Fotografías para no temerle a tu desnudez en público o en la intimidad

Sábado, 12 de agosto de 2017 13:37

|Diego Cera



Es momento de comenzar a hacer el amor con las luces prendidas, no como una nueva manera de explorar el sexo, sino como una forma de confrontar el cuerpo a través del otro o, por qué no, de un espejo en el que la propia imagen se multiplique para que cualquiera pueda apreciarse a sí mismo y perderse la vergüenza, actitud necesaria para sobrevivir en medio de una sociedad que nos quiere ver a todos grises y uniformes. Pensar que nuestro tiempo es justo un momento histórico de despersonalización es un asunto realmente lamentable; cada vez aparecen más personas pretendiendo ser otras o camuflándose para no llamar la atención, como si en realidad existiera el humano perfecto o la figura errónea.




¿Es posible exigir la perfección en un mundo construido por hombres? Si damos por hecho que nuestra esencia es nacer con errores para poder enmendarlos en el futuro, la respuesta a la pregunta es obvia: no. El pensar que en nuestra vida podemos alcanzar un carácter redondo y sin equivocación alguna es lo que nos ha orillado a sentir repulsión hacia nosotros mismos y, evidentemente, a ocultarnos incluso de la introspección. Tenemos miedo de asumirnos como seres feos, de mirar en el espejo, más que una persona, un muñón sin forma muy diferente a lo que dictan los cánones de la belleza.




Afortunadamente, así como existen medios que nos bombardean con ideas erróneas acerca del cuerpo, hay quienes se preocupan por reivindicar la figura humana como una creación prácticamente artística que debe ser apreciada dese su propia figura y no partiendo de una comparación arbitraria. Es así como llegan hasta nosotros trabajos como el de AdeY, que retoma la idea de un cuerpo sin ataduras ni definiciones para demostrar que no existe en él fealdad por la que alguien deba avergonzarse.




Los protagonistas de estas fotografías exponen sus figuras ante la lente sin importarles que el sol les sorprenda, lo hacen sabiendo que todo mundo goza de una figura con detalles únicos que le otorgan originalidad y pureza. De modo que el único error es pensar que esos rasgos únicos son defectos que deberían avergonzarnos o, peor aún, razones para aislarnos de los demás como si la ropa no fuese el instrumento por excelencia del pudor.




Con su trabajo, AdeY pone en evidencia lo peor de nuestra sociedad y de todo lo que la presión que ésta ejerce sobre nosotros se convierte en un impedimento para la felicidad. Opresión, ansiedad, problemas de género y raza. En ese momento el espectador puede darse cuenta de que él no es el único que percibe su cuerpo como una masa amorfa y sin sentido. En ese sentido, lo único perfecto en estas tomas es el retrato de una humanidad que se expresa a medias pensando que con las palabras se puede decir absolutamente todo.




La luz que gobierna las imágenes es, quizás, una metáfora de la claridad con la que la gente debería mostrarse ante sí mismos y ante un mundo que, además de violento, se empeña en echar abajo toda esperanza de autovaloración. Todo con la única intensión de seguir creando estándares que favorecen a los ideales y ambiciones de un reducido sector de la población, mientras que los otros –quienes en verdad sufren de esta estandarización– continúan rechazándose a sí mismos con la ilusión de que aparezcan más AdeYs que los conviertan en verdaderas obras de arte.




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Diego Cera

Diego Cera


Articulista Senior
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