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Alucinaciones, dolor, gritos y sufrimiento en 18 imágenes de hospitales psiquiátricos

Fotografía Alucinaciones, dolor, gritos y sufrimiento en 18 imágenes de hospitales psiquiátricos



"Frío. Es la primera palabra que viene a mi mente y el primer recuerdo de mi estancia en este lugar. No sé qué pasó antes y nadie se molestó en explicármelo durante mucho tiempo. Sólo recuerdo el frío de mi desnudez cuando quitaron las sábanas de mi cama y me despertaron a golpes. Sentía mi cuerpo herido, pero los nuevos azotes abrían un universo de dolor que no imaginaba. Cada segundo parecía una tortura que no podía empeorar, sin embargo, lo hacía. Desnudo, entre gritos, insultos y humillaciones me hicieron caminar junto a otras personas en la misma condición que yo. Despojados de toda ropa no podíamos sino correr para acelerar el tormento y buscar una explicación a lo que sucedía. Frío, eso es lo que sentía, pero no se comparó con el dolor del agua helada que llegó a mi a través de una manguera gigante, de ésas que usan para regar grandes jardines y que ahora era usada en mi contra. El agua causó yagas en mi cuerpo y la temperatura hizo estragos en mi salud, de eso estoy seguro. Si no estaba loco antes, aquí se hicieron cargo de que lo estuviera. 

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Me pidieron expiar mis culpas y es lo que intento, por medio de letras llegar a una conclusión, definir esta lucha de egos, pues si yo soy un monstruo por mis pecados, ustedes lo son por lo que me hicieron. No lo niego, las voces me hablaban y a veces sabía que había cosas en donde nadie más podía verlas, pero nunca quise hacer daño a nadie y si llegué a provocar dolor, por eso me siento arrepentido. Ustedes, por el contrario, no muestran signos de lamento, no tienen una pizca de corazón al tratarme peor que un animal, pues de un loco ni siquiera la carne se puede usar. Ustedes son los que provocan el verdadero daño a la humanidad al llevar al limite la razón y la locura en una búsqueda enfermiza por "curarnos". Hay dos opciones: someterme a sus actos o morir en este momento, y si están leyendo esto, significa que ya hace tiempo que me fui, pues el sueño eterno es preferible a la pasividad provocada por los choques eléctricos que ustedes proporcionan. No estaba loco cuando llegué, no estaba loco cuando me fui, pero ya conocí el infierno nunca creí que fuera tan frío y prefiero la muerte antes que permanecer en él".

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Es improbable entender el sufrimiento que se vivió en los hospitales psiquiátricos durante siglos. Los lugares en los que se confinó a la locura en pos de erradicarla nunca fueron conocidos por ser los sitios más amigables del mundo. Encerrar a personas mentalmente inestables, con problemas tan grandes como extraños no fue lo más peligroso, el trato impartido por los doctores, guardias y por la sociedad en general fue lo que realmente destruyó el espíritu y arrastró a miles de personas a la verdadera locura. 
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Seres desalmados, así los queremos ver. Los guardias son esos que se encargaban de velar por la seguridad de los pacientes, pero muchas veces eran ellos quienes, desde un trono de poder en el cual se sentían superiores (física y mentalmente), agredían y humillaban a la gente que supuestamente era incapaz de funcionar en realidad. 


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"—Estuve internado en el pabellón 2 y me dieron 15 electroshocks en la espina dorsal…
—¿En qué pabellón?
—En el pabellón 2, segundo piso de observación. Luego me llevaron a la cirugía, que me iban a poner un trasplante en la mano, pero nunca llegó el día. Nada más me traían a vuelta y vuelta. Esta vez me trajeron porque cantaba. Porque canto y cantaba y sigo cantando.
—¡Ah! Canta…
—Y por eso me amarraron con mecates. Dijeron: 'A ver si así te callas'. No, no me callo; si así nací, así seguiré hasta que me lleve el tren. 'Bueno, pues allá tú. Te vamos a amarrar las manos, te vamos a poner un bozal'. Mmmhh. Me quité el bozal y me desaté las manos. Agarré y tumbé la puerta y me salí. Decían: 'Ya se escapó', '¿Quién lo desamarró?' 'Pos nadie, él solo'. Un corredero y cerradero de puertas, un corredero de enfermeros por acá y por allá. Porque era algo serio y agresivo cuando me amarraban así, y luego ya me volvían a amarrar. Decían: 'Verás, orita te vamos a volver a amarrar y te vamos a poner una inyección de caballo'. Una inyección con una aguja así de gruesota".

Ese es el testimonio de Enrique, paciente que entró a la Castañeda, palacio de la locura en México, debido a su agudeza vocal y su falta de afinidad social. ¿En realidad eso es motivo para encerrar a alguien e inyectarlo con algo que se le daría a un caballo?

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Tal vez todos tenemos en la mente la lobotomía, ese cruel método de apaciguamiento que transformaba a la gente en menos que unos muertos, pero que seguramente el efecto en la mente era el de una completa desconexión con el mundo real, sin embargo, no fue lo único malo. Desde hace siglos las caridades, la iglesia y algunas obras públicas se dedicaron a encerrar a los enfermos mentales. El siglo XX tuvo como propósito curarlos, pero antes de eso la salud no era algo preocupante, simplemente se trataba de lugares en los cuales encerrar a la gente diferente, a esa que no podía codearse con los "normales". Nada mejor resumido que en el cuadro de Goya, "Casa de locos", pintada entre 1812 y 1814. 

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Hoy se intenta que las prácticas sean mucho más humanas, pero la realidad es que mucha gente se preocupa sólo por momentos, es indignación seguida de olvido. Los hospitales psiquiátricos han tenido una historia oscura, pero eso no significa que el trabajo esté terminado. Se debe velar por los intereses de quienes menos se pueden defender y es obligación de todos darles una vida justa. 


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Fuente: 

Antena San Luis 

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