12 fotografías que muestran la explotación infantil y el trabajo forzado en Bangladesh

No se trata de mirarlas y sólo apesadumbrarse, ¿qué podemos hacer en todo el mundo para cambiar esta realidad?



Cada 12 de junio se concentra nuestra atención en la magnitud global del trabajo infantil y se exhorta al mundo entero para tomar medidas en pro de su erradicación. Cerca de 168 millones de niños y niñas son víctimas de la explotación. Si bien no todas las tareas realizadas por menores deben clasificarse como trabajo infantil, sí tenemos que prestar atención en aquellas que vulneran sus derechos y libertades. Por ejemplo, es claro que la participación de los niños y adolescentes en labores que no atentan contra su salud y desarrollo personal, o que no interfieren con su escolarización, se consideran tareas positivas e incluso necesarias. Asimismo, la colaboración en un negocio familiar o las actividades que realizan de manera extraescolar o durante las vacaciones para ganar dinero de bolsillo, no están penadas pues son provechosas para su crecimiento y el bienestar de la familia con base en experiencias, productividad y establecimiento de valores.



Sin embargo, aquel trabajo que prive a los niños de su niñez, su potencial académico y su dignidad, perjudicando su desarrollo físico y psicológico, vaya que es penado. Por lo tanto, toda actividad que interfiera con su escolarización, le obligue a abandonar su hogar, le exija por largos periodos un trabajo pesado, o inclusive le someta a situaciones de esclavitud, contagio de enfermedades y la vulnerabilidad a sostener una vida en las calles, es una condición que urge perseguir, castigar y eliminar.



Zoriah Miller es un fotoperiodista que comenzó su producción a los 15 años y, tras haberse desempeñado algún tiempo para la Cruz Roja, decidió dedicarse a dar visibilidad a todos esos conflictos que se saben, pero requieren un golpe de mirada más fuerte para de verdad ser accionados en su resolución. Hoy trabaja de manera independiente y ha logrado exponer en todo el mundo aquellos conflictos que necesitan no perderse frente a la mirada: Iraq, Afganistán, La Franja de Gaza y el Líbano.



Fiel a la creencia de que para abolir las realidades cancerígenas de la humanidad, en diciembre de 2005 visitó una fábrica de prendas de vestir en Narayanganj, el centro de la industria de la confección en Bangladesh –un país donde se ha prohibido el trabajo infantil desde 1992–, para fotografiar los contextos que de hecho suceden en ese territorio. Lo que encontró: un niño de 12 años golpeado por haber cosido demasiado lento unas camisetas.


Descubrió y dio imagen entonces a un lugar donde, de manera ilegal aunque no clandestina, más de 6.3 millones de menores trabajan a marcha forzada, son sometidos a condiciones extremadamente riesgosas, se les paga alrededor de 10 dólares al mes y cuyos productos se venden en países de Occidente sin ninguna conciencia sobre sus circunstancias.



Zoriah pretende con estas fotografías no generar morbo ni exhibir situaciones irresolubles; al contrario, busca mostrar la complejidad del asunto. De una vida en que los padres de distintas regiones envían a sus hijos a trabajar dada la pobreza que les circunda, los niños tienen que hacerlo para que su familia sobreviva, los jefes de las fábricas son sometidos por las grandes compañías textiles y los clientes de esas tiendas tienen que comprar en ellas por su propia imposibilidad para acceder a otras de mayor precio.


Campo difícil para tomar medidas, ¿cierto? Sería cambiar, prácticamente revolucionar al planeta entero; no obstante, un paso a la vez, podríamos todos luchar por una mejora en las condiciones de trabajo de los niños y encontrar la manera –porque debe haber alguna– de no frenar el paso infantil por las escuelas y no permitir que las labores infantiles frenen el desarrollo emocional de los pequeños.


Él es Jainal, tiene 11 años y trabaja en una fábrica de ollas de plata.



Liyakot Ali tiene 13 años y también trabaja allí.



Jasmine, de 7 años, gana dinero para su familia buscando objetos reutilizables o revendibles en los montones de basura humeante.



Niños que trabajan en una fábrica de ladrillos y, por cada mil de estos que logran, ganan el equivalente a 0.9 dólares.



Así es como cargan el resultado de su esfuerzo.



Las manos de Munna, un niño que trabaja en la fábrica de piezas vehiculares.



Razu también trabaja allí. Él gana cerca de 7 dólares mensuales por su largo desempeño de 10 horas al día.



Este 2018, el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo y el Día Mundial contra el Trabajo Infantil se unen en una campaña para mejorar los términos de seguridad y salud de los trabajadores jóvenes y poner fin a su explotación. El objetivo es acelerar las acciones para promover entornos seguros para todos los trabajadores en 2030 y poner fin a todas las formas de trabajo infantil en 2025. Para tales fines, se requiere adoptar un enfoque común en todo el mundo para la eliminación del trabajo infantil y la promoción de una cultura de prevención en materia de seguridad y salud en el trabajo. La pregunta es cómo actuaremos los seres humanos del planeta y de qué manera procederán tanto los gobierno como las grandes firmas de producción.


Se estima que hay 541 millones de trabajadores entre 15 y 24 años; ellos representan más de 15 por ciento de la fuerza de trabajo mundial y sufren más accidente laborales que los trabajadores adultos mayores de 25 años. Es urgente cambiar esas cifras y revelar aquellas que competen a los aún más jóvenes.


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Todas las imágenes pertenecen a Zoriah Miller y puedes revisar su trabajo en zoriah.net


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