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15 fotografías desconocidas de cómo se vivía en México sin estereotipos

30 de mayo de 2018

Eduardo Limón

Cartier-Bresson vivió y trabajó durante una temporada en México. Éstas son sus fotografías.



Cuando André Breton durante una visita a México declaró que este país era el más surrealista del mundo, no hizo una declaración artística o filosófica de la región, sino un análisis genético de nuestra cotidianidad. Según la historia, cuando Breton estuvo aquí en 1938, maravillado por la artesanía nacional, encargó a un carpintero local una mesa. Siguiendo la costumbre del dibujo, hizo un boceto de la silla en perspectiva, dando por resultado una especie de rombo irregular con lo que parecían sólo tres patas —dado el ángulo desde el que se imaginó—. Días después, Breton recibió una mesa increíble, bien montada y con acabados extraordinarios; sin embargo, el carpintero mexicano, sin mesura alguna, siguió tan al pie de la letra el modelo bocetado por el artista, que entregó una mesa de tres patas de distintas alturas y una apariencia completamente amorfa. Breton era dueño de una pieza mobiliaria de tal excepcionalidad, que bien podía ser una obra del surrealismo. 


Lo anteriormente expuesto sirve como acercamiento necesario para un telón de fondo que vivió otro artista de la época: Henri Cartier-Bresson. Antes de fundar Magnum y con sólo 26 años de edad, este fotógrafo estuvo en México, específicamente su ciudad, y se dedicó a retratar la etnografía peculiar y los contrastes casi oníricos de una población extremadamente diversa, imaginativa y seductora. De una sociedad que aún no se enfrentaba a los prejuicios que hoy vemos, con los que ahora juzgaríamos a la urbe entera y a partir de los cuales ofendemos en la actualidad. 







Desde voceadores, prostitutas y el día a día del mexicano común, del ciudadano mayoritariamente pobre, hasta retratos de la política y la escena artística del momento, Cartier-Bresson se caracterizó, sobre todo, por hacer visible a un México bajo como nunca antes se había visto. Jugando con la realidad, ese hombre que diez años más tarde fundaría la agencia fotográfica más famosa del mundo tomó sus intereses en la imagen documental o periodística y las dotó de una narrativa que sólo es equiparable con los disparos de Dalí, Ray y Ernst. 







Sí, antes de ser ese artista que produjo bajo el statement del NO MANIPULES y la búsqueda del Instante Decisivo, Cartier-Bresson se daba licencia absoluta de un papel intradiegético en sus fotografías y de un desparpajo creativo con tintes políticos y sociales. Dos elementos que marcaron definitivamente el porvenir de Magnum y las artes documentales. 






México y sus escenarios permearon por completo la trayectoria y la producción tanto visual como crítica de Cartier-Bresson. Nada, ni siquiera cuando uno de sus compañeros etnógrafos huyó con el dinero que ambos destinarían para su proyecto, lo frenó de quedarse en nuestro país, de verlo siempre con una mirada y un corazón conscientes de lo que este suelo significa en términos artísticos, y de trabajar para que ese mismo sistema del arte cambiara en dirección mexicana. 


Cartier-Bresson nunca fue el mismo después de México, y viceversa. 


TAGS: México fotografía documental fotografía en blanco y negro
REFERENCIAS:

Eduardo Limón


Editor de Moda

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