INICIO NOTICIAS VIDEO SERIES INFOGRAFÍAS ARTE FOTO CINE HISTORIA LETRAS MÚSICA DISEÑO ESTILO DE VIDA MODA VIAJES CIENCIA Y TECNOLOGÍA COMIDA

Todos los derechos reservados 2017
© Cultura Colectiva

Cómo se vive adentro de una prisión entre tortura y maras en 24 fotografías de Meredith Kohut

18 de diciembre de 2017

Diana Garrido

Meredith Kohut les admira la capacidad que tienen para defender sus ideales y la suficiente fuerza interna para sobrevivir a lo que muchos llaman infierno.



En ocasiones la violencia cotidiana conlleva más violencia. Cuando vivimos en un imaginario repleto de agresiones de todo tipo, reaccionar de la misma manera es un mecanismo de defensa, mismo que se pone como escudo ante el miedo, la frustración y la pesadez de verse intimidado. Durante los años ochenta, se vivía una ola de agresiones y peleas en Estados Unidos, protagonizadas por inmigrantes de Centroamérica, principalmente de El Salvador, cuya gente huía de las sangrientas y extremas guerras internas. Estos conflictos derivaron en dos pandillas que hasta la fecha son las más conocidas e incluso, temidas: La MS-13 o Mara Salvatrucha y la Pandilla 18.





Ambas viven en una constante pelea por el poder del territorio y otros conflictos un tanto más personales —como amoríos o cambios de bandos—, pero por más insignificantes que puedan ser o que intentemos hacerlos ver, han sido causa de la muerte de muchas personas inocentes a su alrededor. Con tatuajes en todo el cuerpo, la cabeza rapada y el torso desnudo, las pandillas se mueven en autos de los que emanan canciones de rap a todo volumen; por las ventanas se pueden ver algunos hombres y mujeres de miradas retadoras y actitud liberal, que encaran al miedo y dan todo por su familia o, lo que es lo mismo, su pandilla.





No obstante, muchos de ellos han quedado atrapados entre esposas y sirenas de patrullas para después ser puestos en una prisión, misma que funge como su nuevo hogar. Ellos siguen viviendo "la vida loca", una de las expresiones más usadas por los miembros de las maras; pero a diferencia de su libertad, en la cárcel deben imponerse de nueva cuenta, aunque siempre hay rumores sobre quiénes son afuera. La cárcel es dura y les causa conflictos existenciales, pero siempre caminan con una coraza encima, misma que les ayuda a sobrevivir en un lugar tan decadente como la prisión.





Sin embargo, muchos de ellos son extraditados a sus países por lo que las cárceles de Centroamérica se han visto repletas de muchos miembros pandillas en los últimos años. Se registró, de hecho, una sobrepoblación entre los extraditados y los criminales locales no hace mucho, obligando al gobierno a construir una prisión más grande en la cual pudieran caber todos. Así que el febrero de 2017 se inauguró en El Salvador la fase III del Complejo Peninteciario de Izalco, que recibió a miembros de las pandillas más temidas, los maras y los 18.





El complejo resguarda una prisión mixta en la que ha ocurrido lo inimaginable, juntar a ambas pandillas que, como era de esperarse, se atacaban y peleaban entre sí. De igual manera, las pandillas siguen en la lucha por encontrar el poder y poseerlo ejerciendo presión sobre los otros. Por ello, la fotógrafa Meredith Kohut recorrió ese nuevo penal en el que están sentenciados a calmarse o a refinarse; la realidad, es que la mafia incrementa, se hacen cada vez más competitivos y muy pocos logran entender el alejamiento de la actividad delictiva.





La fotógrafa capturó cada uno de los momentos clave en la vida de los maras, ya que no sólo llaman la atención sus tatuajes o su actitud retadora. Son seres humanos que viven con y para defender su territorio, tienen ese instinto salvaje a flor de piel. Ella les da una oportunidad de expresarse sin la necesidad de agredir o pelear. Les permite posar ante su lente con la actitud que más les guste. Busca que ellos hablen por sí solos, que den su mensaje a la cámara y que no se inhiban ante ningún tipo de restricción. Ella les da la libertad de ser seres humanos comunes, no los típicos delincuentes que se mantienen entre barrotes, se convierten en personajes con una historia de vida que tratan de ser escuchados.





En una serie denominada Prisiones de El Salvador, misma que los muestra en sus actividades diarias, enfundados en sus uniformes amarillos y conviviendo entre sí. En todo momento les da protagonismo sin perder de vista el hecho de que están en la cárcel, ya que lo que ella pretende mostrar, además del ser humano y no el delincuente, es la manera en que ellos enfrentan y sobreviven el encierro, puesto que no es sólo pasar desapercibidos, cumplir la condena y salir. Se trata de una guerra interna aún más fuerte que la de afuera.





Con estos retratos, la fotógrafa tiene un ensayo que altera los sentidos, nos pone alerta. Nos hace verlos mucho mejor, sin prejuicios y como personas que cometieron errores, pero que pueden retractarse y si no es así, no importa, ellos siente, valen tanto como alguien libre. De hecho se les admira la capacidad que tienen para defender sus ideales y su manera de ser, así como la paciencia y ganas de ser libres, poderosos y con la suficiente fuerza interna para sobrevivir a lo que muchos llaman infierno.


**


Así se vive en las prisiones de Filipinas y en las de Brasil. En ambos lugares hay injusticia y locura total, como la que se vive con los maras.

TAGS: fotografía documental fotografía histórica serie fotográfica
REFERENCIAS: Nos queda claro Contrapunto Meredith Kohut

Diana Garrido


Articulista

  COMENTARIOS

  MÁS DE CULTURA COLECTIVA

Is Blue The Warmest Color?: How "The Unsent Project" Shows The Pigments Of Closure El niño que luchó contra el VIH e inspiró una canción de Michael Jackson Here's Why Claudia Romo Edelman Believes You Can Change The World 4 consejos para convertirte en viajero si tienes un trabajo muy demandante Pinturas de Philip Barlow que demuestran cómo ve el mundo la gente con miopía Ideas para tus selfies cuando no sabes cómo posar

  TE RECOMENDAMOS