Fotografías de cómo los hombres llegaron a un camino que no es

lunes, 10 de julio de 2017 13:22

|Diego Cera

Desde que el hombre comenzó a aventurarse hacia otras tierras y a crear colonias alrededor del mundo, palabras como conquista, penetrar y poseer cambiaron su uso de formas dramáticas. Lejos de parecer un vocabulario propio de quien ocupa su tiempo en reclamar un territorio para anexarlo al dominio de un reino lejano, el lenguaje que los exploradores europeos usaron para referirse a América, por ejemplo, de repente suena más a un lenguaje propio del cortejo.

Entonces, el hecho de que escritores como Eduardo Mallea en pleno siglo XX siguieran hablando de sus lugares de origen como si estos fuesen personas a las que se ama incondicionalmente en cuerpo y alma se vuelve significativo. Sin embargo, detrás de esta posesión amorosa también hay una historia oscura, aquella que nos habla de nuestro paso por el mundo sin la posibilidad de que éste pueda recuperar su esencia.

«Al llegar a estos lugares desolados es como reconocer otra historia sobre nosotros, una que no nos gusta mucho».

-Alfredo Esparza

A grandes rasgos, es así como se presenta “Este camino no es”, una serie de fotografías en la que Alfredo Esparza nos muestra la delicadeza del entorno y cómo es que los seres humanos, en nuestro afán por abarcarlo todo, dejamos de lado el hecho de que la mayoría de nuestras acciones causan un impacto tremendo en el paisaje.

Cada toma se traduce como un constante diálogo entre la naturaleza y la urbanidad, sin importar que las fotos hayan sido realizadas en medio de la nada aparente, el fotógrafo, ayudado de las rutas aéreas que ofrece Google Maps, lo mismo puede encontrarse con una mina abandonada que con un sitio que otrora fuera utilizado por el narco como tiradero de cadáveres.

«Lo que me interesa de esto es la huella del hombre en el entorno […] que es tan fuerte que modifica completamente el entorno y tampoco le da oportunidad a lo no humano a restablecerse».

-Alfredo Esparza

Más allá de la interacción entre lo natural y lo humano, llama la atención la manera en la que el paisaje, que alguna vez estuvo lleno de vegetación, trata de abrirse paso entre el salitre y los restos de una civilización momentánea. Pueden ser el muro medio derrumbado de una vieja estación de trenes o los restos de un poste telefónico los que nos hablen de cómo el hombre, a pesar de la bravura del terreno norteño entre Coahuila, Chihuahua y Nuevo León, ha podido vencer al desierto para convertirlo en un lugar habitable.

«Es importante hacer este tipo de fotos porque es un registro del paso del estado actual de las cosas y de lo que está pasando con el entorno».

-Alfredo Esparza

La apropiación de estos espacios y el amor que llegamos a sentir por los mismos nos habla de esa necesidad que tenemos de pertenecer a algún sitio, aun si éste no es del todo habitable, la natural necedad del ser humano los lleva poseerlo e, irónicamente, destruirlo, sólo para construir sobre sus escombros un asentamiento que en el futuro probablemente termine siendo un desierto aún más grande que el que intentaron domar.

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Para ver el trabajo completo de Alfredo Esparza, puedes visitar su exposición en Galería L del 6 de Julio al 2 de septiembre.

REFERENCIAS:
Diego Cera

Diego Cera


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