sido mirados; hacia los que eran diferentes. Fue una revolucionaria en el tema del arte, pues nunca se había puesto tanto interés en los marginados para ser retratados. Los enfermos mentales, gigantes, personas con malformaciones fueron sus modelos.

Para hacer las fotografías más fuertes utilizó el flash de relleno, pionera en el uso de éste. Las personas que para muchos serían normales lucen anormales al lado de los retratados, entonces surge la interrogante: ¿quién es el raro y quién el normal? 

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Tras una larga depresión se suicidó a los 48 años, dejando un vacío en la comunidad artística neoyorquina y del mundo entero, pero dejando también una gran serie de fotografías que quedarán guardadas para la historia. Su forma de ver el mundo cambió el de la fotografía, dejando tras su muerte un archivo fotográfico que no sólo ponía en evidencia su capacidad como fotógrafa sino como artista en general, e incluso escritora.

 A continuación te dejamos con algunas de las frases de Diane Arbus que fueron seleccionadas para ser parte del prólogo de Aperture Monograph en 1972, un año después de su muerte. Las frases fueron editadas por Doon Arbus (hija de Diane), quien las tomó de conferencias, clases y charlas que la fotógrafa dio en sus últimos años de vida. 

“Lo que más me gusta es ir donde nunca estuve antes. Para mí hay algo en el solo hecho de ir a la casa de otro. Cuando se acerca el momento, siento como si fuera a una cita a ciegas. A veces entro en pánico: ‘¡Dios mío!  ¡Ya es la hora! No tengo ganas de ir’. Después, una vez que estoy en el camino, me invade una sensación fantástica, por lo extraño de la situación y por la ausencia de algún truco para controlarla”.

“Es difícil decirle a alguien: ‘Quiero ir a su casa y conocer la historia de su vida’. Seguro que me contestaría: ‘Usted está loca’. Y además se pondría muy en guardia. Pero la cámara es una especie de pasaporte. A muchos les gusta que uno se interese por ellos y ese medio les atrae”. 

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“Soy muy simpática con ellos, hasta un poco hipócrita. Pura miel y azúcar. Eso me irrita un poco. Me oigo decir: ¡Ohh!. ‘Formidable’, y entonces la mujer hace una mueca. Yo no quiero decir que es formidable; ni que quisiera parecerme a ella; ni que mis hijos se le parecieran. Tampoco que, en mi vida privada, le daría un abrazo. Quiero decir que lo que estoy viendo es, indiscutiblemente, ALGO.... Siempre hay para mí un punto en el que me identifico con ellos”. 

“Todo el mundo tiene el deseo de querer dar de sí cierta imagen, pero es otra muy distinta la que aparece y ven los demás. Ustedes ven a alguien por la calle y lo que advierten esencialmente en esa persona es el defecto. Ya es extraordinario que cada uno de nosotros tengamos nuestras particularidades, y no contentos con las que se nos han dado, nos creamos otras. Nuestra conducta es una señal que damos al mundo para que se nos mire de cierta manera, pero hay un universo entre lo que uno quiere que la gente piense y lo que uno no puede impedirle. Es fantástico que parezcamos lo que parecemos, y eso es lo que surge a veces muy claramente en una fotografía”. 

“El procedimiento de la toma tiene en sí mismo cierta exactitud, cierta penetración a la que generalmente no nos sometemos, ni sometemos al prójimo en la vida diaria. Somos más indulgentes con los otros. La cámara en cambio es fría, y dura”.

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“Hay una medida que yo llamo el ‘punto de ruptura entre la intención y el efecto’. Si uno observa la realidad lo suficientemente de cerca, esa realidad se torna fantástica”. 

“Trato de describir la imposibilidad de salirse de la propia piel para entrar en la de otro. La tragedia de los otros no es la misma que la de uno”.  

“No quiero decir que todas las fotografías deben provocar. A veces pueden mostrar algo mejor de lo que se hubiera creído, o una diferencia que se vuelve interesante”.

“Lo que menos me atrae es fotografiar a gente conocida o a personajes públicos: en cuanto se vuelven famosos, me resultan totalmente indiferentes”.

“Los monstruos, los freaks, los fenómenos de circo, tienen una cualidad de leyenda. Son como el personaje de un cuento de hadas que nos detiene para exigirnos la respuesta a un enigma. La mayoría de la gente vive con el miedo de pasar por una experiencia traumática. Ellos ya pasaron la prueba de su vida. Son aristócratas”.

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“Una prostituta que conocí me mostró un álbum de fotos en color Instamatic que les había tomado a sus clientes. Me acuerdo de una foto de un hombre con corpiño. No era más que un hombre, de lo más común, un padre tranquilo, y se probaba un corpiño como cualquiera puede divertirse probándose la vestimenta de otro. Era desgarrante. Una maravillosa fotografía, en verdad”. 

“Había ido a un baile para discapacitados. No llevé cámara. Al principio me aburría a muerte. Me quedé en un rincón y estaba arrepentida de haber ido. Había toda clase de discapacitados. Una mujer me contó algo terrible... que los paralíticos cerebrales odiaban a los poliomielíticos y que ninguno de ellos quiere a los retardados… Después de un rato, alguien me invitó a bailar y después otros. Empezaba a divertirme como loca, pero la situación tenía algo desagradable. Era como ser de pronto una estrella de cine. Algo había cambiado: de repente, era yo la criatura notable”.

“Nunca tengo miedo cuando miro por el visor. Si una persona avanzara hacia mí con un revolver, yo mantendría los ojos pegados al visor y sería invulnerable. Simplemente me parecería apasionante. Dios sabe que cuando las tropas empiezan a avanzar, uno siente pánico y comprende perfectamente que lo pueden matar. Pero hay un poder que emana de la cámara. En ese objeto que uno lleva hay cierta magia que los inmoviliza de algún modo”.

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“Me acuerdo de un verano en que trabajé mucho en el Washington Square Park, más o menos en 1966. El parque estaba dividido. Había senderos dispuestos en forma de estrella que delimitaban territorios autónomos. A lo largo de uno de ellos estaban los jóvenes hippies drogados. En otro estaban las lesbianas, muy difíciles de abordar. Y en el medio, los borrachos. Eran como el primer escalón, y las chicas que venían del Bronx para juntarse con los hippies, se veían obligadas a acostarse antes con los borrachos. Era realmente sorprendente. Y espantoso. Había días en que simplemente no podía trabajar allí... Deambulé mucho. Finalmente trabé relación con algunos. De algún modo parecían esculturas y eso me daba ganas de hacerles primerísimos planos. No se puede mirar a la gente en sus narices y no decir una palabra, aunque eso me ha sucedido”.

 “No me gusta ordenar las cosas.  Cuando me encuentro frente al modelo, en lugar de acomodarlo a él, me acomodo a mí misma”. 

“Cuando era chica pensaba que, en el momento en que se decía algo, esto dejaba de ser cierto. Seguro que me hubiera vuelto loca si persistía en eso, pero hay algo parecido en lo que trato de decir: cuando una cosa está hecha, hay que soltarla e ir más allá”. 

“Es importante hacer malas fotografías. Pueden hacer que ustedes reconozcan algo que no habían visto, de un modo que hará que lo reconozcan cuando lo vuelvan a ver”.

“Últimamente he descubierto con estupor hasta qué punto puedo querer lo que no se ve en una fotografía. Una oscuridad verdaderamente física. Para mí es muy excitante volver a encontrar la oscuridad”.

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“Me horroriza la idea de composición. No sé lo que es una buena composición. Supongo que debo saber un poco de qué se trata, pues bastante he tanteado para descubrir lo que me gustaba y lo que no me gustaba. A veces, para mí, la composición está ligada a una luminosidad o a la instalación de cierta calma. A veces es el resultado de un error. Hay cierta manera de hacer las cosas bien y otra de hacer las cosas mal. Yo a veces prefiero lo que está bien y otras lo que está mal. Eso es la composición”.

“Nunca elegiría a un sujeto por su relación conmigo o por lo que yo pienso de él. Sencillamente, hay que elegir al sujeto; y lo que uno siente o lo que el sujeto representa para uno comienza a precisarse al tratarlo con frecuencia”. 

“Lo que es importante saber es que nunca se sabe nada. Hacemos nuestro camino a tientas. Algo que me impactó desde el principio es que uno no pone en una fotografía lo que va a salir o viceversa, lo que sale no es lo que uno ha puesto. Nunca tomé la foto que tenía la intención de tomar.  Siempre fueron mejores o peores”.

“Muchas veces el conocimiento de uno mismo no lleva a ninguna parte. A veces solo deja el espíritu vacío”.

  “Creo, con cierto pudor, que hay cosas que nadie vería si yo no las hubiera fotografiado”.

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